La patóloga Chapter 20 #2
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Chapter 20 #2

Nat sonrió pensando que no conocía para nada a Zachary.

Que, aunque hubieran hablado infinidad de veces, e incluso casi follado en el trastero de aquel local en el que se emborrachó como una borrica, era un enigma para ella.

A los tíos como Zac, cerebritos de computadora andante, jamás los había considerado interesantes.

La noche que lo rompió todo se pilló la mayor borrachera de rabia y escándalo de su vida.

Una enfermera del hospital que entró en el local cuando Nat bailaba sin bragas en la barra, llamó a Clarice para advertirle de que su mejor amiga iba pasadísima y de que aquello iba a acabar fatal.

«Hay una docena de borrachos poniéndose ciegos y metiéndole mano.

No tardes». Eran las tres de la mañana y estaba trabajando en el hospital.

Como no tenía otra, llamó al buenazo de Zachary para que se ocupara de la loca sin bragas.

«¡¿Qué Clarice?! Estoy durmiendo. Son las cuatro de la mañana ».

« Nat está más que achispada y sin bragas en el Hot haciendo la payasa.

Hay un grupo de borrachos muy salidos metiéndole mano.

Ve y sácala de ahí ». « Mierda. Siempre lo mismo con Nataly.

Te juro que cualquier día la abofetearé de verdad.

Pero gracias por avisarme del marrón, tía ».

« De nada. Corre y llévala a casa antes de que sea tarde ».

« Voy, pero me estoy hartando de sacar de follones a esa cría consentida que tienes por amiga.

Cualquier día me parten la cara por su culpa, Clarice ».

« Soy médico cariño, te la arreglaría con mis propias manos.

Vamos ve, que lo está pasando mal con la ruptura con Joseph ».

No fue exactamente la ruptura con Joseph, recordó Nataly siguiendo los pasos de Clarice hasta la habitación de invitados.

Mas que la ruptura en sí, fue la acumulación de rupturas, y que Clarice le hubiera confesado dos días antes que quería a Zac con locura.

Aquello le dio mucha rabia. Ella estaba saliendo de otra de esas relaciones sin futuro que empezaban siendo todo pasión pero que a los dos meses se volvían una sopa sosa y fría.

No fue despecho lo que ocurrió con Zac. Jamás había sentido interés por él.

Fue envidia de que ella, por muchas naranjas que probara, nunca encontraba la acertada y que Clarice, casi a la primera, se topa con la suya.

Aquello fue muy muy injusto y ella era una cría que no supo asimilarlo.

Luego se emborrachó, sabiendo que Clarice mandaría a ZAC a salvarla y aprovechó que estaba pedo para intentar seducirlo en el trastero del local.

Zac entró en el bar con un bate en la mano.

Sabía que cortarles la película del chumino bailarín a un grupo de borrachos salidos podía ser peligroso.

Agarró a Nat, que como era lógico se resistió y pidió ayuda a los borrachos.

Tras echársela en el hombro mientras ella lanzaba grititos y quejas para que la dejara, Zac agitó el bate manteniendo a distancia a los salidorros , que no querían que la película acabara así.

« Es mi novia. Al que se acerque lo reviento ».

Los chicos, atendiendo la suplicas de la dama en apuros y sin bragas, intentaron rodearlos.

Zac, agitando el bate, llegó hasta el trastero y entró echando el pestillo con un cabreo monumental.

« ¿Estás pirada o qué, Nataly? ». « Has dicho que soy tu novia, ¿de verdad te gustaría que lo fuera?

». « Estás muy borracha, joder » « ¿Y qué?

» « Que te llevo a casa ahora mismo. Mañana te daré la charla, es tardísimo y estás demasiado trompa…

Pero Nat, tienes que espabilar. Algún día no estaremos para sacarte de los líos en que te metes ».

« Te preocupas por mí, ¿A que sí? » se echó a su cuello mimosa.

« Claro, todos nos preocupamos cuando haces locuras ».

Luego ella, poniéndose de puntillas, lo besó.

Fue un instante, pero una bomba nuclear detona también en un instante y lo destroza todo.

Zac la separó. « Nat, no ». « Sólo quiero que por fin alguien me quiera de verdad.

No tener que fingir que soy la mejor. Saber que mi versión peor es suficiente, Zac ».

« Lo sabemos, Nat. Y algún día, cuando menos te lo esperes lo encontrarás ».

—Y aquí la habitación de invitados. Cama de matrimonio, armario empotrado de cuatro puertas, vistas al bosque Seekonk repleto de robles, pinos y abedules.

Te lo enseñaré este fin de semana… Bueno, una pequeña parte, porque es inmenso.

Hay una red de senderos increíble que están perfectamente conservados por los forestales y voluntarios del condado.

Podrías hacer caminatas interminables o rutas en bici durante años sin repetir un solo metro de camino.

En la cajonera hay pijamas y camisones—se acercó y tiró del cajón superior—¿Te acuerdas de este? Sacó un Yaojiwang de punto color rosa.

Nat se echó a reír como una loca. Claro que lo recordaba, ella tenía otro idéntico en la buhardilla de su casa.

—Pero, será posible que no lo hayas tirado… Yo sigo conservando el mío. Fue un fin de semana increíble esquiando en Yawooo Valley. Nos caímos tropecientas mil veces y los monitores no querían ni vernos. Pero los capuchinos del Celestial Café…

—Estaban celestiales—rio Clarice. —No llevábamos ni tres meses en el hospital. Estábamos derrengadas y no teníamos fuerzas ni para mear. ¿A quién se le pudo ocurrir hacer esa escapada de fin de semana para esquiar? —arqueó una ceja divertida.

Nat encogió los hombros con esa medio sonrisa de haber roto la vajilla de porcelana entera sin querer.

—Creo que fui yo.

Luego caminó hasta su amiga. Cogió de sus manos el viejo pijama rosa y la abrazó.

—No imaginas cuanto me he arrepentido de lo que hice todos estos años. Jamás me lo perdonaré.

—Yo lo hice hace mucho, Nat. Es hora de que tú también lo hagas.

—No sé si podré. Fui una auténtica bruja. Una guarra de las peores.

—Estabas muy perdida, sólo eso.

—Siempre te arrastré a las tormentas que me perseguían.

—A las que montabas, querrás decir.

—Bueno, sí. A las que montaba. Y en lugar de dejarme tirada venías y hasta sujetabas el paraguas.

—Vamos, acuéstate. Estarás muerta de sueño. Mañana te coges lo que quieras de mi armario. Ya me explicarás tomando un café qué ha ocurrido para que no hayas cogido ni el cepillo de dientes en la huida.

—Creí que lo nuestro había acabado, Clarice. Me había conformado ya con los recuerdos que tenía de ti. De mí, de nosotras.

—Nada se acaba hasta que pone FIN, ¿recuerdas? Y ahora a dormir.