La pelirroja de los McLean (Rebeliones en Escocia 1) Capítulo 11 #2
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Capítulo 11 #2

—Querida, ¿cómo te encuentras? —le preguntó aferrándose a sus manos como muestra de cariño y mirándola de frente.

—Preocupada por lo que está sucediendo. Archibald me estaba contando que se ha encontrado con el regimiento inglés que marcha en busca de Claverhouse y los seguidores del Estuardo.

Él no hizo ningún comentario al respecto, sino que se limitó a mover sus cejas y no apartar la mirada de Eve.

Le sorprendió y mucho encontrarla tan bonita con el pelo sujeto de una manera improvisada; o tal vez el hecho de que algunos cabellos estuvieran sueltos aquí y allá se debía a trasiego del viaje desde su casa hasta allí.

Su mirada brillaba en demasía, pero mostraba un toque de cierta cautela cuando lo miró.

Se sentía raro teniéndola allí y pensando en que fuera partícipe del robo del dinero de los impuestos.

¿Podría haberse equivocado el recaudador cuando se fijó en ella?

Eve controlaba de reojo los movimientos del Campbell. No sabía a qué venía pensar que él pudiera relacionarla con los recaudadores; de todas formas, si se mostraba inquieta o dudaba, él acabaría sospechando de ella.

—Vamos dentro. Espero que te quedes unos días, Eve.

La invitación de Jane satisfizo a Archibald porque, si aceptaba, él tendría más tiempo para averiguar si estaba metida en aquel lío.

—Eres muy amable, Jane…

—Me vendría bien tu compañía.

—No pretendo ser una molestia.

—No, no lo eres.

—Pero ya tienes a Archibald —le dijo haciendo un gesto con la mano hacia este, pero sin mirarlo de frente.

—Pero él está más pendiente de lo que sucede en la región que de hacerme compañía. Y, además, aunque Claverhouse le pidiera que se quedase aquí, soy consciente de que en ocasiones debo aburrirlo con mi conversación —le aseguró mirando a Archibald con una sonrisa de cariño.

—Nada más lejos de la realidad, mi querida Jane.

—Pero admite que el estar aquí en Dudhope te aparta de tus obligaciones. Tal vez quisieras ir a tu casa en Inveraray.

—Descuida. Mi casa está bien atendida. Y eres tú la que necesitas compañía. Estoy seguro de que Eve no vacilará en proporcionártela —le aseguró contemplándola de frente por primera vez desde que había llegado. Sus ojos y su tímida sonrisa lo cautivaron de nuevo.

«Ni si quiera el mismo el diablo podría ser tan hermoso», pensó recordando las palabras de aquel tipo de Perth.

—Ya que parece que estoy en inferioridad…

—Nos vendrá bien el que pases aquí unos días. Puedes enviar a tu hombre de regreso a Duart para avisar que te quedas.

—Sí, es mejor que lo haga. De ese modo mi madre se quedará más tranquila con todo el revuelo que se ha armado.

La vieron alejarse e intercambiar algunas palabras con su acompañante. Jane sonreía dichosa ante la nueva perspectiva que se abría desde ese día, pese a toda su preocupación por su esposo Claverhouse.

—Espero que termines de limar tus diferencias con ella.

Archibald se sobresaltó al escuchar aquella petición y miró contrariado a Jane mientras ella se mostraba sonriente.

—Y yo confío en que no le hayas hecho la invitación porque estoy yo alojado en la casa.

La sospecha de la duda le hizo fruncir el ceño. Sin duda que le venía bien que Eve McLean estuviese allí porque le permitiría indagar si era culpable del asalto a los recaudadores. Nada más. No se le había pasado por la cabeza acercarse a ella, como parecía sugerirle Jane.

Esta se limitó a contemplar a su amigo con cariño. Le palmeó el antebrazo y se acercó.

—Lo has hecho tú solo por tu manera de mirarla.

