La patóloga Chapter 29 #4
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Chapter 29 #4

—Vosotros dos—se dirigió a los médicos que hacían guardia hasta su llegada.

—Voy a necesitar vuestra colaboración. Ya habéis oído a Hellen, vuestra jefa directa.

Hay que evacuar al presidente a su clínica.

Allí podrá averiguar por qué no ha despertado aún.

Si alguno no está de acuerdo con Hellen, tampoco lo está conmigo—se llevó la mano al arma reglamentaria.

Los médicos cabecearon comprensivos arriba y abajo, dispuestos a acatar las órdenes.

Lo que no podía saber era si lo hacían por su país o por sus vidas.

Entre tanto, la doctora había tapado ya tres veces las vías respiratorias del gran Donald Tuner, y las perturbaciones en sus constantes habían quedado grabadas como prueba de que algo no funcionaba bien en el presidente.

—Ya vale. Estos vaivenes son suficientes para justificar su traslado.

—Vamos, seguidme. El país os necesita— los apretujó contra sus hombros. —Pongamos en marcha las lucecitas y sirenas de la ambulancia presidencial. Es un regalo del gobierno israelí capaz de soportar el impacto de un Maliutka. ¿Sabéis que quiere decir Maliutka?

Los dos médicos dijeron que no y Robert se lo explicó.

—Maliutka es el nombre ruso con el que las madres hacen referencia a sus bebés de forma cariñosa. Pero en nuestro caso no se trata de ningún bebé. ¿Sabéis de qué se trata?

Volvieron a cabecear negativamente.

Robert se lo explicó también.

—El 9K11 Maliutka es un misil guiado antitanque de fabricación rusa.

Se dirige durante el vuelo con un Joystick como el de la Play.

Os diría que estaremos a salvo de misiles rusos, pero no me creo a los israelís cuando dicen que puede soportar el impacto directo de uno.

Son unos jodidos embusteros, pero el presidente no opina igual.

Pero tranquilos, el sistema de defensa de la Washington, el NCR-IADS, es virtualmente infranqueable.

Posee tres capas de protección—, los introducía ya en el ascensor.

—El pilar fundamental de defensa de la ciudad son las baterías de misiles AIM-120 AMRAAM.

Hablamos de una distribución en anillo alrededor de toda la capital.

Por si este sistema no fuera suficiente para garantizar la integridad de la ciudad, disponemos del sistema AN/TWQ-1 Avenger.

Decenas de vehículos móviles equipados con misiles FIM-92 de corto alcance y ametralladoras de calibre 50.

Su despliegue en forma de burbuja es ideal para derribar aviones pequeños y drones.

Y si algo traspasara estas dos capas, cosa casi imposible, dentro del propio perímetro de la Casa Blanca estamos nosotros, el servicio secreto de agentes y militares mejor entrenados del mundo.

Tengo el honor de pertenecer al heroico equipo encargado de proteger al presidente si todo falla; y vosotros ahora también.

Mejor morir como un héroe que vivir como una lombriz. ¿No os parece, muchachos?

Los dos médicos se miraron alucinados ante lo que aquel loco decía.

—Somos médicos, sargento—se atrevió a decir uno de ellos. Pero Robert continuó con su arenga antes de la batalla.

—El destino ha querido que el país más grande del mundo os pida que arriesguéis la vida por él. No me negaréis que sería un honor derramar hasta la última gota de vuestra sangre por el bueno de Donald.

Los dos médicos se miraron con espanto. Era evidente que no pensaban lo mismo ni de lejos.

—Somos la última barrera y estamos preparados para arriesgar nuestra vida si llegara el caso.

Hellen y Dorothy habían subido la camilla del presidente al ascensor. El equipo de monitoreo mantenía todas las luces en verde.

—Yo me encargo de hablar. Que nadie diga nada—afirmó Hellen rotundamente. —¿De acuerdo?

—Genial por mi parte—respondió Dorothy. —Yo estoy de los nervios, no sé vosotros.

—Creo que el único que está tranquilo aquí es Donald—palmeó su cara Robert. —Chicos. El pico cerrado. Hablará Hellen.

—Un segundo—la doctora salió del ascensor para regresar medio minuto después con una jeringuilla y un botecito de cristal.

—¿Qué es eso? —la apartó con brusquedad Robert interponiéndose entre ella y el presidente.

—Sólo es adrenalina, sargento Bonneville.

Antes de salir del ascensor le pincharé una dosis muy suave para acelerar su pulso.

De ese modo el equipo de monitoreo tendrá más luces rojas que la feria de mi pueblo.

Nos abrirá todas las puertas de golpe, Robert.

Lo he hecho en otras ocasiones y siempre funciona.

Nadie lo sabía, pero Hellen tenía un corazón de oro que había arriesgado en más de una ocasión.

La última vez con el vagabundo sin seguro médico que atropellaron a cuatro kilómetros del hospital que dirigía.

Con una inyección igual que aquella había acelerado su corazón y tensión lo suficiente para que lo admitieran por humanidad.

—La parte médica queda en sus manos. Supongo que no hace falta que le recuerde que este hombre ha recibido un corazón hace menos de 48h.

—Lo sé. Mi equipo médico se encargó de ello.

—Pues si todos conocemos nuestro papel en esta misión de héroes, vayamos al lío. Dios está del lado de los valientes y justos—apretó Robert el botón de ascensor mientras el resto se jiñaba encima.