LA PARTITURA DE LOS AUSENTES VOLUMEN I 13. CAPÍTULO X La hija de Ricardo Leal #3
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13. CAPÍTULO X La hija de Ricardo Leal #3

Gabriel sintió que el propósito parecía justo y, precisamente por eso, podía ser más peligroso.

—¿Cómo piensa hacerlo?

Marcos sonrió.

—Con un estreno.

—¿Dónde?

—En el lugar donde comenzó la apropiación.

—El conservatorio antiguo.

—Sí.

—¿Cuándo?

—En siete días.

—No participaremos.

—Ya lo hacen.

La imagen se amplió.

Detrás de Marcos había un atril.

Sobre él descansaba la carpeta gris.

Abierta por una página nueva.

En la parte superior aparecía el título del siguiente movimiento:

LOS HEREDEROS DEL SILENCIO

Debajo figuraban dos nombres:

Carmen Leal Beltrán.

Marcos Leal Beltrán.

Y una indicación musical:

A dos voces, hasta que una recuerde quién fue borrado primero.

La proyección desapareció.

El tambor emitió un último golpe.

Carmen permaneció frente a la pared vacía.

Gabriel se acercó.

—No tienes que creerlo ahora.

—Utilizó mi certificado.

—Eso no demuestra parentesco.

—Conoce a mi madre.

—Puede haber accedido a sus documentos.

—Tiene la versión del Violín.

—Eso tampoco demuestra...

Carmen se volvió.

—No intente protegerme de la conclusión.

Gabriel guardó silencio.

Ella miró la carpeta de Ricardo.

—Mi padre no solo robó música.

—No.

—Construyó una continuidad para que alguien siguiera controlando los archivos.

—Eso parece.

—Y quizá utilizó a un hijo para hacerlo.

Amalia recogió la edición de Siete estudios sobre la ausencia.

—Ricardo nunca confió en una sola persona. Si Marcos es quien dice ser, tampoco será el único Conservador.

Inés miró hacia la puerta.

—Ha dicho que reunirá las siete versiones.

—Sí.

—¿Cuántas tiene?

—La del Violín. La de Daniel. Quizá otras.

—La de Lucía sigue aquí.

Teresa sujetó la carpeta contra el pecho.

—Por ahora.

Gabriel comprendió la urgencia.

—Quiere obligarnos a llevarle las restantes.

—No hará falta —dijo Amalia—. Si controla los sistemas de acceso, puede localizar cada movimiento cuando se active.

—¿Activarse cómo?

El anciano respondió:

—Cuando la persona vinculada reconoce su historia.

Todos miraron a Carmen.

Ella sostuvo el expediente de Ricardo.

—Entonces esta versión ya está activa.

Desde el interior del tambor llegó un sonido metálico.

La parte frontal se abrió.

Dentro había una caja negra.

Carmen se acercó.

Sobre la tapa figuraba una sola palabra:

BATUTA

Amalia perdió por primera vez la compostura.

—Eso no estaba ahí.

Gabriel abrió la caja.

Contenía una memoria digital y una hoja de música.

En la parte superior se leía:

MOVIMIENTO CERO

Debajo no había notas.

Había nombres.

Decenas.

Directores.

Profesores.

Gestores.

Miembros de tribunales.

Responsables de archivos.

Funcionarios.

Representantes de fundaciones.

Algunos estaban muertos.

Otros continuaban ocupando cargos.

Carmen pasó la primera página.

—Aquí está Ricardo.

Inés señaló otro nombre.

—Elías.

Teresa encontró el suyo.

Gabriel también.

Ninguno había quedado fuera.

Al final de la lista aparecía una última inscripción:

MARCOS LEAL BELTRÁN — CONSERVADOR PROVISIONAL

Debajo:

No autorizar el estreno. Riesgo de sustitución de memoria por relato único.

Gabriel leyó dos veces.

—Daniel dejó esta advertencia.

El anciano negó.

