Capítulo 5 #2
Este fruncía el ceño y apretaba los labios.
Intuía que algo así sucedería llegados a ese punto.
Claverhouse se lo había advertido en la capital cuando coincidieron.
Desvió la mirada del Cameron para encontrarse con los relucientes ojos de Eve.
¿Por qué diablos sentía aquella opresión en el pecho con tan solo contemplarla? No podía creer que…
—Parece que tienes mucho que pensar, Campbell —le urgió el jefe de los Stewart de Appin captando su atención de inmediato.
—No estoy a favor de una guerra contra Inglaterra e intentaré evitarla a toda costa. Pero si no puedo… —hizo una pausa en la que creyó sentir el influjo de Eve McLean en él—, entonces los Campbell estarán del lado del rey.
Eve sintió una ligera sacudida en el pecho al escucharlo. No dejaba claro a cuál de los dos.
—¿De Jacobo? Él es el único y legítimo monarca que todos los presentes aquí reconocemos —le aseguró el Cameron.
Archibald le sostuvo la mirada una vez más. Lo había pensado de manera rápida, sin dejar de contemplar a Eve y como esta mantenía su atención fija en él de una manera desmesurada. Tal vez en su decisión se había dejado llevar por algo que percibió en ella o que todavía él conservaba en su interior.
—Sí —asintió de manera rotunda y sin dudarlo, lo que produjo un ligero alboroto al que él mismo fue ajeno porque volvía a mantener su atención en la hija de John McLean.
Creyó percibir un gesto de alivio en ella.
E incluso un leve asentimiento por su parte, como si le agradeciera lo que había dicho.
Estaba convencido de que acababa de sorprenderla con su decisión.
Eve soltó el aire que había retenido en los pulmones.
Temía que el duque pudiese optar por apoyar la decisión que había tomado el parlamento de Londres.
Sin embargo, allí y en aquel preciso instante, acababa de dejar clara su postura a todos los jefes de clan.
No era que ella fuera a cambiar de opinión con respecto a lo sucedido entre ellos en el pasado, pero tenía claro que, si hubiera manifestado su apoyo a Guillermo y a Londres, no habría vacilado en llamarlo traidor a la cara.
Archibald mantuvo la calma en todo momento. Se había mentido para complacerla porque no quería fallarle una segunda ocasión. Intentaría por todos los medios evitar la guerra entre ambas naciones, y si no podía hacerlo, el clan Campbell lucharía contra el gobierno inglés muy a su pesar.
—No esperaba que dijeras algo así. No después de lo que estuvimos hablando en Edimburgo. —Claverhouse se quedó contemplándolo con cierta sorpresa.
—Solo ha sido una pregunta.
—Muy directa y esclarecedora al igual que tu respuesta.
—Ya, pero eso no me exime de intentar que la rebelión no se produzca. Es para lo que he vuelto a casa.
—El clan Campbell es el más poderoso en las Tierras Altas —le recordó con la mirada entornada con toda intención.
—Soy consciente de ello.
—En ese caso, como bien sabrás, son muchos los clanes que dependen de ti. Basta una palabra del mismo jefe de los Campbell para que cientos de hombres te sigan allá donde vayas. Solo quería estar seguro de que sabías lo que hacías.
Archibald asintió consciente de lo que Claverhouse le estaba refiriendo. Su palabra de apoyo a Jacobo correría como el fuego sobre la pólvora por todas las Tierras Altas de Escocia. Y con ello, decenas de clanes leales al duque de Argyll lo seguirían sin rechistar.
—Solo he mostrado mi apoyo a los Estuardo si hay una rebelión. Pero también te aseguro que trataré de evitarla por todos los medios. Empezando por descubrir y apresar a quienes robaron a los recaudadores de impuestos del rey.
—Es algo complicado, como has podido ver por ti mismo. Nadie ha ofrecido una información veraz y que pueda contrastarse.
—Pero debo seguir intentándolo.
—Tendrás que hacerlo tú solo —le dijo observando el gesto de incomprensión de su amigo—. Marcho a las tierras del marqués de Atholl.
—¿Para qué? ¿Tratas de convencerlo para la causa? Te recuerdo cuál es su postura en una hipotética rebelión contra Inglaterra.
—Lo sé. Aseguró que no enviaría a sus hombres contra Guillermo, pero no es el único que manda en aquella región.
—Sigues empecinado en levantar en armas a todas las Tierras Altas —le dijo cerrando las manos en puños, enrabietado por el empeño de su amigo de llevar a la nación a una guerra.
—Ya has escuchado a los jefes de los clanes de esta región.
Sabes, igual que yo, que Inglaterra no se detendrá.
Y que, a estas horas, las tropas acantonadas en Edimburgo, comenzarán a moverse hacia aquí.
Apuesto a que ya conocen lo sucedido en Perth con los recaudadores de impuestos —le dio una palmada en el hombro y asintió—.
