Capítulo 6
A rchibald se apeó del caballo y se lo entregó a uno de los hombres que estaban fuera de la casa.
Había apretado el paso para llegar cuanto antes a Dudhope, ya que no quería que Jane estuviera sola por mucho tiempo, pensando en los vientos de guerra que soplaban.
Si ya era un completo disparate creerlo porque los clanes de las Tierras Altas estaban a favor de plantarle cara a las decisiones de Inglaterra, no menos lo era asistir a la fiesta de cumpleaños de Eve.
Pero todavía quedaba el asunto de averiguar quiénes habían sido los responsables del robo de los impuestos.
No le quedaban dudas de que aquellos días iban a ser de todo, menos aburridos.
—La señora ha preguntado por usted, Campbell.
Archibald exhaló un suspiro y asintió haciendo entrega de las riendas de su caballo al hombre.
—Me lo imagino. Con toda esta locura…
Encaminó sus pasos hacia el interior del castillo para reunirse con la esposa de su amigo.
Suponía que estaría preocupada por el devenir de los acontecimientos.
No era nada fácil de asimilar que podían estar a las puertas de una nueva guerra con Inglaterra.
La encontró sentada en uno de los sillones que miraban hacia la chimenea.
Un generoso fuego ardía en esta. Los muros de Dudhope eran más fríos incluso en pleno verano.
Y el clima de las Tierras Altas tampoco solía acompañar gran parte del año.
Jane apartó la mirada de las llamas cuando escuchó el sonido de pasos acercándose. Se incorporó de inmediato cuando reconoció a la visita.
—Había olvidado el frío que hace en esta región —le dijo Archibald con una sonrisa, acercándose al fuego para calentarse, pero también para relajar el ambiente. La expresión del rostro de Jane se lo corroboró. Sus temores se hacían latentes en sus ojeras, en su mirada apagada…
—Tendrás suficiente tiempo para aclimatarte de nuevo ahora que vas a quedarte en Dudhope.
—No lo dudes que lo haré.
Archibald no estaba seguro de querer hablar de Claverhouse y sus intenciones porque ello le causaría más sufrimiento a Jane, pero entonces fue ella misma la que expuso el tema.
—¿Qué opinas de lo que ha sucedido en Lochaber? Graham me ha informado de la situación antes de partir hacia las tierras de Atholl. ¿Se avecina una nueva guerra, Archibald? Y quiero que seas sincero conmigo —le pidió mirándolo de una manera casi suplicante.
Él percibió el temor en su mirada. Sus ojos titilaban como las llamas de una vela. Solo que en el caso de ella eran las lágrimas que retenía, fruto de esa situación que todos atravesaban.
—Supongo que Graham te ha puesto al corriente de lo que se ha hablado y debatido con los clanes.
Poco más puedo añadir yo —le aseguró encogiendo los hombros y mirándola sin saber qué más decirle—.
Los clanes de las Tierras Altas están a favor de plantarle cara a Inglaterra en lo referente a Jacobo. Es el resumen de lo sucedido.
—Pero oponerse supondrá que Londres tome medidas…
—Y a estas horas seguro que ya lo habrá hecho, porque estoy convencido de que no habrá pasado por alto el asunto del robo de los impuestos.
Jane asintió convencida de que así era.
—La noticia ya habrá llegado a Edimburgo… —murmuró retorciéndose las manos fruto de los nervios que experimentaba con toda aquella situación—. Graham aseguró que te habías puesto del lado de los clanes. —Jane le hizo el comentario con cierta cautela, con la mirada entornada.
—Si lo hice fue para hacerles creer que en verdad estaba de su parte.
—Pero ¿no lo estás? —un atisbo de esperanza hizo que la joven escocesa relajara el gesto.
—Esa es mi intención. También les dejé claro que haría todo lo posible por descubrir a quienes robaron la recaudación de impuestos, en un intento por suavizar las consecuencias que puede acarrear a la nación.
—Sabes que no lo lograrás, Archibald —le confesó con una media sonrisa a caballo entre la decepción y la melancolía.
Volvió hacia su sillón frente al fuego, mientras él permanecía de pie con el brazo apoyado sobre la repisa de esta.
La observaba en silencio—. Los hombres se cerrarán en banda y no te dirán nada.
No, sabiendo que, delatando a los autores, beneficia a Londres.
Y lo sabes porque conoces cómo son las cosas en las Tierras Altas, Archibald.
—No me cabe la menor duda, pero no puedo quedarme de brazos cruzados, Jane. Tengo que hacer todo lo que esté en mis manos para evitar la más que posible guerra.
—Las Tierras Altas siempre han sido un feudo leal a la casa Estuardo.
Archibald permaneció pensativo, solo que ya no pensaba en la guerra ni en Claverhouse, sino en Eve.
No sabía si hacerlo rebajaba la tensión que le había producido la reunión con los jefes del norte.
Resopló y caminó hasta tomar asiento delante del fuego.
Se quedó callado contemplando las danzarinas llamas, ajeno a la mirada de interés de Jane.
Sin darse cuenta, comenzó a hablar de Eve.
—¿Sabías que el viejo McLean apareció en la reunión acompañado de sus dos hijos?
