La pelirroja de los McLean (Rebeliones en Escocia 1) Capítulo 13
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Capítulo 13

—¿C rees que Argyll se quedará mucho tiempo en Dudhope? —le preguntó Eve a Jane sin que esta esperase esa cuestión.

—Imagino que no, si lo conozco bien. Puedes preguntárselo a él si tienes interés en saberlo.

—Ah, no. No. Es una simple curiosidad. —Ella ya se lo había escuchado decir a él cuando estuvieron a solas en el salón.

—¿Y tú? ¿Cuándo piensas regresar a Duart con tu familia, Eve? Deberías ir a ver si hay noticias de tu hermano.

Esta parpadeó en repetidas ocasiones como si no entendiera aquella pregunta.

—Eres mi amiga, Jane, y estás pasando por un mal momento.

—Pero también tu madre…

—Lo sé, pero tú hiciste lo mismo conmigo cuando Archibald no regresó para casarse conmigo, ¿recuerdas?

Jane sonrió tímida y apretó las manos de su amiga en un gesto de cariño.

—Te lo agradezco de todo corazón, amiga.

Pero no hace falta que te quedes si no quieres.

No estás en deuda conmigo por lo sucedido.

Pero ya que lo mencionas, ¿no has cambiado de opinión con respecto a él?

Piensa en el tiempo que Archibald permanezca aquí en Dudhope…

Puedes hablar con él. Decirle lo que no le dijiste en su día.

Piensa que el asunto del robo de los impuestos ya ha quedado olvidado.

Me aseguraste que no querías confesarle que seguías queriéndolo por ese tema. Pero ya no tienes nada que temer…

Eve bajó la mirada hacia el regazo y sonrió.

—Cierto, el tema del robo ha quedado olvidado con los últimos acontecimientos.

—En ese caso…

—¿Pretendes que le confiese que sigo enamorada de él?

—Puede que sea la última vez que lo veas, Eve. Piénsalo. Si Archibald vuelve a Inveraray, estoy convencida de que no regresará aquí. Y no volveréis a veros. Ya te lo dije.

La joven McLean adoptó un semblante pensativo ante esas palabras. Jane tenía razón. Podía ser la última vez que se vieran. Pero no estaba segura de si era mejor confesarle la verdad o dejar las cosas como estaban en ese instante.

—Me quedaré aquí unos días. Después marcharé a Duart —le aseguró pasando por alto el tema de Archibald, algo que Jane respetaba, aunque no compartía porque creía que su amiga estaba dejando escapar su felicidad con el hombre que la seguía queriendo.

***

Jane organizó una pequeña reunión en agradecimiento al apoyo mostrado por los jefes de los clanes leales a Claverhouse. Nadie quiso dejarla sola en esos momentos de dolor.

Archibald había decidido permanecer algún tiempo en Dudhope.

Habló con los principales jefes de las Tierras Altas.

La derrota del ejército británico a manos de los jacobitas no serviría para sentar a Jacobo en el trono.

Su principal valedor, Claverhouse, había muerto dejando a estos sin un líder que siguiese la lucha.

Por otro lado, había que esperar qué pasos daría Londres en su política para Escocia a partir de ese momento.

Pero eso a él poco o nada le importaba desde que había pensado en dejar su puesto en el gobierno.

Eso le permitiría disfrutar de su tiempo libre para dedicarse a todo aquello que había dejado sin hacer desde que se marchó a Londres.

Sin embargo, pasar la noche hablando de esos temas no logró que se olvidará de Eve, quien, por otra parte, parecía estar desaparecida.

Apenas si había visto un atisbo de ella en algún momento de la velada.

Nada más. Tal vez lo estuviera evitando, algo que no le reprochaba y que le agradecía porque él tampoco tenía mucho interés en pasar el tiempo con ella.

No cuando era consciente de que no podría tenerla.

—Te noto ausente.

La voz de Jane lo sacó de sus pensamientos en ese instante en el que se había quedado algo apartado del corrillo de gente que seguía charlando sobre política.

—No… ¿Qué te hace pensar en algo así?

—Que te veo aquí solo con el gesto turbado.

—Ah, es por eso. Verás, llevo hablando de la situación política de ambas naciones toda la noche —le confesó con una sonrisa que relajara su estado de nervios—. Y eso que he dejado claro que ya no me interesa, puesto que presentaré mi renuncia al parlamento británico en cuanto regrese a Inveraray.

—Parece que te vas a quitar un peso de encima.

—No me cabe la menor duda. Tú tenías razón la otra noche cuando me lo dijiste. No estoy hecho para la política.

—Ahora que dispondrás de más tiempo, ¿te decidirás a buscar una esposa? Entiendo que tus compromisos políticos en Londres te mantuvieron alejado de ello.

Aquel comentario tan directo por parte de Jane hizo boquear a Archibald, dejando clara su posición.

No sabía muy bien qué diablos decir. Bajó la mirada y entrelazó las manos a la espalda.

Luego, la levantó para quedarse fija en la única persona por la que estaría dispuesto a todo.

