La pelirroja de los McLean (Rebeliones en Escocia 1) Capítulo 3 #3
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Capítulo 3 #3

Archibald esperó a que ella estuviera en la casa, y cuando él hizo lo propio, no reparó en buscarla.

Había tenido suficiente para un primer, y tal vez único encuentro.

Nunca quiso hacerle daño como se lo hizo, pero sus obligaciones políticas buscando el bien de la nación escocesa, lo obligaron a sacrificarla.

A no buscarla cuando regresaba a sus tierras en Inveraray.

El tiempo le restó falta de interés y cuando quiso reaccionar fue demasiado tarde ya.

Pensó que ella habría contraído matrimonio con algún noble escocés, hijo de algún jefe de clan.

Ni si quiera se había atrevido a preguntarle si estaba comprometida o desposada.

Ahora era él, quien al verla tan atractiva e irradiando tanta pasión por la causa del rey, se sentía extraño, y lamentaba no haber venido antes.

Debía dejar de pensar en Eve McLean y centrarse en lo que de verdad importaba.

La situación política en la que la decisión de Londres dejaba a Escocia.

Más en concreto, a los clanes escoceses leales a la familia real Estuardo.

Pero eso pasó a un segundo plano cuando escuchó una conversación más que interesante al pasar cerca de un grupo de hombres.

—Los estaban esperando cerca de Perth —decía uno de los allí reunidos—. No saben de dónde salieron. Aparecieron de repente, cortándoles el paso. Dicen que alguno los encañonó con una pistola, y otros al parecer sacaron a relucir su claymore con intenciones no muy amistosas.

—Cuando Inglaterra sepa lo ocurrido, tomará represalias —apuntó otro de los contertulios.

—Si me lo permiten, están hablando ustedes del asalto a los recaudadores de impuestos, ¿me equivoco? —intervino Archibald captando la atención de los tres hombres.

—De eso hablamos en concreto, duque —le dijo el que lo había estado relatando.

—¿Nadie sabe quiénes han sido?

—Las informaciones son muy contradictorias. No queda claro ni quienes eran, ni de qué clan —apuntó otro de los hombres—. ¿Qué opinión le merece, Campbell? Usted es uno de los más altos dignatarios que están aquí. Podría tomar medidas al respecto.

—Si no tienen ninguna información fiable…

—Se llevaron el dinero aludiendo que era para la causa del rey Jacobo.

—Iban embozados y cubiertos por capas que impedían ver el color del tartán de su kilt o de su plaid . Puede que hasta fueran ingleses deseosos por iniciar una guerra —sugirió uno de los contertulios.

—Podrían ser cualquiera.

—Entiendo. Les agradezco sus explicaciones. —Archibald se apartó con gesto dubitativo. ¿Quién sería tan loco como para robar a los recaudadores de impuestos del rey? En cuanto la noticia llegara la capital tomarían cartas en el asunto.

—¿Cómo te ha ido con Eve? Os he visto fuera charlando —la voz de Jane volvió a captar su atención, y de nuevo el tema de la hija del clan McLean ocupó sus pensamientos. Miró a la esposa de su amigo Claverhouse que se mostró expectante por sus palabras.

—Lo esperado —respondió sin demasiada emoción y con un gesto de fastidio.

—¿A qué te refieres tú con eso?

La mirada entornada de Jane hizo que él reaccionara sacudiendo un mano en el aire y apretando los dientes. Se giró con rabia lo que llamó la atención de la mujer, quien frunció el ceño y sacudió la cabeza sin entenderlo.

—Se ha mostrado fría y distante, como esperaba.

—En ese caso, ¿por qué te preocupas tanto por su reacción si era lo que te esperabas?

Él se limitó a encoger los hombros.

—No lo sé, Jane. Si te soy sincero… ¡Qué diablos! Tal vez se deba a la presión de la misión que me han encomendado. Y luego, ese asalto a los recaudadores de impuestos cerca de Perth… —le relató con gesto preocupado por las medidas que Londres pudiera tomar.

—Todo parece indicar que no has llegado en un buen momento a tu tierra.

—Da esa impresión. Pero ¿qué podía hacer? Fui nombrado para venir a tantear el terreno en cuanto a los clanes leales a los Estuardo. En lo que no había pensado era en verla a ella —dijo haciendo un gesto con el mentón en dirección a Eve McLean.

—Confío en que puedas encontrar la solución a todos los problemas, Archibald.

—No estoy seguro de ello, mi querida amiga. Lo cierto es que no necesito añadir ni uno más a los que ya tengo. Entiendo su comportamiento, pero…

—La dejaste sola, Archibald. —Aquella frase tan directa interrumpió el discurso de él y se fijó de manera detenida en la esposa de su amigo—.

Tú no fuiste testigo de lo que tuvo que pasar.

La gente comenzó a murmurar en un principio, pero con el paso del tiempo ya no ocultaban sus comentarios acerca de que ella aspiraba a demasiado.

—¿De qué estás hablando? —El interés que despertaron aquellas palabras en él hicieron que tensara el cuerpo y le dedicara una mirada de recelo a Jane—. No sé qué sucedió cuando marché a Londres.

—Hubo comentarios muy duros e hirientes acerca de que se había hecho ilusiones.

Pensando que se casaría con el jefe de los Campbell; con el mismísimo duque de Argyll.

Que viviría en tu castillo de Inveraray…

Son algunos de los comentarios que tuvo que soportar.

Y, cuando con el paso del tiempo tú no volviste, Eve se sintió traicionada y humillada.

Dejó de acudir a las veladas porque se había convertido en el centro de estas.

Era la comidilla de los corros de las mujeres.

Se burlaban de ella. Hasta que de repente le importó más bien poco y siguió apareciendo en las reuniones sociales sin importarle lo más mínimo lo que pensaran o dijeran de ella.

Archibald se sintió mal por Eve al conocer esas noticias.

—Desconocía todas esas historias, Jane. De haberlo sabido…

—Por eso mismo te culpa de todo. No solo de que le prometieras que regresarías por ella, sino de las consecuencias de tus actos.

Desde aquel día no ha aceptado a ningún pretendiente.

No sé si es por ella o porque en verdad ninguno ha mostrado un interés serio.

Creo que su corazón se perdió cuando se dio cuenta de que no regresarías de Londres.

—Confío en que algún día pueda perdonarme.

—Entonces trata de acercarte a ella.

Archibald sonrió ante aquella sugerencia.

—En cuanto logre hacerlo, volverá a sacar a la mujer fría e irascible que lleva dentro. A la que yo he creado.

—Pero tú sabes que ella no es así.

—Jane, Eve ya no es la joven muchacha llena de ilusión de aquellos días. Es una mujer fría que ha endurecido su corazón gracias a mi comportamiento en el pasado. Me odia.

—¿Por qué no volviste, Archibald? ¿Por qué dejaste que el tiempo se apoderara de lo que teníais?

—Porque llegó un momento en el que mi país me necesitaba más que mi propio corazón a Eve. Lo entregué todo buscando el progreso y el beneficio para mi tierra.

—Y perdiste a la mujer que te amaba. Tal vez llegue el momento en el que Escocia te la devuelva como pago por lo que tú hiciste.

Archibald sonrió con melancolía y añoranza.

—No corren buenos tiempo para Escocia. Y menos para pensar en un amor que, según Eve, pertenece al pasado y es ahí donde debe permanecer —le aseguró taciturno, observando a Claverhouse acercarse a ellos, y experimentando un dolor agudo en el pecho pensando en el daño causado.