—¿Eve también fue?
A Archibald le sorprendió el tono de la voz de ella, así como que abriera los ojos de manera desmedida.
—Así es.
—Sin duda que se ha volcado en los asuntos del clan McLean. Ya lo intuía, pero no creía que también le interesara una reunión de los clanes del norte para hablar de la situación de la corona. ¿Dijo algo interesante?
—Ya lo creo. Me preguntó si estaría dispuesto a renunciar a mi cargo como alto dignatario de Escocia en el parlamento de Londres —le contestó reclinándose contra el respaldo del sillón y cruzando una pierna sobre la otra en una pose relajada.
—¿Por qué deberías hacerlo? Fuiste nombrado para ese puesto, ya que diriges el clan más poderoso de toda la nación.
—Es una cuestión de saber defender los intereses de esta.
—¿Y qué le respondiste? —Jane entrecerró loss ojos mirando a su amigo con interés. Sin duda que el regreso de Archibald Campbell a aquella región iba a dar mucho que hablar, pensó esperando que él se pronunciase.
—Que, si ella estaba dispuesta a sustituirme en el cargo, se lo cedería con gusto. Algo que no le agradó que le dijera. Y me salió diciendo que las mujeres no pueden optar a un puesto en el parlamento.
—No te tiene demasiado aprecio. Ya te lo dije.
Archibald asintió con una sonrisa cínica.
—Pues su padre me ha invitado a la celebración del cumpleaños de Eve —le confesó con un tono más severo, lleno de incertidumbre, que dejó a Jane con la palabra en la boca, sin saber qué decir.
Él la observó parpadear y entreabrir los labios en un primer momento, como si fuera a responderle.
Luego los apretó mirando a Archibald con extrañeza.
—Deja que te diga que no esperaba algo así.
—Pues sucedió como te lo estoy contando.
Cuando Graham me pidió que me quedara contigo hasta su regreso, John me lo propuso alegando que, ya que iba a estar por esta región…
, podría pasar dentro de un par de noches por el catillo de Duart con motivo de la celebración del cumpleaños de Eve y, de paso, seguir charlando de política.
—Supongo que no le habrá hecho ninguna gracia a la propia Eve. —Jane entornó la mirada y pronunció su conclusión en un tono bajo.
—Deberías haber estado allí para contemplar la expresión de su rostro.
—Puedo hacerme una idea.
—Perdió el color, pero no el brillo en sus ojos.
Entiendo su rencor por lo que hice, pero…
—Se incorporó del sillón como si bajo él hubiera saltado un resorte y se dirigió a la chimenea.
Apoyó las manos en la repisa y centró la mirada en el fuego.
Sacudió la cabeza sin llegar a entender nada de lo que estaba sucediendo.
—¿Qué sientes por ella, Archibald? ¿Queda algo de Eve en ti?
De manera lenta, él comenzó a girarse hacia Jane. La mirada de ella parecía querer leerle la mente. No parpadeó. Ni movió las cejas. Y él fingió sentirse sorprendido por aquella cuestión, que por otro lado era inevitable que le hiciera.
—¿Por qué me haces esa pregunta?
—Simple curiosidad. Desde que la viste la otra noche, me he estado preguntando por lo que tú podías sentir o no hacia ella. No estoy segura de que Eve te guarde rencor, aunque entiendo que esté dolida. Pero ¿y tú? Te pedí que te acercaras y limaras las diferencias con ella.
—No estoy seguro de poder hacerlo.
—Pero ¿quieres? La voluntad para hacerlo es el primer paso que debes dar.
La mirada y el tono suspicaz de su amiga lo hicieron dudar unos segundos, como si no supiera qué responderle.
—La verdad, no es un buen momento para pensar en romances, amistades o cualquier tipo de relación con Eve. Debo centrar todos mis esfuerzos en tratar de evitar cualquier intento de rebelión contra Inglaterra. Y pensar en ella sería apartarme de este objetivo.
—Pero, si aparece en tu vida una segunda vez, debe de ser por algún motivo.
—Siempre tan romántica, Jane. Espero que no intentes emparejarme con ella… Soy consciente de que en un par de días asistiremos a su cumpleaños.
—Que mejor ocasión para seguir limando asperezas, ¿no crees?
Archibald sonrió ante ese comentario.
—Si ella consiente en que me acerque. No lo olvides. La otra noche, aquí…
—Era lógico que ella se haya mostrado a la defensiva, ¿no crees?
—Sí, y no me quejo de su comportamiento ni de su reacción después de todo. Incluso puede que fuera algo benévola conmigo.
—¿En serio? —Jane se removió en el sillón mirando a Archibald con expectación. Elevó las cejas y sonrió ante esas palabras.
—Debería haberme abofeteado cuando estuvimos a solas —asintió con una tímida sonrisa recordando su rostro encendido, su genio, el brillo de sus ojos.
—Sin duda que lo pasó mal cuando tú no regresaste con el paso del tiempo. Diste a entender que no te interesaba hacerlo. Que todo había sido una mera burla. Un pasatiempo para ti. Incluso se llegó a especular con que habías encontrado una mujer inglesa con la que te habías casado.