La pelirroja de los McLean (Rebeliones en Escocia 1) Capítulo 7
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Capítulo 7

E l ambiente en el castillo de Duart estaba animado cuando Archibald y Jane llegaron en un pequeño coche de caballos. Él la ayudó a descender y juntos emprendieron el camino hacia la puerta.

—Hace una noche bastante agradable —comentó Archibald como si pretendiera sacudirse los nervios conversando del tiempo.

—Dan ganas de pasear por los alrededores —le dijo Jane cogiéndose del brazo de su amigo para entrar de ese modo en el castillo.

John McLean y su esposa Flora permanecían en la entrada recibiendo a los invitados mientras Eve lo hacía dentro junto a su hermano James.

—Celebro que hayas venido —le dijo John estrechándole la mano a Archibald—. Por un momento llegué a pensar que no lo harías.

—Nunca rechazo una invitación. ¿Cómo está, Flora?

—Duque…

La formalidad con la que lo trató la mujer le indicó a Archibald que no parecía tenerle mucho aprecio. Se mantuvo ajeno a las palabras que intercambiaba con Jane, a quien saludó de manera efusiva.

—Encontrarás a muchos de los asistentes a la reunión de Lochaber del otro día —le comentó John McLean captando su atención.

—Lo suponía. ¿Alguna novedad?

—No. ¿Has sabido algo del asalto a los recaudadores?

—Apenas si he tenido tiempo.

—Ya, no te será nada fácil.

—Lo sé.

—Tendremos tiempo para hablar esta noche. Te dejo que vayas a saludar a mi hija…

Archibald no pretendía demorar más el momento de volver a ver a Eve. De manera que entró en el castillo junto a Jane.

—Flora McLean no parece tenerte buen aprecio —le confesó Jane una vez que se encontraron a solas.

—No la culpo.

—Al parecer te guarda más rencor que la propia Eve.

Archibald no pudo comentar nada porque la inesperada visión de ella lo acababa de dejar sin palabras.

Estaba junto a su hermano, James, charlando ambos con algunos invitados que la felicitaban.

Cuando la mirada de ella se cruzó con la suya, Archibald experimentó una sensación desconocida hasta entonces.

Creía que volver a verla no le afectaría en ningún modo, pero parecía estar equivocado.

Tenía la sensación de que ella le estaba reclamando, de igual modo que las sirenas hacían con los marineros en la antigüedad.

Llevaba un corpiño de color negro ceñido a su cintura y a su busto sobre una fina camisa de hilo blanco.

Una falda larga hasta los pies con el tartán rojo del clan y un plaid sobre el hombro izquierdo, cruzando su cuerpo.

Tenía el cabello recogido en la parte posterior, dejando su rostro de tez pálida al descubierto y en el que destacaban sus ojos verdes, luminosos e intrigantes cuando los posaba en él.

—Ahí viene Archibald —le susurró su hermano cuando lo vio dirigirse a ellos en compañía de Jane—. Prométeme que no te lanzarás a su yugular.

Eve quiso aparentar frialdad. Que la aparición de él no le afectase ni lo más mínimo.

Durante los días posteriores a esa invitación, ella había tratado de mostrarse indiferente a los comentarios que tenían al duque de Argyll como sujeto.

Se había convencido de que entre ellos no podría volver a surgir nada, de manera que no comprendía a qué venían sus nervios.

Sin embargo, no pudo evitar que él le pareciese interesante y apuesto como la noche en la que había ido a Dudhope.

Pero ello no significaba nada. Le había hecho mucho daño en el pasado, y no se lo perdonaría.

—Buenas noches —saludó Jane a los dos hermanos cuando se detuvieron ante ambos—. Y felicidades, Eve. Espero que estés disfrutando de este día.

—Muchas gracias Jane. Es un día precioso.

Espero que tú también lo hagas de la velada —le comentó antes de girar su atención hacia Archibald.

Durante unos segundos se contemplaron en absoluto silencio.

Como si ambos no supieran qué decir. Ella esperaba su felicitación, que parecía retrasarse por algún motivo.

Archibald se aclaró la garganta antes de hablar. Si la belleza de Eve esa noche lo había impactado nada más verla, tenerla tan cerca en ese preciso momento lo había dejado sin palabras.

—Feliz cumpleaños, Eve.

Ella no pudo evitar sonreír de manera tímida e incluso sentir que el calor ascendía por su cuerpo, desde los pies para terminar en sus mejillas.

—Gracias, Archibald.

—No sabía que regalarte, de manera que pensé en mi broche —le dijo abriendo la mano para enseñare una cajita dentro de la cual reposaba dicho ornamento.

Eve asintió bajando su mirada hacia este.

El emblema del clan Campbell lucía con orgullo.

Lo cogió agradecida por el detalle mientras los dedos de los dos se rozaban de manera tímida, casi imperceptible.

Ella dejó escapar un ligero suspiro cuando lo tuvo en su propia mano y levantó la mirada hacia el rostro de él murmurando:

—Gracias, pero no tenías por qué…

—No era justo presentarme sin hacerte un obsequio. Y dado que no esperaba estar aquí esta noche, solo disponía del broche.

