La pelirroja de los McLean (Rebeliones en Escocia 1) Capítulo 12 #3
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Capítulo 12 #3

—No. He tenido suficiente. Le he fallado a todos.

A ti la primera, Eve. —Volvió su rostro hacia ella y vio como se sobresaltaba de manera ligera—.

Te prometí regresar a cumplir mi promesa de matrimonio y no fui capaz de hacerlo.

También he decepcionado a Jane porque le prometí que le traería a Graham vivo, y en cambio…

—Cerró la mano en un puño con dureza como si ese gesto sirviese de algo.

Eve le pasó la suya por el brazo en un intento por calmarlo, por hacerle ver que estaba allí a su lado.

—Hay situaciones que escapan a nuestras posibilidades.

—Al menos no se me escapará el marcharme a Inveraray en cuanto termine el funeral por Claverhouse. Renunciaré a mi posición en el parlamento de Londres. No es lo que quiero ni deseo.

—¿Y qué piensas hacer? ¿Quedarte en tus tierras? ¿Encerrarte en Inveraray? —Había un toque de incredulidad en la pregunta de ella, como si no terminara de creerlo.

—Es lo mejor. La política no es lo mío, Eve. Ni andar persiguiendo a ladrones de impuestos ni mucho menos intentar convencer a las personas para que no hagan algo. No, Eve… Lo más acertado es que me retire ahora que lo tengo muy claro. ¿Qué harás tú? ¿Tienes noticias de tu padre y de tu hermano?

Eve asintió.

—Ayer llegó un hombre desde Duart para informarme de que solo mi padre había regresado. Dolorido y magullado.

—¿Y James?

—No saben nada —le confesó abatida por el dolor de pensar que su hermano pudiese estar muerto en el paso de Killiecrankie.

—No desesperes. Seguro que en unos días aparece por Duart. Estará escondido en algún lugar. El destino no puede ser tan cruel. Ya hemos tenido suficiente con la muerte de Claverhouse.

—¿Y tú? ¿No has resultado herido?

—Algunos rasguños, algún corte, pero nada importante. Como puedes ver.

Archibald no entendía por qué Eve seguía allí con él.

Ni tampoco por qué no le confesaba que ella había sido partícipe del robo de los impuestos; claro que no creía que tuviera mucha importancia después de la batalla y su resultado, se dijo.

Allí sentada junto a él, relajada y preocupada por lo que pudo haberle sucedido.

Eve recordó la conversación con Jane cuando Archibald se había marchado.

No creía que fuese un buen momento para hablar.

Pero si él había decidido marcharse a Inveraray, estaba convencida de que no volvería a verlo por aquellas tierras.

Y que al final le quedaría la duda de si debía expresarle sus emociones; decirle lo que sentía todavía.

—He tenido miedo de que algo peor te sucediera.

Él sonrió.

—Agradezco tu preocupación, pero ya ves que sigo vivo. Los ingleses no han tenido buena puntería en lo que a mí se refiere. Y eso que en algún que otro momento deseé que una bala de mosquete me alcanzara.

Eve abrió los ojos al máximo al escucharlo decir eso.

—¿Por qué? ¿Qué puede haber mejor que seguir viviendo? ¿La muerte?

Él la miró con determinación.

Eve sentía que agonizaba desenado que él la besara.

—Cuando te das cuenta de que lo has ido perdiendo todo…, ¿qué te queda?

—La vida para seguir adelante. Para empezar de nuevo, para recuperar lo perdido… —Apoyó sus manos sobre las de él y, llevaba por la emoción de sus palabras, se inclinó hacia delante como si deseara que la besase.

Archibald sonrió ante aquel entusiasmo por parte de ella, pero no podía olvidar sus palabras antes de irse en busca de Claverhouse.

Lo había querido. Había estado enamorada de él.

Se lo había dicho en pasado, lo que daba a entender que ese sentimiento había muerto hacía tiempo y que él había sido el único responsable.

Por ese motivo estaba convencido de que no le quedaba nada.

Para fortuna de él, Jane hizo aparición en el salón. Se había cambiado de ropa y aseado algo.

—Gracias una vez más por traerlo de vuelta, Archibald.

—No tienes nada que agradecerme. Hice lo que era justo con él.

—¿Te quedarás al funeral? Mañana mismo lo enterraremos con todos los honores.

—Sin duda que me quedaré. Después me marcharé a Inveraray, como le comentaba a Eve.

—¿A Inveraray?

—Sí, es el momento para retirarme una temporada y esperar a que se calme la situación.

Jane lanzó una mirada fugaz a Eve por si ella tenía algo que decir. Pero su amiga permanecía en silencio.

—Tal vez sea lo más coherente después de todo. Mira las consecuencias de esta locura de Graham de recabar apoyos para Jacobo.