Por cierto, quédate en Dudhope con Jane el tiempo que precises hasta mi regreso.
—¿Piensas dejarla sola?
—Sola no. Estarás tú, el servicio y ella. —Hizo un gesto con la cabeza hacia Eve, quien se había apeado del caballo y charlaba con alguno jefes.
—¿Qué pretendes?
—Que estés ocupado mientras estoy ausente. No me digas que no te dejo tarea. Cabalgaré hasta la casa para despedirme de Jane, mientras tú decides que vas a hacer.
—Averiguar quiénes están detrás del robo de los impuestos, eso haré.
—En ese caso, buena suerte. He de regresar a casa lo antes posible y prepararme para partir. Le diré a Jane que te quedarás con ella. —Claverhouse se subió a la montura y, tras intercambiar algunas palabras con otros jefes, azuzó al animal para emprender el camino de regreso.
Archibald sacudió la cabeza viéndolo marcharse en busca de más apoyos para el rey Jacobo y su causa.
Él, por su parte, emplearía su tiempo en averiguar quién estaba detrás del robo de los impuestos.
De igual modo, cuidaría de Jane hasta su regreso.
Se había vuelto loco en su desmedido intento por reclutar hombres dispuestos a empuñar las armas contra el ejército inglés.
Vio a John McLean acercarse hasta él mientras Eve y James, sus dos hijos, charlaban con el jefe de los Cameron.
—Me has quitado un peso de encima con tu decisión —comenzó el viejo escocés mirando a Archibald con cierto orgullo—. No podía esperar menos de ti.
—He dicho lo que considero más justo.
—Tu padre y yo luchamos hombro con hombro en favor de Carlos Estuardo contra Cromwell y el parlamento. Espero no ver otra guerra en esta tierra.
—Todavía no ha sucedido nada. Que estemos aquí reunidos discutiendo lo que Londres ha decidido hacer…
—Admite que no ha sido nada justo obligar a Jacobo poco menos que a huir como un vulgar delincuente.
—Tal vez, si hubiese cumplido su palabra…
—Ya, ya. Sé lo que vas a decirme. Dejemos la política a un lado por un momento. ¿Qué harás en estos días? ¿Piensas regresar a Inveraray?
—No por el momento. Graham me ha pedido que me quede en su casa durante su ausencia. Le haré compañía a Jane a ratos, y en otros investigaré quién está detrás del asalto a los recaudadores de impuestos.
McLean sonrió.
—No lo tendrás nada fácil, Campbell. Y lo sabes. Nadie delatará a quienes lo han hecho, y además en favor de Jacobo Estuardo. Esta región siempre se ha mantenido leal a esa casa. Pero no seré yo quien te quite esa idea.
—Soy consciente de ello.
—Como piensas quedarte junto a Jane en Dundee, harías bien en prodigarte por las reuniones sociales ahora que has vuelto.
Archibald parpadeó en repetidas ocasiones, sorprendido sin duda por la invitación.
—Supongo que la propia Jane me obligará a acompañarla a todas las veladas a la que ella acuda.
—Entonces confío en que vengas dentro de un par de noches a casa. Es el cumpleaños de Eve. Allí seguiremos charlando de la situación actual —le informó con cautela por la reacción que esa noticia pudiera producirle.
—Será un honor asistir al cumpleaños de Eve —aseguró con una sonrisa y sin perderla de vista, quien junto a James y a Cameron se acercaban.
Lo que temía era su reacción cuando ella se enterase de que su propio padre lo había invitado.
Pero… Desterró de su mente cualquier pensamiento que la tuviera como protagonista.
No le permitiría que se adueñara de su mente durante el tiempo que pasara en aquella región.
Tenía que evitar una guerra y tal vez lo lograra si atrapaba a los asaltantes que Habían robado a los recaudadores.
Eve trataba de no fijarse de una manera directa en Archibald, pero su porte llamaba la atención.
El ligero viento que se había levantado hacía le ondear el cabello algo largo en la nuca y sobre su frente.
Él desvió la mirada centrándose en ella, y Eve no pudo evitar el incesante cosquilleo en su cuerpo.
¿Qué demonios le sucedía? ¿Por qué se comportaba como una chiquilla cuando ambos estaban cerca?
—Celebro haberte escuchado dar tu apoyo a Jacobo —le dijo el Cameron estrechándole la mano con firmeza.
—No estoy de acuerdo con la postura de Claverhouse e iniciar un levantamiento en las Tierras Altas, pero si se produce, los Campbell lo secundarán.
—Si el duque de Argyll dice algo así en estas tierras, muchos lo celebrarán.
—Doy fe de ello —dijo muy a su pesar.
—Ha estado bien que lo diga —intervino James captando la atención de Archibald—. De ese modo solventa las dudas que había en un principio con respecto a la postura de los Campbell. Aunque si le soy sincero, Argyll, contaba con su apoyo a la causa jacobita —le dijo asintiendo de manera leve.
