La pelirroja de los McLean (Rebeliones en Escocia 1) Capítulo 9
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Capítulo 9

A rchibald y Jane llegaron a Dudhope casi a medianoche.

Él había permanecido en silencio durante el trayecto de regreso, mientras ella lo vigilaba por el rabillo del ojo.

Una vez en el castillo, Archibald decidió ir al salón y sentarse frente a los rescoldos del fuego.

Resopló y relajó los hombros como si estuviese cansado de la velada.

Jane lo encontró como abatido cuando fue en su busca después de hablar con la gente de la casa.

Le parecía preocupado y no estaba segura de si se debía a la política o a Eve.

—Te noto algo pensativo e incluso derrotado —le comentó captando su atención. Jane fue testigo del gesto de sorpresa por el comentario. Pero también percibió algo en su mirada que no había tenido antes de esa noche—. ¿Problemas con la política?

—¿Qué puedo contarte que tú no sepas ya a estas alturas?

—Supongo que poco o nada. Pero siempre hay algo que nos hace sentir mejor. —Jane ocupó el otro sillón frente al fuego, con la atención puesta en Archibald—. ¿Qué tal con Eve?

Él permanecía con la mirada fija en un punto en concreto de las llamas, que comenzaban a cobrar vida poco a poco. Resopló y se pasó las manos por el rostro como si ello lo ayudara en algo.

—Creo que vamos recuperando la amistad que tuvimos.

—Es un logro importante dado cómo terminasteis.

—Sin duda. Pero, por otro lado, me gustaría alejarme de ella.

Aquella confesión tan rotunda hizo que Jane se moviera inquieta en su asiento y lo mirara con cierta preocupación.

—¿Por qué? ¿Qué ha sucedido esta noche para que digas algo así?

—Creo que cuando me ve, le recuerdo el pasado. El daño que le causé, y no me siento nada cómodo, Jane. —Sintió la mano de su amiga sobre su brazo, obligándolo a mirarla.

—No te hagas eso, Archibald. No creo que Eve pueda pasarlo peor que en su día. Lo que tienes que hacer es intentar reconstruir vuestra relación, sin mirar a nada más que una amistad.

—Sí, pero… —Se calló de repente cuando pensó que esa noche había sentido deseos de besarla, y eso no era propio de dos viejas amistades.

Entrelazó las manos al frente y se quedó contemplándolas consciente de que Jane esperaba una continuación—.

Esta noche me he sentido extraño. Por un instante creí haber regresado a aquellos días anteriores a mi marcha a Inglaterra.

Jane abrió los ojos y se echó atrás al escucharlo.

—¿A qué te refieres?

Archibald jadeó primero y sonrió después.

—Sentí el deseo de besarla, Jane. —Miró a su amiga con una mezcla de incredulidad y de miedo por experimentar algo así.

Ella asintió con una ligera sonrisa, posando la mano de nuevo sobre el antebrazo de él para transmitirle tranquilidad.

—Esa es la auténtica razón por la que te quieres alejar de ella. Entiendo ese deseo por tu parte.

—¡¿Qué?! ¿Qué quieres decir?

—Desde la primera noche que os vi juntos, aquí en Dudhope, me estuve preguntando si los dos estabais seguros de vuestros sentimientos.

Y creo que de la lógica sorpresa y reticencia inicial de ambos…

Poco a poco se han ido limando las diferencias.

Soy consciente de que Eve se desahogó echándote en cara tu dilatada ausencia.

Y los perjuicios que esta le causó. Pero también quiero creer que una vez que la tormenta de ese primer encuentro pasó, la calma se ha ido instalando entre los dos.

—Eres demasiado observadora, Jane.

—La intuición femenina no suele equivocarse, y algo me dice que con cada encuentro las diferencias seguirán difuminándose hasta que ya no queden.

Archibald sonrió.

—Yo más bien creo que, aunque lográramos salvar esas diferencias, nunca podríamos volver a ser ni a tener lo que fuimos y tuvimos en aquellos días.

—¿Por qué lo dices? No creo que…

—Tú misma me contaste el dolor que le causó que no regresase a cumplir mi compromiso con ella.

Y lo que Eve tuvo que pasar después hasta ser poco menos que ¡una solterona, Jane!

Por favor… —Se levantó del sillón como si aquellas palabras lo hubieran abofeteado.

Archibald apretó los labios, frunció el ceño y cerró una mano en un puño que descargó con violencia sobre la repisa de la chimenea—.

Fui un necio por comprometerme sin medir las consecuencias.

—Lo fuiste. No voy a negarlo, pese a la amistad que nos une desde hace tantos años. Debiste parar a pensarlo. Si te convenía o no. Tomaste una decisión que creíste acertada sin medir las consecuencias, exacto.

—¡Y tú misma viste cuáles fueron! —Extendió los brazos con las manos abiertas hacia ella.

—Pero no todo está perdido.

—Es fácil decirlo cuando el que habla no le afecta.

