La pelirroja de los McLean (Rebeliones en Escocia 1) Capítulo 8
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Capítulo 8

—¿N o sabes nada de tu marido?

Jane suspiró.

—Ni un triste mensaje desde que partió hace días.

Regresó de la reunión en Lochaber, me explicó cuál era la situación y luego volvió a marcharse hacia las tierras de Atholl.

No sé qué diablos pretende reuniendo a los clanes —le confesó molesta por la situación que se avecinaba—.

Archibald asegura que es una locura. Que traerá la guerra de nuevo al país.

—Entiendo su opinión porque él ha sido enviado por Londres para que no protestemos. Para favorecer los intereses del parlamento…

—No creo que ese sea el motivo real de sus intenciones, Eve. Solo busca el bien para la nación, y estoy convencida de que una guerra contra Inglaterra no es la solución.

—¿Y qué crees que está haciendo tu esposo, Jane? Claverhouse es partidario de enfrentarnos a Inglaterra para dejarles claro que tenemos nuestra autonomía para elegir qué rey queremos.

—Tienes razón, pero ¿a qué precio? ¿Derramando sangre de nuestros compatriotas?

—Yo tampoco quiero una guerra, Jane, pero ¿qué ha hecho Archibald por evitarla? Ni si quiera ha conseguido averiguar quién está detrás del robo de los impuestos —le recordó con un tono y una sonrisa burlonas.

Jane asintió con los labios apretados.

—Entiendo tu rencor hacia él por lo que te hizo, pero tal vez deberías ayudarlo a descubrir quiénes asaltaron a los recaudadores de impuestos en vez de menospreciar su labor. No me creo que lo odies hasta el punto de desearle el mal.

—No lo odio, Jane. Pero admito que no me importa lo que le suceda —le dijo tratando de mostrarse fría e indiferente a ojos de su amiga, pese a que en el fondo ella misma reconocía no estar segura de ello.

No cuando, como en ese momento, sus miradas se cruzaban y ella experimentaba un pálpito bastante revelador, acompañado de un sofoco que encendía sus mejillas—.

No quiero que discutamos por culpa de él.

Somos amigas desde hace muchos años, y tú estuviste a mi lado en todo momento cuando él se marchó a Londres y no volvió.

—No tenemos por qué hacerlo, ni llevarnos mal por él. Solo estamos charlando, Eve —le dejó claro con una sonrisa afable.

—Me alegra saber que lo ves de ese modo.

—A mí también, pero no le desees ningún mal a Archibald por lo que sucedió entre vosotros.

Eve asintió cerrando los ojos y apretando los labios convencida de que así trataría de hacer. Los abrió y centró su atención en alguien con quien deseaba hablar.

—Te dejo. He de saludar a un viejo amigo. Que te diviertas.

Jane no dijo nada más y la contempló alejarse, al tiempo que Archibald se acercaba.

—Te he visto hablar con ella. —Hizo un gesto con las cejas hacia Eve—. No quise interrumpiros.

Ella asintió.

—Podrías haberlo hecho y haber participado en la conversación.

—No, no. Nunca me entrometo en una conversación femenina.

—No habría habido problema porque hablábamos de política como hacen todos aquí.

—Es el tema principal en cualquier reunión. ¿Te diviertes?

—Sí, claro. He estado hablando con las mujeres de los jefes que hay esta noche, e incluso con alguno de ellos, dado que Graham no está.

—Eres la chieftain del clan Graham, querida. Marquesa de Montrose —frivolizó él tratando de hacerla sonreír.

—No vuelvas sobre eso o te llamaré por tu título. Dime, ¿qué tal tú?

Archibald cogió aire y cruzó los brazos sobre el pecho.

—Por el momento me encuentro a gusto. He estado fuera del castillo, dando un breve paseo para despejarme. Y al volver me topé con el joven McLean.

—¿Has estado hablando con James?

—¿Te sorprende que lo haya hecho?

—Confío en que no haya sido como la primera vez que viste a Eve…

—No. Por fortuna, James tiene otro talante. Es cierto que hice lo que hice, pero no me lo ha reprochado. Hasta ha llegado a sugerirme que podría haberme llevado a su hermana conmigo.

—¿A Londres? —Jane abrió los ojos al máximo de su expresión y permaneció con la boca abierta en clara señal de no terminar de creerlo.

—Eso mismo. Habérselo planteado y, de haber aceptado, irnos como marido y mujer. ¿Qué te parece?

—Que habría sido ella la que te dejara plantado. Así de claro. Eve es muy patriota. No quiere tener nada que ver con lo inglés, ya la conoces. No ha cambiado tanto desde que te fuiste.

—Algo así.

—Pero en el fondo creo que con el tiempo terminará por aceptarte de vuelta.

—Lo dices como si fueran a regresar aquellos días. —La contempló extrañado.

—En parte lo desearía porque no teníamos sobre nosotros la sombra de una guerra, Archibald.

—Dices bien. Sí, yo también lo desearía.

Hubo algo en el tono de su voz y en el brillo de sus ojos que le hicieron sospechar a Jane si no se trataría de algo más. Tal vez él se estuviera refiriendo a Eve, aparte de la guerra.