—Gracias a Dios que tú no caíste herido de gravedad o muerto —le dijo Jane aliviada por ello.

—De milagro, ya que pensaba que no saldríamos vivos de allí. No entiendo por qué Graham ordenó cargar cuesta abajo contra la infantería inglesa…

—No te hagas más daño. Lo sucedido estaba destinado a suceder. Era su día y su momento para dejarnos, Archibald.

—Sí, tienes razón.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó Eve, que por un momento deseó dejar la compañía de Archibald. Él había tomado su decisión de volver a sus tierras y a su casa. Ella haría lo propio con regresar a Duart en cuanto Jane estuviera bien.

—No, no os preocupéis. Todo está ya hecho gracias a las personas del clan.

—En ese caso, creo que saldré a tomar el aire —anunció Eve sin que nadie dijese nada.

Una vez a solas con Archibald, Jane se preguntó si Eve le había comentado algo de lo que habían hablado antes de la partida de él hacia el paso de Killiecrankie.

—Entonces… regresas a casa…

—Sí. Es mejor que me retire después de haber fracasado en la misión que me encomendó el parlamento de Londres.

No solo no he convencido a los clanes para no alzarse en armas contra el rey Guillermo, sino que, además, yo he combatido contra los ingleses.

Podrían acusarme de traidor, pero no les daré esa oportunidad y presentaré mi dimisión como representante de Escocia en el parlamento londinense.

Jane sonrió con delicadeza.

—La política nunca fue lo tuyo.

—Cierto. Ni tampoco andar intentando averiguar quiénes han robado el dinero de los impuestos.

—¿Estás seguro? —Jane entornó su mirada hacia él sin terminar de creerlo.

Archibald jadeó, cogió aire y se dejó caer hacia el respaldo del sillón con los ojos cerrados.

—No puedo hacerlo.

—Lo sé. Porque se trata de ella, ¿verdad?

Archibald abrió los ojos y se fijó en el rostro de su amiga.

—¿De qué me estás hablando, Jane? ¿Lo sabes? —Se incorporó en el sillón al escucharla y la miró con detenimiento.

—Sé que no es un buen momento, pero… Eve me confesó que fue ella la que había organizado lo del asalto a los recaudadores. Pero supongo que, a estas alturas, ya lo sabrás.

Archibald apretó los labios y asintió.

—Uno de ellos me contó que siguió a los que los asaltaron y como se reunía con una mujer de cabello pelirrojo y ojos verdes. Dijo que el diablo nunca había sido tan hermoso. —Archibald sonrió.

—Ella teme que lo descubras y la entregues para que sea juzgada…

—¿Cómo se le ha ocurrido semejante disparate? —Se pasó la mano por el rostro y ahogó sus risas. No era un momento idóneo para estas. Caminó por el salón hasta detenerse frente a la chimenea—. Sabes que sería incapaz de hacerlo.

—Eso mismo le aseguré. —Percibió el gesto de asombro en el rostro de él—. Sí, la sigues amando a pesar del tiempo y la distancia que ha existido entre vosotros.

Él bajó la mirada y golpeó con su puño la repisa de la chimenea.

—¿Qué clase de locura es esta en la que me veo metido? He perdido a mi mejor amigo, y la mujer a la que sigo queriendo piensa que voy a entregarla a los ingleses para que la juzguen y, tal vez, la acaben ahorcando.

—¿Por qué no se lo has dicho todavía?

—¿Qué importancia puede tener ya? La guerra ha estallado, lo que convierte el tema del robo de los impuestos en algo carente de importancia.

—Aun así, deberías decírselo. Que sabes que ha sido ella, pero que no vas a entregarla porque sigues enamorado.

—No. Es mejor dejarlo estar y no remover las cosas.

Además, antes de irme al paso de Killiecrankie, ella apareció en mi habitación y habló en pasado de sus sentimientos hacía mí.

Temo que ese tiempo ya pasó, Jane. Y que es mejor dejarlo como está y seguir cada uno con nuestras vidas.

Ahora que pienso retirarme de la política, tendré mucho tiempo para velar por los intereses de los Campbell, del castillo de Inveraray…

—Rio pensando en esa posibilidad, que lo mantendría ocupado y lejos de Duart y de Eve de una manera definitiva.

—Lo sé. Confío en que los días que estés aquí pienses con claridad.

Archibald asintió sin decir una palabra. Pasaría unos días en Dudhope para ayudar a Jane a mitigar su dolor, consciente de que esta no le permitiría marcharse de inmediato. Se había mentalizado con esa idea desde que llegó.

—Lo tengo todo muy claro, Jane —asintió convencido de ello, pero su expresión cambió cuando vio a Eve regresar al salón. La mirada de él se lo expresó todo a la joven pelirroja de los McLean.