Archibald iba a responder a ese comentario cuando su atención se centró en Eve que regresaba al lado de ellos.

—No tengo nada que ponerme.

—Por eso no debes preocuparte, ya que poseo ropa de sobra. Entremos en la casa para que te diga cuál será tu habitación.

Eve lanzó una última mirada de refilón a Archibald antes de adentrarse en Dudhope, dejándolo solo afuera.

Permaneció en el sitio un buen rato, dándole vueltas en la cabeza a todo lo que estaba sucediendo.

Aunque una parte de él celebraba que ella permaneciese en Dudhope porque le permitiría aclarar el asunto que lo había llevado allí, también su cercanía lo inquietaba hasta el punto de no estar seguro de si debería dejarlo pasar e irse a Inveraray como le había sugerido Jane.

—Espera —le dijo al hombre de los McLean.

—¿Qué quiere, Campbell?

—¿Cómo marchan las cosas por Duart? ¿Qué piensan hacer los McLean?

El hombre se pasó la mano por el mentón sin afeitar y sacudió la cabeza.

—El jefe ha ordenado que todos los hombres del clan estemos preparados para la batalla. No augura nada bueno. La señora de Dudhope ha tenido una muy buena ocurrencia al pedirle a Eve que se quede aquí.

—Entiendo… —Archibald entrecerró los ojos y apretó los labios, consciente del peligro que podía correr Eve si permanecía en el castillo de Duart—. No descartaría que empuñe una claymore y lance a los hombres a la carga.

—Es capaz de eso y de más. En fin, espero verlo pronto, Campbell, si la cosa se pone fea por aquí. —El hombre subió al caballo y, sin decir más, emprendió el camino de regreso al castillo de Duart.

Archibald pensó en lo que aquel tipo le había confirmado.

Eve era capaz de meterse en medio de la batalla para defender los intereses de Jacobo Estuardo.

Y él también la creía capaz de participar en el robo de los impuestos.

Apretó los labios y cerró la mano hasta formar un puño, sintiendo como se le clavaban las uñas en la palma.

Apenas si la había visto durante la tarde porque estuvo haciendo compañía a Jane mientras él se acercaba a Dundee a recabar información sobre la marcha del ejército del general McKay.

Necesitaba salir de allí y despejarse. Ya llegaría el momento de hablar con Eve e intentar sonsacarle la verdad de lo ocurrido.

Esta permanecía con Jane charlando del devenir de los últimos acontecimientos. La sombra de la guerra era cada vez más grande. Tanto que ya era más una realidad que una posibilidad.

—Estás preocupada por Graham —le comentó Eve en un determinado momento.

—Mentiría si te dijera lo contrario. O si me mostrara fuerte y despreocupada.

Soy consciente del peligro que corre en su alocada tarea de recabar apoyos entre los clanes de las Tierras Altas para restituir a Jacobo en el trono.

Ese afán ha hecho que el ejército inglés esté ya en Escocia, buscándolo.

—Tal vez, si nuestros representantes en el parlamento londinense hubieran hecho más fuerza, más oposición a esa propuesta…

—¿Y qué querías que hicieran cuando son una minoría con respecto a los propios ingleses?

—Jane mostró su sinceridad con cierta ironía ante la sugerencia de su amiga—.

No, Eve, no creas que se ha tratado de una cuestión de hacer más o menos fuerza.

Se ha tratado de una cuestión de número de parlamentarios.

Ella torció el gesto decepcionada con la explicación.

—No obstante, algo más podría haber hecho Archibald… ¿No crees?

Jane sonrió tímida cuando se dio cuenta de que Eve no había empleado el nombre del clan de este o su título para referirse a él, sino que lo había llamado por su nombre. ¿Qué había cambiado entre ellos? E incluso no se había referido a este con desdén como el día que supo de su llegada a Duart.