Ella no apartó la mirada de la de él en ningún momento, ajena a las murmuraciones entre su hermano y Jane. Ambos sonreían con toda la intención al fijarse en la emotiva escena.

—Es un broche espléndido —añadió James contemplándolo con atención y de paso echándole un mano a su hermana, quien parecía haberse quedado sin palabras una vez más.

—No os molesto más. Eve. James —les dijo Archibald asintiendo.

—Espero tener un momento para que charlemos —le dijo este al duque.

—Cuando gustes. Acabamos de llegar.

—Te buscaré. Descuida.

Archibald desvió su atención una sola vez más hacia la mujer que llevaba días ocupando sus pensamientos más que la situación política en la nación; o que el tema de los recaudadores de impuestos.

Sintió la mano de su amiga tirando de él, intrigada por lo que acababa de contemplar.

Y él se percató al momento de que su amiga lo miraba con inusitada atención.

—Explícame lo que acabo de presenciar, por favor…

—¿Puedes ser más clara, querida? No sé a qué te refieres.

—A la manera de comportarte con Eve.

—¿Lo dices porque le he regalado un broche con el emblema del clan Campbell?

—Lo digo por el juego de miradas que os habéis dedicado, al que te diré que ni James ni una servidora hemos sido ajenos.

Archibald ahogó las carcajadas al escucharle aquel comentario.

—¡Por San Andrés! ¿Qué diablos has creído ver, Jane?

—Lo que acabo de decirte. Vuestra manera de miraros, de rozar sus dedos con los tuyos cuando cogió la cajita con el broche dentro…

—Creo que… creo….

—Sigues enamorado de Eve. —El tono serio de su afirmación y la mirada inquisidora de Jane le dejaron claro a Archibald que su amiga se lo estaba decidiendo en serio.

—¿Crees que puedo estarlo porque nos hayamos contemplado de cerca? ¿Qué querías que hiciera? ¿Saludarla desde cierta distancia? Qué menos que acercarme a ella, Jane…

—Sí, pero eso no quita que no haya percibido algo que tal vez ninguno de los dos os hayáis propuesto por lo que sucedió en el pasado. Pero que creo que está ahí. Y que más tarde o más temprano saldrá y tendréis que enfrentaros a él.

—Tonterías, Jane —Archibald sacudió la cabeza y la mano a la vez pretendiendo dejar ese tema.

—Escúchame. Nunca supe lo que tú sentías por ella en su día.

Ni tampoco lo que sientes ahora que la has vuelto a ver.

Pero sí puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que Eve McLean estaba enamorada de ti, y puede que tu regreso haya avivado ese sentimiento en ella.

Te lo comento como tu amiga para que actúes en consecuencia, Archibald.

Este entrecerró los ojos y apretó los labios al escuchar semejante comentario. Conocía a Jane desde hacía muchos años y sabía que siempre los había unido una estrecha amistad. Y que ella nunca le contaría algo que no creyera que fuese cierto.

—Será mejor que sigamos saludando a la gente.

—Archibald… —Le lanzó una mirada que le recordó lo que acababa de decirle. Pero más fue su tono y el que mantuviera los labios apretados.

—Lo tendré en cuenta en todo momento. Y… descuida que no volveré a repetir lo que hice en su día.

—Más te vale o yo misma tomaré represalias contra ti.

—No tengo ninguna intención de hacerle más daño a Eve del que le causé en el pasado.

El tono y rictus de él convencieron a Jane, quien pareció respirar algo más aliviada.

—Sigamos viendo quién ha venido —le pidió ella deseando creerlo.

Poco a poco, Eve comenzó a relajarse. La presencia de Archibald, y su gesto al regalarle un broche del clan Campbell para sujetar su plaid le habían causado un ligero sobresalto, así como un incesante hormigueo en todo el cuerpo.

No entendía esas reacciones. Seguía creyendo que no sentía nada por él, pero en cambio las señales que le emitía su cuerpo no parecían estar acorde a sus pensamientos.

—Supongo que no te esperabas que el Campbell te hiciera un regalo así —le indicó su hermano bajando la mirada hacia el broche que ella retenía en la mano.

Eve sacudió la cabeza.

—Ni lo esperaba ni entiendo por qué lo ha hecho.

—¿Tal vez porque hoy es tu cumpleaños? —le recordó en un tono jocoso que iba acompañado de una risita muy significativa.

—Pero aun así… Después de lo que le dije la otra noche que lo vi y lo que charlamos en Dudhope…

—Entiendo que fueses muy crítica y dura con él. Pero deja que te aclare que Archibald Campbell es un hombre muy educado, que sabe mantener las formas. No importa lo que le hayas dicho la otra noche, y apuesto mi juego de dagas a que sabía y sabe que tienes toda la razón.

Eve volvió el rostro hacia su hermano, contemplándolo con curiosidad, mientras el pálpito en su pecho la ponía sobre aviso.

—¿Y por ese motivo me regala un broche de su clan? ¿Busca mi perdón? —le preguntó sorprendida porque ese pudiera ser el caso.

James sonrió al ver el gesto de su hermana con las cejas elevadas en un arco perfecto que casi se perdía por debajo de su pelo.