—¿Sucede algo, Eve?

—Preguntan por ti, Jane.

—Pasa y siéntate mientras voy a ver qué quieren Volveré en seguida.

Archibald no podía apartar su atención de Eve pese a que se repetía que debería hacerlo.

Deslizó el nudo que le apretaba la garganta impidiéndole hablar.

Apenas si logró cambiar de postura, allí de pie junto a la chimenea.

La encontraba preciosa con el cabello recogido dejando libre su rostro y su cuello.

Con aquella camisa de hilo y su kilt hasta rozar el suelo.

—Pero…

—Temo que nos han dejado a solas —le refirió él con una tímida sonrisa—. Pero no tienes por qué quedarte si tienes cosas que hacer.

—Puedo hacerlo. Jane tiene gente que la ayude.

Se fijó en él de manera detenida. El cabello revuelto, el rostro tiznado del polvo del camino, de igual manera que sus ropas.

Tenía la impresión de que el tiempo que hacía que no se veían había endurecido sus rasgos, como si lo hubiesen tallado en piedra.

Sintió un ligero vuelco en el estómago cuando el temor a sus sentimientos hacia él volvió a sacudirla por dentro de una manera devastadora.

—¿Qué harás una vez que estés en Inveraray?

¿Piensas dedicarte a administrar tus tierras, asistir a veladas…

? —Entornó la mirada con cautela, sin conocer el motivo por el que lo hacía.

Tal vez porque se le pasó por la cabeza que él le pudiera decir algo que ella no deseaba escuchar.

Como que buscaría una esposa para hacerle compañía en aquel enorme castillo de los Campbell.

Él asintió apretando los labios con fuerza para no decirle lo que acababa de cruzar por su mente al verla allí frente a él.

Inveraray precisa la mano de una mujer.

—Sí, en algo de eso tendré que ocupar mi tiempo. ¿Y tú? ¿Qué harás por aquí? ¿Marcharás a Duart? —le preguntó en relación con la propiedad de los McLean.

—He decidido quedarme una temporada aquí en Dudhope con Jane después de del entierro de Claverhouse.

—Sin duda que esta tendrá un gran apoyo en ti.

—Creo que ambas nos necesitamos.

—Un gesto que te honra.

—¿Te quedarás mucho tiempo? —la pregunta sorprendió a ambos. La mirada de curiosidad de él le indicó a Eve que no la esperaba. Y ella sintió una leve sacudida en el lado izquierdo del pecho.

—Jane me ha pedido que no me marche todavía, a pesar de que preferiría hacerlo una vez que termine el funeral de Claverhouse.

El silencio se hizo algo pesado, tirante entre ambos, como si ninguno supiera por dónde continuar la conversación. No podía olvidar lo que Jane le había comentado en alguna ocasión: «Él te sigue queriendo».

—Creo que es mejor que me retire y te deje descansar, y querrás asearte.

Archibald se limitó a asentir sin decir nada más y la observó girarse para abandonar el salón dejándolo en el más absoluto silencio.

Apretó los labios y asintió como si no supiera qué pensar.

La repentina aparición de ella lo había sorprendido y trastocado sus planes.

Confiaba en que, una vez en su propia casa y con el paso de los días, todo volvería a la normalidad para él.

Pero, pese a ello, él no podría olvidar que la seguía queriendo.

Eve se topó con Jane cuando iba camino de no sabía dónde porque la conversación con Archibald había nublado su mente. Iba como distraída cuando su amiga la encontró.

—¿Sucede algo?

La mirada entornada de la dueña de Duart y su tono al realizarle la pregunta sobresaltaron a Eve. Esta se quedó parada en el pasillo respirando con la boca abierta y experimentando una sensación de taquicardia.

—No… No… Es que…

—¿Ha sucedido algo con el Campbell?

—No, claro. ¿Qué podría suceder? —Sacudió la cabeza y entrecerró los ojos dando muestras de no comprender aquella cuestión.

—Es que ibas con paso rápido y la cabeza gacha como si estuvieras huyendo de algo o de alguien…

Eve se pasó la mano por el cabello de manera distraída e intentó recuperar el pulso.

—No, iba a cambiarme de ropa. Los jefes de los clanes estarán al llegar si ya se han enterado.

—Sí, lo sé. He enviado mensajes a los principales de la región.

—Él te pediría que siguieras adelante con tu vida.

—Eso es lo que hago. Bueno, no quiero entretenerte. Ve a dónde quiera que fueses cuando nos chocamos.

Eve sacudió la cabeza.

—No tiene importancia ya.

La pelirroja pareció algo más tranquila en compañía de su amiga. No quería pensar por el momento en Archibald y en que estaría por allí los días que él se quedara en Duart, como él mismo le había asegurado. Lo más importante era reconfortar a su amiga.