Capítulo 13 #3
La noche discurrió de manera tranquila para gusto de Archibald. Eve se había entretenido charlando con varias amistades suyas y de sus padres, lo que facilitó no tener que continuar con su conversación. No tenía nada más que decirle. De manera que era mejor dejarlo estar.
Tenía claro que al día siguiente se marcharía. No tenía sentido quedarse más días allí. Debía atender Inveraray, del cual llevaba alejado tanto tiempo, aunque estuviese bien administrado en manos de Gordon. Pero la urgencia de abandonar Dudhope se le hacía inevitable.
Cuando todos se retiraron, Jane se acercó a él.
—Vuelvo a encontrarte a solas con gesto pensativo.
—Casualidades de la vida. —Rio ante ese comentario—. He estado pensando en marcharme mañana temprano. Tengo que ponerme en camino lo antes posible para tramitar mi renuncia al parlamento. E Inveraray lleva mucho tiempo sin mi supervisión.
Jane asintió convencida de que ese no era el verdadero motivo, sino poner distancia con Eve.
Los había visto hablar esa noche y al final su amiga había regresado en compañía de la joven Helen.
A juzgar por la expresión de su rostro, algo había sucedido con Archibald.
Pero ya se enteraría. No era el momento.
—Entiendo que quieras irte y no te pediré que te quedes más días aquí.
—Te lo agradezco, Jane.
—¿Te despedirás de Eve?
La pregunta hizo que abriera los ojos al máximo y contemplara a su amiga sin entender aquella cuestión.
—Pues claro. No tenía intención de irme sin hacerlo.
—No creo que le guste tu decisión…
—¿Por qué? Yo más bien creo que me lo agradecerá.
—No estés tan seguro. No obstante, ya te dije que podías pedirle que te visite.
—Lo haré, descuida.
Hubo un instante en el que ninguno dijo una palabra más, hasta que Jane rompió el silencio comprendiendo que su querido Archibald no quería seguir hablando de Eve.
—Es mejor que me retire a descansar. Si no te veo por la mañana… Te deseo que tengas un buen viaje y que no tardes demasiado en venir a visitarme. Sabes que las puertas de Dudhope están abiertas para ti siempre.
—Descuida, soy consciente de ello.
Jane se despidió de él dejándolo a solas en el amplio salón en el que solo se escuchaba el crepitar del tímido fuego que ardía en el hogar.
Se volvió para quedarse contemplando las llamas mientras sonreía tímido pensando en las palabras de Jane con respecto a Eve y a que la invitara a visitarlo en Inveraray.
No tenía sentido hacerlo porque era consciente de que ella no lo aceptaría.
La había perdido en su día y no volvería a recuperarla.
Con ese pensamiento regresó a su habitación para descansar cuando la presencia de la pelirroja de los McLean lo retuvo cortándole la respiración.
Le pareció que lo estaba esperando allí, junto a la puerta de su habitación.
Se había soltado el cabello que le caía de manera rebelde, indómito, sobre los hombros.
Su mirada permanecía fija en él de una manera enigmática.
Él la encontraba sensual con un toque de lascivia.
El deseo se apoderó de él de una manera irracional, rayando la locura.
Apretó los labios al tiempo que cerraba las manos con fuerza como si ese gesto lo ayudara a contenerse.
—Jane me ha comentado que piensas regresar a Inveraray mañana.
Él asintió bajando la mirada al suelo para recuperar la cordura que ella le estaba robando.
—Es hora de que me marche.
—Claro, lo entiendo. Antes de que lo hagas, aclárame una cosa…
—Lo que quieras.
—Cuando estábamos hablando y vinieron a buscarme, me estabas diciendo que no me habías delatado porque te considerabas en deuda conmigo.
—Así es.
—Entiendo que es porque no cumpliste tu promesa de casarte conmigo. Algo que ya he olvidado y que a estas alturas no me importa. Pero ¿y si este no fuese el caso? ¿Y si no hubiera nada que compensar, según tú?
—Tampoco lo haría.
—Pero tu cometido era…
—Lo sé. Pero dejó de tener importancia cuando supe que estabas implicada.
—No deberías haberlo hecho. Deberías haber cumplido las órdenes que te dieron.
—También dije que haría todo lo posible por evitar una guerra, y al final acabé metido en una, luchando por los Estuardo.