—A lo mejor podrían regresar.

Archibald sonrió al ver el gesto de esperanza en ella.

—Por mi parte que no quede. Mañana mismo partiré hacia Perth para hablar con los recaudadores.

—¿Qué esperas averiguar? Nadie ha conseguido saber quién está detrás del robo.

—Espero que recuerden algún detalle que pueda serme de ayuda.

—¿Y si no lo logras?

—En ese caso, me centraré en neutralizar a los seguidores de Jacobo para que no se levanten en armas. Los Campbell todavía somos el clan más influyente en estas regiones.

—Sin duda, y muchos te seguirán.

—Lo sé. —La cuestión era que había dicho que él lo haría por Jacobo si estallaba la guerra, y como bien sabía y le repetían, muchos clanes seguirían esa palabra.

Llegado el momento, no podría echarse atrás.

No dejaría al clan como un traidor a la palabra que él había dado ante los jefes en la reunión en Lochaber.

Eve se apartó del bullicio cuando reconoció a Rowan, unos de los hombres del clan McLean y más leales a la causa de Jacobo. Le hizo indicaciones para que saliera del castillo y hablaran fuera. Confiaba en que nadie se diera cuenta de su ausencia.

La noche era cerrada y las nubes que se veían en el cielo se movían con celeridad ocultando la luna por momentos.

Se había levantado un ligero frío que obligó a Eve a desplegar su plaid y a echárselo sobre los hombros.

Lanzó una mirada por detrás para asegurarse de que no la seguían, hasta que salió al exterior y se dirigió a uno de los laterales del castillo donde la estaría aguardando su hombre de confianza.

—¿Qué sucede? —le preguntó ella bajando la voz por miedo a que pudiera escucharla.

—Hay noticias del sur.

—¿Y?

—El general McKay salió de la capital hace tres días al frente de tropas inglesas y escocesas.

Los que son leales a Londres se han puesto de su lado en cuanto supieron lo que sucedió con los impuestos.

Hablan de llegar a Perth y buscar a los culpables tomando las medidas que consideren oportunas. Si logran averiguar que…

Eve sacudió la cabeza pidiendo silencio.

—Nadie tiene por qué relacionarnos con el asunto.

—Confío en ello. No esperaba que robar el dinero de los impuestos pudiera desencadenar en una guerra.

—No hay por qué preocuparse. Claverhouse está reclutando hombres para enfrentarnos a los ingleses. Ha partido hacia la región de Atholl con ese propósito. E incluso los Campbell estarían dispuestos a movilizar a sus hombres en favor del rey.

—¿Los Campbell? —El hombre se mostró inseguro de aquellas palabras.

—Eso aseguró el propio Argyll en la reunión de Lochaber.

No creo que vaya a desdecirse de su palabra.

Quedaría como un traidor a los demás y a la nación.

—Eve no deseaba que Archibald se echara atrás en ningún momento.

Sería un golpe fatídico para ella, pensó al tiempo que tenía la urgente necesidad de coger aire al pensar en él.

—En ese caso…

—Es mejor que te marches con los demás. Y olvida el asunto del dinero de los impuestos. Ese tema dejará de ser importante en unos días si lo ingleses llegan a la región de Perthshire.

—Confío en su palabra.

—Pero es mejor que no nos vean hablar a solas. Alguien podría salir a tomar el aire.

Rowan asintió y se alejó de ella cuando se aseguraron de que nadie podría verlos. Eve se apretó el plaid contra la espalda y los hombros para resguardarse del frío. Algunos mechones escapaban a su recogido danzando libres.

Archibald había visto a Eve escabullirse entre la gente, lanzando alguna que otra mirada por encima de su hombro como si temiera que la siguieran.

Por su manera de comportarse, pensó que le sucedía algo.

¿Se trataba de una escapada para reunirse con un amante?

Desechó ese pensamiento porque sabía que ella no quería comprometerse con nadie.

Entonces… ¿Algo turbio relacionado con la situación actual del país?

Tanto James como Jane le habían asegurado que ella era muy patriota, leal defensora de los Estuardo, y que nunca toleraría lo que viniera de Londres.

Una alocada idea se cruzó en su mente, obligándolo a seguirla fuera, pero sin que ella lo sospechara.

Permanecería cerca de la puerta para cuando regresara.

De ese modo justificaría su presencia en esta de una manera casual.

¿En qué podría estar metida? Volvió a preguntarse esperando impaciente su aparición.

No contento con esperarla en la entrada, se aventuró a dar un pequeño paseo y, de ese modo, controlar de manera disimulada lo que sucedía.

Eve caminaba con paso firme de regreso al castillo.

Iba pensando en lo que Rowan le había comentado cuando, al levantar la vista, descubrió a Archibald Campbell por el paseo que conducía a la entrada.

Pensó en desviarse y buscar otra de las puertas de acceso para evitarlo, pero entonces él la vio.

Sus miradas permanecieron fijas la una en la otra durante el espacio de tiempo que ella tardó en estar a su altura.

Elegante, apuesto y seductor con su traje del clan Campbell.

No le extrañaba nada que se hubiera enamorado de él y que…

Sacudió la cabeza para no seguir pensando en cosas que no venían al caso.