La patóloga Chapter 5 #2
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Chapter 5 #2

—Allan. Allan Parker. Es el novio… bueno era… en fin, ya me entienden. ¿Es sospechoso?

—Entonces, ¿confirma que este chico es la pareja sentimental de Anne?

—Según tengo entendido, sí… aunque a estas edades un día se está con una y al siguiente con otra, y más siendo el capitán del equipo. Chicas a Parker jamás le han faltado.

—De acuerdo, es el novio—rumió George.

—Allan es un muchacho magnífico, un buen estudiante y un gran atleta. Esta institución tiene puestas grandes esperanzas en su porvenir—aclaró el decano defendiendo al que parecía su niño predilecto.

—¿Sabe si se encuentra en clase? —continuó con el interrogatorio.

—No lo creo, pero lo comprobaré. Hace cuatro días, en unos entrenamientos, se desmayó y desde entonces creo que no ha vuelto a sus clases. Están practicándole la serie completa de pruebas médicas para los deportistas de alto nivel.

—Un magnífico muchacho—murmuró Baley reclinado en la silla.

—Espero que esté en lo cierto—concluyó el superintendente observando al decano, de esa manera en que los viejos polis miran a sus interlocutores como diciendo «no imagina las caras de estupefacción que he presenciado en muchos familiares y amigos cuando se han enterado de que la persona en la que más confianza tenían era en realidad un asesino».

—Se lo aseguro, Allan es un chico noble incapaz de hacer daño.

—Ojalá sea así, Colton. Pero antes hay que descartarlo. Necesitaremos su dirección.

—Se la facilitaré antes de que se vayan, aunque será una pérdida de tiempo.

—¿Conoce al de la siguiente foto? Apartó la de Allan para que quedara a la vista el siguiente sospechoso.

—Caleb, Caleb Myers. Un chico problemático donde los haya.

Tatuado de arriba abajo, apenas aparecía por clase.

Un muchacho que terminará bajo un puente o en las vías del tren.

Fue una suerte que sus padres se mudaran al final del curso pasado.

Su presencia ponía en riesgo donaciones vitales para la supervivencia de este centro.

—Explique por qué un muchacho tan joven ponía en riesgo donaciones tan vitales—solicitó George.

—Porque era un matón con sus compañeros y un liante con las féminas de nuestro campus. Un gamberro atado a los conflictos. Allá donde aparecía, nada bueno ocurría.

—¿Llegó a propasarse con alguna? —intervino Clarice.

—Ninguna lo denunció jamás, por lo que nunca pude demostrar nada; aunque me jugaría un brazo a que sí. Tenía el don de convertir chicas afectuosas en viciosas arpías. «Vamos, que convierte puritanas intachables en putones verbeneros», se dijo Clarice.

Clarice observó la foto del chico problemático y no pudo encontrar dónde pudiera tener el encanto arrebatador del que hablaba el decano.

—¿Sabe a dónde se mudaron? —preguntó el superintendente.

—No llegué a preguntarlo. Lo importante con Caleb era que nos abandonaba… pero si continuó estudiando se haría un traslado de expediente y habrá registro de a dónde se envió. Será muy sencillo seguir el rastro del macarra si no abandonó los estudios.

Baley cabeceó afirmativamente. El papeleo es algo que la mayoría, por no decir que todos los policías, odian, aunque luego tiene sus ventajas.

—¿Qué relación tenía con Anne? —preguntó Clarice al considerar que parecían polos opuestos: Anne rubia, aniñada, con mirada de ángel y Caleb moreno y con ojos negros de demonio. Ella semejaba un ser casi angelical y él un tramposo de la peor calaña.

—Creo que ese malandrín bebía los vientos por Anne.

Estaba acostumbrado a que las mujeres se rindieran a sus pies, pero con Anne no lo logró.

Ella, por alguna razón, consintió que fueran amigos.

Pero solo eso. Quién sabe lo que un hombre despreciable como Caleb pudo llegar a hacer.

Quizá se cansó de esperar, de no lograr lo que quería…

ya me entienden. Tuvieron un encontronazo: Anne se enfrentó a él tras dejar embarazada a otra estudiante y pasar luego de ella. Así que motivos pudieron existir.

—Habría que demostrar que este fin de semana pasado volvió al campus. ¿Alguien puede confirmar que estuvo aquí? —preguntó Clarice.

Era evidente que, para el decano, Caleb reunía el pelaje apropiado para ser un asesino.

Un despechado de la vida. Un marginado sin ley que podía ser capaz de todo por un amor no logrado; pero el superintendente continuó con la última de las fotos sin atender apreciaciones sesgadas.

Clarice, por el contrario, había descartado a Caleb hacía tres frases, cuando el decano dijo que Caleb “ tiene el don de convertir a las chicas afectuosas en viciosas arpías .

«Un engatusador de libro. Un tipo que no se ataría jamás a una falda. ».

—Tendrán que averiguarlo ustedes, que son los policías.

Clarice le hubiera respondido que ella no era poli, que era una simple estudiante de último año que hacía sus prácticas de forense en el anatómico de Rhode Island.

Que no tenía obligación de averiguar nada; aunque esperaba en el fondo de su alma averiguar todo lo necesario para identificar y capturar al asesino de Anne.

—¿Y qué me dice del tercero? —apartó la foto de Caleb el superintendente.

—Creo que no me ha escuchado, George. Caleb es su hombre. Haga caso a este viejo decan…

—¿Quién es? —acalló al decano golpeando la foto con el índice.

El decano apartó la vista, ostensiblemente molesto, y tras resoplar y apretar los puños se acercó a la foto del último de los sospechosos:

—¡¿Zachary Baker?! ¿Estará de broma?

—Jamás bromeo con un cadáver sobre la mesa, decano Colton. Sería una soberana desfachatez hacia el cuerpo policial tan sagrado al que represento.

—Pero, es que… —dudó el decano. —Estoy convencido de que la pobre Anne jamás llegó a hablar siquiera con ese chico, George. La policía mete la pata si pone el foco del caso en Zachary —señaló la foto. —¡Por el amor de Dios! Es informático. Un crack del código binario.

—Eso no me dice nada, decano—respondió George W. Baley con voz profunda.

—¿Cómo que no le dice nada? Zach es un animal de laboratorio.

Un chico que ve el mundo en ceros y unos.

Para la gente normal, para los que vivimos en el mundo real, un pobre desgraciado que no podría ni soñar con una chica como Anne.

Se lo aseguro, superintendente. Un infeliz como Zachary no tendría una sola oportunidad con alguien como Anne.

—Todos podemos soñar con lo que nos dé la gana—contradijo Clarice enojada.

—Clarice, ese muchacho es un friki de la informática. Hacía más de cinco años que nadie recibía tantas novatadas como él. Me niego a creer que haya podido tocar un solo cabello de Anne.

—Hágalo venir inmediatamente. Si es tan aplicado como dice, seguro que no se salta una sola de sus clases— ordenó George W. Baley.

—Pero…

—No hay pero que valga, decano. Que venga ya. Si es como usted dice, lo descartaremos como sospechoso en diez minutos.

Colton salió del despacho malhumorado. Se veía que no estaba acostumbrado a recibir órdenes en aquella institución en la que él era el que más lejos meaba.

Pero el superintendente podía mearse en él cuando le diera la gana.

Cerró la puesta tras de sí y como las persianas estaban bajadas hasta abajo, ni Clarice ni George pudieron ver qué hacía.

—¿Qué opina de estos chicos? Es evidente que Colton se decanta por Caleb.

—Que quienes menos saben siempre se empeñan en dar su opinión—replicó Clarice enfurruñada.