Archibald se fijó en el hijo de John McLean. Se había convertido en un hombre a tener en cuenta. Presentía que tendría el mismo talante que su padre. No le quedaban dudas de que sería un digno sucesor de este.
—Agradezco su confianza James. No es fácil obtenerla en estos días.
—¿Piensa quedarse por aquí o regresa a Inveraray?
Aquella pregunta captó toda la atención de Eve, quien experimentó un ligero escalofrío recorriéndole la espalda. Intentó mantenerse firme para que él no percibiera su interés.
—Me quedaré en Dundee. Claverhouse me ha solicitado que siga alojado en su casa mientras él está fuera. Trataré de hacerle los días más cortos a Jane con mi presencia.
Eve inspiró de manera profunda cuando lo supo. No era la respuesta que ella esperaba; o más bien la que ansiaba escuchar por parte de él. Prefería que regresara a su casa señorial de Inveraray. De ese modo estaría lejos de ella. Pero quedarse con Jane…
—De hecho, le he pedido a Campbell que se pase por casa dentro de dos noches, cuando celebremos tu cumpleaños, Eve. Como estoy seguro de que acompañará a Jane… De ese modo podremos seguir tratando este asunto que nos preocupa —le informó su padre.
La pelirroja tuvo la impresión de que la sangre se le helaba en las venas al escuchar a su propio padre.
Le dirigió una mirada no exenta de incredulidad y hasta de frialdad.
¿Había olvidado lo que él le había hecho?
¿Las burlas y las humillaciones a las que se había visto sometida por los demás cuando Archibald Campbell se olvidó de regresar a cumplir la promesa que le hizo?
Templó los nervios lo mejor que pudo y sonrió mirando a este, quien le daba la impresión de que estaba tan sorprendido como ella.
—Espero verlo, Campbell —le dijo con todo el aplomo que logró reunir para la ocasión.
—Será un placer.
—Creo que va siendo hora de regresar a casa. La reunión ha concluido toda vez que Claverhouse se ha marchado y los demás estamos de acuerdo en lo que haremos llegado el caso de que Inglaterra intervenga en Escocia —aseguró Cameron—. Espero verle dentro de un par de noches, Campbell.
—Sin duda.
Archibald permanecía atónito por el devenir de los acontecimientos.
No esperaba nada parecido, pero ¿qué podía hacer a esas alturas?
Miró de refilón a Eve. Algunos mechones se habían soltado de su recogido y amenazaban su rostro.
Ella se lo apartó con la mano en repetidas ocasiones bajo la expectante mirada de él.
La observó morderse el labio, presa de los nervios de no poder sostenerlos, y fue en ese momento en el que ella decidió soltarse el cabello que cayó sobre sus hombros y su espalda de manera libre.
Una cortina de rizos del color del fuego contrastaba con la palidez de su piel y el verde de sus ojos.
Ella se volvió para mirarlo, y Archibald entre abrió los labios para coger aire: el que su imagen acababa de quitarle.
Si tuviera que describir la belleza de aquellos parajes, de aquella tierra que lo vio nacer, su pensamiento se llenaría con la imagen que tenía delante de sus ojos en ese preciso instante.
¿A qué diablos jugaba el destino con él?
¿Por qué le ponía en su camino a aquella mujer?
¿Acaso quería martirizarlo al hacerle ver lo que había dejado atrás en su día por marcharse a Inglaterra?
Eve se dio cuenta de la manera en la que él se había quedado contemplándola cuando liberó su cabello para que ondeara sobre su espalda.
Sonrió con picardía o ironía, pero en su pecho experimentó una calidez que la inquietó y la reconfortó a la vez.
¿Por qué se había quedado mirándola como años atrás, cuando ella le había ofrecido todo lo que tenía?
—Campbell, espero verlo en dos noches. Y no se preocupe que no se olvidará estando con Jane —le aseguró John McLean.
—Descuide. Allí estaremos —asintió desviando la mirada hacia Eve, quien se la devolvía sin expresar nada relevante. Le dio la espalda subiendo a su caballo para alejarse de allí lo antes posible.
—Lo va a tener complicado con ella, Campbell.
Este volvió el rostro hacia la persona que lo había dicho y se topó con el rostro de James. Lo vio sacudir la cabeza y apretar los labios.
—¿Por qué dice eso?
—Eve no es la muchacha que dejó cuando se marchó a Inglaterra. Y me he dado cuenta de cómo la mira. Le repito que no lo tendrá nada fácil si pretende acercarse a ella. Le veré en el cumpleaños de mi hermana, Campbell. Buena suerte.
—Ya…
Archibald se dirigió a su caballo con el fin de emprender el viaje de regreso a Dudhope, la casa de Claverhouse. Confiaba en que su amiga Jane pudiera aconsejarle qué demonios podía hacer con Eve, porque sin duda que verla le estaba causando un gran trastorno.