—¿Y tú? —Percibió el cambio de expresión en Eve porque sin duda que no sabía a qué se refería.

—¿Qué quieres decir?

—¿Crees que podría haber hecho más?

Eve entreabrió los labios y dejó escapar un leve jadeo, sin saber qué responder. Luego sonrió y sacudió la cabeza.

—Me temo que no.

—¿Qué tal os lleváis? La otra noche, cuando estuvimos en Duart por tu cumpleaños, tuve la impresión de que algo mejor.

—Sí, es cierto. Estuvimos hablando y me contó algunas cosas interesantes. Nada más.

—Espero que después de todo podáis acabar llevándoos bien.

—Jane entornó su mirada hacia Eve con cuidado.

No quería que esta sospechase que ella tenía algún interés personal en volver a verlos juntos.

Los sentimientos no dependían de ella, aunque reconocía que la providencia había actuado a su favor al hacer que su amiga se presentara allí.

Eso le había dado la opción de ser algo entrometida y propiciar un encuentro entre ambos.

Le gustaría que Archibald encontrara una compañera idónea para él. Y Eve lo era.

***

Archibald llegó a Dundee para recabar información sobre el avance de McKay, y se vio sorprendido cuando algunos hombres de su propio clan le informaron.

—Han pasado en dirección a Dunkeld.

—¿Por qué desviarse del camino? Dijeron que avanzaban hacia Aberdeenshire —comentó Archibald confuso por ese cambio del general inglés.

—Al parecer quiere llegar al castillo de Blair antes de que lo haga Claverhouse. Este avanza por las tierras de Atholl alistando hombres de los diferentes clanes que se encuentra.

—Ambos buscan ocupar el castillo.

—Sin duda, y el primero que lo haga habrá ganado mucho a su favor, teniendo en cuenta el paso que divide la región.

—Sí. Killiecrankie. Va desde el sur del castillo de Blair hacia Pitlochry en la región de Perth. Un paso estrecho y perfecto para una emboscada.

—Una ratonera para el que lo pase el último.

Archibald comprendió la jugada que ambos pretendían. El primero que llegara a Blair tendría la ventaja del paso. Podría apostar sus hombres en lo alto de este y aguardar con paciencia al otro.

—¿Qué haremos? ¿Pelear?

La pregunta del hombre alertó al Campbell.

Había dado su palabra de que el clan pelearía por Jacobo, pero no estaba claro que fueran a vencer.

La estrategia de Claverhouse era muy arriesgada y, si McKay lograba llegar primero al paso, vencería sin duda alguna.

Archibald no iba a comprometer a su clan en algo que estaba destinado al fracaso desde el inicio.

—Yo tengo que seguir indagando quién está detrás del robo de los impuestos.

Es la orden que me dio el parlamento. No obstante, trataré por todos los medios de impedir que Claverhouse cometa un error.

Reúne hombres y acude a Dudhope a buscarme.

Partiremos de inmediato hacia el paso de Killiecrankie —le ordenó subiendo a su caballo para galopar de regreso a la casa.

Intentaría salvar a su amigo de la más que posible derrota.

Si no podían vencer a McKay, al menos trataría de que Claverhouse no muriese.

Eve deberá esperar a después de lo que ocurra en Killiecrankie , se dijo galopando de regreso a Dudhope.

Cuando ambas mujeres lo vieron llegar y observaron la expresión de su rostro, supieron que las cosas no iban bien.

—¿Qué sucede, Archibald? —Jane se abalanzó poco menos hacia este sujetándolo por los brazos con una expresión de temor.

—Mis hombres vendrán a buscarme.

—¿Para qué?

—Marchamos hacia el castillo de Blair o, en su defecto, hacia el paso de Killiecrankie. Graham quiere tomar el castillo por el sur, desde las tierras de Atholl. Y MacKay está camino de Dunkeld. El primero que llegue allí aguardará al otro, que tendrá que cruzar ese paso.