—Lo es si en verdad sigues enamorado de Eve. Si sigues queriéndola. Solo tienes que creértelo. Creer que puedes recuperarla a pesar del tiempo perdido y del dolor causado —le expuso convencida de que así era. Pero tendría que convencerse de que lo quería.

Archibald cruzó los brazos sobre el pecho y apoyó una mano debajo del mentón, adoptando un gesto pensativo. No creía que fuese tan fácil recuperar la confianza y el cariño de Eve, antes de intentar regresar a su corazón.

—No es sencillo. Pese a que podamos irnos llevando mejor con cada uno de los encuentros… —sacudió la cabeza sin verlo claro—. No es nada sencillo. Está dolida, y con toda razón.

—¿Crees que alejándote de ella lograrás sentirte mejor?

—Es lo más acertado si tenemos en cuenta que pudiera estallar la guerra contra Inglaterra.

Jane permaneció callada escuchando su explicación. Él le parecía dispuesto a dejarlo todo y huir.

—No cometas el mismo error otra vez. —Se levantó de su asiento y permaneció de pie frente a él contemplándolo con una mirada llena de franqueza—.

No te lo perdonarías en lo que te quede de vida.

Te perderías en ti mismo y no volverías a ser el que eres ahora.

Piénsalo. —Le apretó el antebrazo con cariño mientras sonreía con timidez—.

Y ahora, es mejor que me retire a descansar.

La velada ha sido larga y llena de emociones.

—Mañana me marcharé temprano a Perth —le informó viendo cómo fruncía el ceño—. He de hablar con los dos recaudadores a los que asaltaron.

—¿Esperas encontrar algún indicio que te lleve a los ladrones?

—Sé que todo está dicho y que nadie ha aportado pruebas que indiquen quiénes han sido, pero he de hacer algo o esta espera acabará por matarme. Con Graham en las tierras de Atholl sin saber a qué atenernos…

—Confío en que vuelva pronto y que todo este revuelo sobre una posible nueva guerra contra Inglaterra se quede en un mero susto.

—Yo también. No te entretengo más. Que descanses, Jane. Yo permaneceré un poco más de tiempo aquí.

Ella asintió y abandonó el salón dejándolo a solas con sus pensamientos. Archibald se paseó por la estancia con la vista fija en el suelo y las manos entrelazadas a la espalda. Sacudía la cabeza en determinados momentos, en otros se detenía y miraba al frente con gesto taciturno.

—Si estuviera en mis manos conseguir que Eve volviera a mirarme como lo hacía en aquellos días pasados…

Qué locura. ¿Por qué diablos no ensillo mi caballo y regreso a mi casa en Inveraray?

—No creía factible pasar más tiempo con Eve porque solo podría complicar las cosas más.

Por la mañana marcharía a Perth en busca de respuestas al asalto a los recaudadores, como le había asegurado a Jane.

***

Eve apenas si pudo dormir esa noche. Las emociones vividas con relación a su celebración de cumpleaños la tenían excitada.

La reunión clandestina con Rowan para hablar de cómo marchaban las cosas ante una posible guerra; luego la conversación con Archibald y su confesión acerca de lo que le gustaría hacer si no fuera el duque de Argyll.

Y por último, su amiga Maggie confesándole que no le disgustaría tener a Archibald como esposo para ella, pero que debido a su posición social no podía aspirar a que el jefe de los Campbell pusiese sus ojos en ella.

Todos esos pensamientos la habían obligado a levantarse temprano y a intentar mantenerse ocupada para no darle más vueltas.

No sabía cuándo volvería a ver a Archibald ni qué le depararía ese nuevo encuentro después de su última conversación.

Pero podría esperarse cualquier cosa después de que ella misma hubiera pensado que él acabaría por besarla cuando se encontraron fuera del castillo.

¿Por qué se le había ocurrido semejante disparate?

¿A qué venía esa sensación cuando juraba que lo odiaba por lo que le había hecho?

Descendió las escaleras hacia el salón como si estuviera sonámbula, sin prestar atención a los ruidos que se escuchaban en la casa.

La gente se había levantado y se preparaba para un nuevo día.

Ella, en cambio, pensaba si sus reacciones ante cualquier situación o comentario relacionado con Archibald Campbell le estaban queriendo hacerle ver la realidad.

Que una parte de ella seguía sintiendo algo por él.

Y que más le valía descubrirlo lo antes posible, por si la guerra estallaba y volvían a separarse.

***

Archibald emprendió el camino hacia Perth cuando el sol apenas si había salido.

La bruma matinal cubría lo alto de las montañas, difuminando su perfil y ocultando su verdor.

No era una mañana fría pese al rocío que había caído, pero decidió dejar el kilt y ponerse pantalones y botas de montar que encontró en el castillo.

Quería llegar pronto para resolver el asunto, aunque mucho se temía que ya era algo tarde.

En parte porque nadie parecía dispuesto a colaborar con información veraz acerca del suceso.

De manera que, como James le había sugerido, iría a hablar con los recaudadores.

Encargarse de ese asunto lo haría olvidarse de Eve y de la conversación que había mantenido con Jane la pasada noche.