—No la escribí yo.

—Entonces ¿quién?

Amalia tomó la hoja y observó la caligrafía.

—Ana Beltrán.

Carmen alzó la vista.

—Mi madre.

—Sí.

—¿Cómo puede saberlo?

—Porque durante años escribió para mí los nombres que Ricardo no quería registrar.

Carmen sostuvo la partitura con ambas manos.

La obra de su madre no era solo la voz borrada de un ciclo apropiado.

Era también la advertencia contra la forma definitiva del archivo.

—Marcos quiere revelar la verdad —dijo.

—Quiere fijarla —respondió Amalia—. No es lo mismo.

—¿Qué diferencia hay?

Gabriel miró la lista.

—Revelar permite que las personas respondan. Fijar convierte una versión en sentencia.

El anciano asintió.

—El movimiento cero no debe interpretarse completo.

—¿Por qué? —preguntó Inés.

—Porque está construido para asociar cada nombre a una decisión mediante repetición sonora. Escuchado en un espacio público, puede hacer que cientos de personas recuerden no lo que vivieron, sino lo que la obra ordena que recuerden.

Carmen miró la memoria digital.

—¿Contiene las grabaciones?

—Probablemente.

—Entonces puede probar lo ocurrido.

—Y también manipularlo.

La mujer sostuvo la hoja escrita por su madre.

—Marcos ha fijado el estreno en siete días.

—Tenemos que encontrarlo antes —dijo Gabriel.

—No —respondió Carmen—. Primero encontraremos las demás versiones.

—Eso es lo que él quiere.

—También es la única manera de comprobar qué parte falta.

Inés miró a Teresa.

—¿Dónde están?

La pianista cerró los ojos.

—Una con Mateo Cifuentes.

—¿Sigue vivo?

—No lo sé.

—Otra —dijo Amalia— quedó en manos de Elías.

—¿Cuál?

—La del Director.

—¿Y las restantes?

El anciano respondió:

—Una viajó a Francia. Otra quedó en Portugal. La última nunca salió del conservatorio.

Gabriel frunció el ceño.

—Hemos revisado el aula.

—No estaba en el aula siete.

—¿Dónde?

—En el archivo de obras premiadas.

Carmen comprendió.

—Dentro de la edición de Ricardo.

Todos miraron el ejemplar de Siete estudios sobre la ausencia.

Gabriel lo abrió de nuevo.

La encuadernación parecía demasiado gruesa para el número de páginas.

Inés examinó el lomo.

—Hay un doble fondo.

Con una espátula fina separó la guarda posterior.

Dentro apareció un folio plegado.

No llevaba música.

Solo una dedicatoria:

A quien herede mi nombre sin heredar mi obediencia.

Firmado:

Ana Beltrán.

Carmen desplegó el documento.

En el centro había una dirección.

No correspondía a un archivo ni a una institución.

Era una casa particular.

En Utrera.

Debajo, una fecha:

12 de julio de 2026.

El día siguiente.

Y una instrucción:

La segunda voz esperará hasta el mediodía.

Carmen miró a Gabriel.

—Mi madre dejó una cita para mañana.

—Tu madre murió hace doce años.

—Entonces alguien conocía esta fecha.

Inés observó la firma.

—O la escribió después.

Gabriel sintió que la red volvía a cerrarse.

Alguien más conocía la obra.

Alguien había previsto su investigación.

Alguien estaba guiando cada hallazgo desde antes de que el manuscrito apareciera.

Carmen dobló el folio.

—Mañana iremos a Utrera.

Amalia negó.

—Marcos también conocerá la dirección.

—Entonces llegaremos antes.

—¿Y si es una trampa?

Carmen guardó la hoja dentro de la carpeta.

—Toda esta historia lo es.

Miró el expediente de su padre, la partitura de su madre y el tambor que había reproducido durante décadas las órdenes de una red administrativa.

—La diferencia es que esta vez sabemos que estamos entrando.