Un amasijo de hebras pelirrojas captaba su atención de forma poderosa.

Tragó, no sin dificultad, cuando la siguió con la mirada mientras ella avanzaba por el salón.

La propia Jane hizo lo mismo y sonrió satisfecha al reconocer al objetivo de la mirada de su amigo.

—No ha aceptado ninguna proposición para casarse. Sospecho que espera que seas tú quien se la haga.

—Olvidas lo sucedido entre nosotros. Hace un instante acabas de recordarme mi vida en Londres y cómo esta influyó en mi vida social.

—¿Por qué te empeñas en seguir aferrado al pasado?

—No me empeño, es la verdad, Jane. Te conté lo que ella me dijo. Que me había querido…

—¿Y qué te impide volver a lograrlo? Tienes todo el tiempo del mundo para conquistarla. ¿Pretendes quedarte solo de por vida en tu frío castillo de Inveraray?

Él la miró desconcertado por sus últimas palabras, algo molesto.

—Inveraray no es frío.

—¿Y qué más da? Solo era una manera de hablar y de hacerte ver cuál es la realidad. Tienes la oportunidad de acercarte más a ella estos días, ya que no espero que te marches mañana mismo.

Permanecía con los labios apretados y el ceño fruncido sin dejar de ver cómo Eve atendía a unos y a otros.

—¿Cómo dices?

Jane sonrió con astucia.

—¿Te das cuenta de que no me prestas atención porque estás pendiente de cada movimiento de Eve?

—Eh… ¡Maldita sea, Jane! Haz el favor de no atosigarme. Bastante tengo con hacerlo yo mismo.

Jane sonrió franca e incluso se permitió reír de manera comedida, lo que pareció enfurecer a Archibald por su forma de mirarla.

—Eres más necio de lo que pensaba. Y te lo agradezco porque, sin quererlo, consigues mitigar un poco mi dolor. Apostaría este castillo y las tierras aledañas a que, si le pides que vaya a visitarte a Inveraray, ella no vacilará en hacerlo.

—¿Estás loca? ¿Cómo diablos…? —Archibald balbuceó al darse cuenta de que Eve se acercaba a ellos dos. ¿Cómo podían haberla calificado como el diablo por asaltar a los recaudadores? No, no lo era. Era la mujer más bonita y fascinante de toda Escocia.

—Lamento interrumpiros, pero preguntan por ti —dijo señalando a Jane.

—¿Quién?

—La mujer del Cameron.

—Está bien, voy a ver qué es lo quiere. Puedes quedarte con nuestro querido duque —dijo dirigiéndole una mirada muy significativa a Archibald para recordarle lo hablado.

Eve se volvió hacia este para darse cuenta de que la contemplaba sin saber qué decir.

Él la encontraba bonita con su recogido que dejaba algunos mechones libres a ambos lados de su rostro.

Su mirada brillaba en demasía y él no sabría decir cuál era el motivo de ello.

Se había puesto un vestido en lugar del kilt con el tartán de los McLean, pero en cambio llevaba el plaid por encima de su hombro sujeto con un broche que captó la atención de él de manera irremediable.

Era el mismo que él le había regalado en su cumpleaños: ¡el emblema del clan Campbell!

Su mirada de movió de este al rostro de ella buscando una explicación a ese gesto por su parte.

—Nos han vuelto a dejar solos.

—Jane parece tener esa costumbre.

Eve sonrió y apartó la mirada del rostro de él. Su manera de contemplarla parecía cautivarla sin que ella se lo impidiera.

—Te he visto hablando con todos los jefes. Estoy segura de que te han estado preguntado por la actual situación política. Y que les habrás dicho que piensas dejar el parlamento.

—Sí, llevo toda la velada charlando del mismo tema.

—En ese caso, no te preguntaré más por ello.

—Te lo agradezco. Al fin y al cabo, era algo que tenía pensado desde hacía tiempo. Si quieres mi puesto… —La señaló con el dedo esgrimiendo una sonrisa.

—Veo que no has olvidado el comentario que te hice en Lochaber.

Él sonrió.

—Tenías razón en lo que me dijiste. Creo que he pasado demasiado tiempo en Londres y que al final no ha servido para mucho. Solo tienes que ver cómo ha terminado todo —le refirió sintiendo rabia por ello.

—Hiciste lo que pudiste. Ya te lo dije.

—Tengo la impresión de que pude haber hecho más, Eve. Siempre puede hacerse.

—Ya poco importa después de lo sucedido. Los jacobitas han ganado, pero carecen de un líder como era Claverhouse, ¿no crees?

Archibald se pasó la mano por el mentón con gesto pensativo y luego comenzó a caminar hacia la puerta.

—Necesito despejar mi cabeza con un poco del aire frío de las Tierras Altas. Si quieres acompañarme, eres bienvenida.

Eve se humedeció los labios despacio, pero no dijo nada. Y más cuando un joven se acercó a ella y, tras intercambiar unas palabras, se marchó con él. Archibald se limitó a asentir y se alejó. Ella no había aceptado su invitación a salir y había preferido quedarse con aquel joven.