—Y le tenderá una emboscada —dedujo Jane—. Pero…

—Marcharé a avisar a Graham. Le contaré la posición que pretende ocupar McKay. He de evitar que nada malo le suceda.

—¿Y tú? —le preguntó mirándolo con el ceño fruncido, sin poder creer sus palabras.

—¿Yo? —le preguntó sin entenderla.

—Podrías resultar herido o, tal vez…, muerto.

—¿Qué importa? Yo no tengo a nadie que me espere, ya lo sabes. Si caigo, otro ocupará mi lugar al frente de los Campbell. Pero él te tiene a ti, Jane.

Aquella confesión hizo palidecer a Eve. Sintió un escalofrío reptando por su espalda hasta erizarle el cabello.

¿Qué diablos pretendía ese loco? ¿Iba a dejarse matar por los ingleses?

, pensó viéndolo ir en busca de sus armas.

Percibió la mirada de Jane y como esta parecía decirle que podía ser la última vez que lo viese.

En un gesto inesperado, Eve cogió la tela de su kilt entre los dedos y salió detrás de él con el corazón palpitando desaforado.

Archibald se volvió de manera brusca y rápida cuando terminó de ajustarse la pistola y cogió la claymore en una mano, sin esperar encontrarla allí, en el umbral de la puerta de su habitación.

Sonrió con timidez al fijarse en el brillo hechizante de sus ojos, sus labios entreabiertos y una expresión de preocupación que no esperaba encontrar.

—Tendrás cuidado… —Entornó la mirada hacia él y pronunció aquellas palabras en un susurro. Se retorcía las manos, fruto de los nervios que experimentaba.

—Claro que lo tendré.

—Me gustaría que regresases aquí una vez que todo haya terminado. Antes le has dicho a Jane que Graham la tiene a ella…

Archibald avanzó con paso lento, sin perder de vista su rostro. Deslizó la mano bajó su mentón y la pasó el pulgar por este.

—No logro entender por qué no volví a por ti, Eve.

Si supieras las veces que me lo repetí. Las veces que me maldije por estúpido.

Siempre había algo que me lo impedía. Y con el paso del tiempo me convencí a mí mismo de que ya no tenía sentido hacerlo.

Me decía que te habrías hartado de esperarme y te habrías casado para formar tu propia familia.

Eve sacudió la cabeza al escucharlo.

—No podía hacerlo, Archibald. Estaba enamorada de ti.

Él endureció el gesto. Hablaba en pasado. Uno que él había sacrificado. Le dolían aquellas palabras porque él todavía la seguía queriendo. De manera que no quiso prolongar más aquel momento.

—Es mejor que me marche. Los hombres estarán al llegar. Y no podemos perder tiempo si queremos avisar a Claverhouse.

Pasó por el lado de ella rozándola lo justo. No volvió la mirada, sino que prefirió seguir avanzando hacia la salida donde lo aguardaba Jane.

—Prométeme que tendrás cuidado, Archibald.

—Lo haré.

Un grupo de cincuenta hombres de clanes afines al Campbell aguardaban armados para emprender el camino.

Archibald subió al caballo y lanzó una última mirada buscando a Eve.

Pero, al parecer, ella había preferido quedarse dentro de la casa que salir a verlo marcharse.

Archibald sonrió con desgana. Sin duda era lo más acertado.

¿Por qué debería hacerlo si había dejado de quererlo?

Espoleó su caballo mirando a los hombres.

—En marcha. No perdamos tiempo.

Eve prefirió no salir a despedirlo. No quería pasar un mal trago.

Toda su frialdad, su desdén y casi odio hacia el Campbell se habían ido difuminando con el paso de los días desde que lo volvió a ver.

¡Qué equivocaba estaba cuando se decía que no quería saber de él!

¡Que no le importaba lo que pudiera sucederle!

En ese momento comprendió cuánto le dolería perderlo para siempre.