Chapter 54
LIII .
El rostro de Zac estaba cadavérico, blanco y acartonado como escayola vieja.
La profundidad de sus casi negras ojeras eran el sello de la misma muerte.
Zaki reculó al ver aquel cuerpo que no se parecía en nada a su padre.
Clarice besó sus labios, estaban helados.
Una lágrima resbaló por su mejilla: el alma de Zachary estaba a punto de partir.
La madre de Zac se sentó a su lado en la cama. Tomó sus manos mientras sus labios comenzaban a bisbisear una suerte de cántico espectral, tan profundo como el pozo de la muerte. Los pelos de Clarice se erizaron al escucharlo.
Dos horas después entró el especialista. Saludó a Clarice con la cabeza y revisó los datos que ofrecían los equipos de vigilancia. Con un gesto de los dedos, la hizo acercarse a un rincón de la habitación.
—Estamos en tiempo de descuento, Clarice. Sólo podemos asegurarnos de que no sufra.
—¿Cuánto?
—Tres días, quizá cuatro… Cinco como máximo. Lo siento.
Clarice giró la cabeza hacia la cama, donde Margaret seguía rezando sin soltar sus manos. Zaki ya no estaba allí. Nataly se lo había llevado a casa.
—No debería estar aquí. Para qué presenciar lo que se avecina. Es demasiado pequeño para ver la muerte de su padre. Me lo llevaré a casa.
—Gracias Nat—dijo Clarice —La llave de casa está en la guantera. ¿Podrás llegar?
—Seguro que sí. Luego, en cuanto encuentre a Robert, dejo a Zaki con él y regreso. No voy a dejarte sola.
—Gracias, Nat. Nunca podré agradecerte estos días.
—Ya encontraré la forma de que lo hagas—le guiñó un ojo y salió con Zaki cogido de la mano.