Chapter 59
LVIII.
—¿Qué opinas del baboso, Robert?
—Que casi acierta en el tiro, Nat.
—No ha habido ningún atentado. Ambos lo sabemos.
—Cariño, olvidas que secuestré al presidente ante las narices del coronel. Si llegara a saberse, sería la ruina de todo el entramado que protege al presidente. Han matado antes a presidentes, el último Kennedy. Pero jamás nadie ha logrado secuestrar a uno. He sido el primero.
—En cuanto te vi, supe que eras especial, cariño. ¿Cuál es el siguiente paso?
—Hacer pagar al cabrón de Maxwell todo lo que ha hecho. Nos pagan para proteger al presidente, para dar nuestra vida si es necesario, no para arrebatar la de un crío de doce años. Maxwell ha perdido la cabeza.
—¿Tienes algún plan?
—Algo se me ocurrirá… aunque ahora el lugar más seguro del planeta es este hospital, Nat.
Hay vigilancia por todas partes y Maxwell no se arriesgará a que haya un asesinato con el presidente dentro.
Su prioridad ahora mismo es sacarlo de ahí—señaló la puerta de acceso.
—Y no tardará en hacerlo. En cuanto entremos, busca a Clarice. Y no se te ocurra separarte de ella.
—No lo haría por nada del mundo. La acompañaré hasta el final.
Los guardias de la entrada se interpusieron. Nataly sacó su credencial de la Casa Blanca por si colaba:
—Nataly Claiborne. Subsecretaria de Salud presidencial, tengo nivel 3 de acceso.
El tipo más bajo miró la credencial mientras el otro revisaba de arriba abajo a su soldadito valiente.
—Es mi escolta personal.
Finalmente se apartaron y les cedieron el paso.
—Mi credencial aún vale para algo, Robert.
—Hemos tenido mucha suerte. Maxwell aún no tiene controlado este lugar al cien por cien. Pero lo tendrá en unas horas. Están tomando posiciones y pronto se determinará quién entra y quién no.
—¿Pueden impedir que un ciudadano que paga sus impuestos entre a visitar a un familiar?
—Nat, pueden hacer lo que quieran hasta que un juez diga lo contrario.
Y eso da al coronel vía libre durante días.
Si yo fuera él, presionaría al director Bennet por ahí: impidiendo que sus clientes más forrados visiten a sus familiares.
Ellos denunciarán al hospital, pero la justicia es demasiado lenta.
El coronel sabe que es una batalla que a largo plazo no puede ganar, pero sólo ha de ganar unos días.
—Así que no tenemos demasiado tiempo.
—Dependerá de lo duro que sea Bennet. Pero el tiempo corre rápido en nuestra contra. Y no olvides jamás que ahora, este hospital es un puñetero campo de batalla. Promete que no lo olvidarás, Nataly.
—Te lo prometo. Un campo de batalla.