—Se le hacía tan difícil mirarla y pensar de manera racional que decidió que era mejor abandonar el salón.
Pero ella se interponía entre sus deseos y su decisión—.
Hay tantas cosas que me gustaría haber hecho…
—Te acusarán de traidor…
Archibald frunció los labios y encogió los hombros.
—Poco me importa sabiendo que tú no corres peligro aquí. Nadie te descubrirá.
Ella acusó el significado de aquellas palabras en forma de taquicardia. ¿Qué trataba de decirle?
—¿Cuándo te marchas?
—Temprano, por la mañana.
Ella asintió mientras se humedecía los labios.
Él parecía convencido de ello. Tal vez los comentarios de Jane con respecto a que él la seguía amando habían calado demasiado en ella, hasta el punto de que se las había creído.
Pero escucharlo referirse a ella de aquel modo la hacía qué pensar.
¿Y si estaba equivocada? ¿Y si en verdad era una nueva ilusión como la de hacía años cuando él había marchado a Londres?
—Entonces creo que es el momento de despedirnos.
Archibald asintió convencido de ello.
—Es lo mejor.
—¿Volverás a Dudhope? —Había un ligero toque de esperanza en sus palabras.
—Temo que Inveraray absorberá todo mi tiempo.
—Entonces… es un adiós.
Archibald deslizó el nudo en su garganta y elevó el mentón con orgullo.
—Las puertas de Inveraray estarán abiertas para ti, Eve, por si en alguna ocasión decidieses ir por aquellas tierras. —Estaban tan cerca el uno del otro que él dejó que su mano le acariciara la mejilla de manera lenta. El pulgar trazó el contorno hasta rozarle los labios entreabiertos.
Eve dejó escapar un gemido y cerró los ojos por un breve momento, el que tardó él en inclinarse sobre sus labios y rozarlos en un principio, para adueñarse de ellos con lentitud, con precisión, dejando que sus brazos la rodearan por la cintura para atraerla más contra su cuerpo.
La sintió suya durante ese breve momento.
El calor del beso aumentó la temperatura en su cuerpo de manera gradual mientras sentía los brazos de él rodearla y apretarla contra el suyo propio.
Eve cerró los ojos y se dejó llevar por aquel beso tan anhelado.
Pero entonces sintió como él la iba liberando del abrazo y como una corriente fría la envolvía sustituyendo la calidez anterior.
Permanecieron quietos, contemplándose de manera atenta, sin pestañear apenas, por si se perdían algún gesto del otro.
Ambos parecían ser conscientes del deseo que existía entre ellos.
Pero ¿cruzarían esa línea? La mano de él rozó la de Eve manera tímida, pero le provocó un leve sobresalto.
—Si te dijera que no te deseo, te estaría engañando. Y si te dijera que no pienso en ti a cada momento, sería un necio, Eve.
—Si no me desearas, no habría engaño posible.
Y si no pensaras en mí, no tendrías que calificarte como un necio —le susurró mientras sus pupilas titilaban de emoción al verse contemplada en la mirada de él.
Su piel rebeló de manera inesperada por la tenue caricia de él en su rostro.
Sintió la calidez de su mano. El deseo en sus ojos.
—Tal vez sea un loco o un estúpido, pero no puedo seguir adelante.
Deberías irte a tu habitación antes de que sea demasiado tarde.
Ya cometí un grave error contigo. No cometeré otro —le dijo mirándola con cierto orgullo, pero era así.
No le haría más daño del que le habíahecho al ridiculizarla y humillarla ante la sociedad de las Tierras Altas cuando no cumplió su promesa de casarse con ella.
No se dejaría llevar por la lujuria que había despertado en él cuando la vio.
Eve comprendió la situación que él planteaba y, elevando el mentón, apretó los labios.
Le estaba costando retener las lágrimas que asomaban a sus ojos por aquel rechazo por parte de él.
Tal vez estuviese en lo cierto, pero ¿qué le podía importar cuando había rechazado a todos sus pretendientes porque seguía enamorada de él?
Pero no se lo confesó. Tal vez sentirse rechazada por él la había vuelto fría como en su primer encuentro.
Sacudió la cabeza y, sin decir más, se refugió en su habitación cerrando la puerta con un portazo.
Mientras, Archibald se maldecía por haber dado pie a aquella situación vivida.