La parte del diablo (Inspector Jefe Bone 8) 13 Trece
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Resguardada a la sombra de los bosques milenarios de Fintry, la casa de Morgan Dribble era una imponente finca de cinco dormitorios, con un exterior de piedra ajada cubierto de hiedra.

En el empedrado de la entrada descansaba un impecable Mercedes Clase S burdeos.

Bone aparcó al lado, paró el motor y se bajaron.

Antes de que Bone llamara al timbre, Walker echó un vistazo por el mirador contiguo y se encogió de hombros.

Nada a la vista. Bone llamó. Sin respuesta.

Probó de nuevo. Nada. Estaban a punto de ir por la parte de atrás cuando la puerta se abrió de golpe.

Un hombre apareció ante ellos con una bata, el cinturón colgándole a la altura de la cintura.

Parecía cansado y desaliñado, con ojeras oscuras, como si no hubiera dormido en días.

Miró de Bone a Walker y ellos le enseñaron sus placas.

—inspector jefe Bone e inspectora detective Walker de la comisaría de Kilwinnoch. ¿Es usted Morgan Dribble? —preguntó Bone.

—Sí. ¿Qué ha pasado, agentes? ¿Ha habido un robo o algo por aquí cerca?

—No, señor. Tiene que ver con la destilería —continuó Bone.

—¿Un accidente?

—¿Podemos pasar, señor?

Dribble miró hacia el interior de la casa.—Lo siento, agentes, ¿no puede esperar? Mi mujer...

—Dispénsenos, señor Dribble —dijo Walker—. Sabemos que su esposa está enferma, pero, por desgracia, no puede esperar.

Dribble la miró a ella y luego a Bone.

—Hemos hablado con el director general de Glendurie —dijo Bone—. Nos ha dicho dónde estaba. Su situación.

Dribble asintió.—Bueno —dijo, volviendo a mirar dentro—, está arriba y acaba de someterse a una sesión de tratamiento, así que estará agotada. Esta nueva terapia con células madre la deja hecha polvo. La quimio no estaba haciendo ningún bien.

Se quedó mirando al suelo y pareció ausentarse un instante, consumido por el dolor, y cuando alzó la vista, tenía los ojos llenos de lágrimas.

—Pero hay que intentarlo, ¿no? —dijo—. Hay que intentarlo. —Se secó las mejillas con el dorso de la mano.

—¿Podemos pasar, señor? —repitió Bone—. Es realmente urgente que hablemos con usted.

Dribble asintió y por fin se apartó.—Pero, por favor, ¿podemos ser lo más breves posible? Necesito vigilar de cerca a Claudia.

Los condujo a un salón enorme, más bien ostentoso, con techos altos, paredes revestidas de roble y dos grandes tapices colgados a ambos lados de una chimenea señorial. Dribble les indicó un sofá de terciopelo con butacas a juego y allí tomaron asiento los tres.

—¿No ha recibido ninguna noticia de la destilería esta mañana? —prosiguió Bone.

—No, he estado atendiendo a mi mujer.

—Lamento tener que comunicarle que Hamish Durie ha muerto.

Se hizo un silencio entre ellos; Dribble miró de Bone a Walker y de vuelta a Bone.

—¿Muerto? —dijo Dribble—. ¿Qué... qué ha pasado?

—Parece que alguien envenenó su whisky en la cata de esta mañana.

—¿Cómo? No me lo creo. ¿Quién haría algo así?

—Eso es lo que intentamos averiguar, señor.

Dribble aspiró hondo y soltó el aire ruidosamente.—Dios, ¿pueden ir peor las cosas? Lo siento, detectives. Es una noticia muy dura.

—¿Qué puede decirnos de Hamish? —preguntó Walker.

—Hamish era un buen tipo. Amaba la vida, quizá demasiado, pero era un buen hombre.

—¿Diría que el señor Durie llevaba una vida problemática? —apremió Bone.

—Bueno. No sé mucho de eso. No era amigo suyo. Teníamos una relación profesional. Sé que tuvo problemas con el juego, con la bebida. Pero en los últimos años había madurado, se había limpiado mucho. —Dribble negó con la cabeza—. Es que no puedo...

—¿Problemas de dinero? —dijo Walker.

—Creo que sí.

—¿Cuándo lo vio por última vez? —preguntó Bone.

—No lo recuerdo. Llevo un par de meses sin ir al trabajo, así que probablemente hará más de tres o cuatro.

—¿Tenía enemigos que usted supiera?

—En el pasado, quizá sí, pero, como he dicho, creía que había enderezado su vida. Su trabajo en la destilería, mantener su puesto de guía turístico. Eso da fe de lo lejos que había llegado.

—¿Cómo es su relación con las hermanas? —dijo Bone.

—¿Las hermanas Durie? Positiva, productiva, de trabajo. Llevo más de veinte años empleado en la destilería, así que algo debo de estar haciendo bien a sus ojos.

—¿Y la relación de Hamish con ellas?

Dribble vaciló.—La familia puede ser complicada. Pero lo rescataron una y otra vez, sus hermanas. No sé qué le pasaba; siempre daba la impresión de que Hamish tenía prisa por deshacerse de cualquier dinero que le cayera en las manos. Como si no pudiera soportar ni verlo.

—¿Supervisó usted los cambios en la propiedad de las acciones? —preguntó Walker.

La pregunta cogió a Dribble con el pie cambiado y respondió con brusquedad.—Eso no tuvo nada que ver conmigo.

—¿Y su bono? —dijo Bone.

—¿Mi bono? ¿Qué tiene que ver eso con nada?

—Seiscientas mil libras ingresadas en su cuenta en diciembre.

Dribble entornó los ojos.—No veo por qué... ¿Qué insinúa, inspector?

—Lo siento, señor, pero tenemos que revisar todos los antecedentes del caso para descartar información irrelevante. ¿Por qué una cantidad tan elevada este año?

—Sangre, sudor y lágrimas —dijo Dribble—. Nada más. Glendurie Whisky ha experimentado un fuerte repunte del negocio en los últimos dieciocho meses, en gran parte debido a una nueva mezcla nuestra, Glendurie Black, que se vende muy bien en Estados Unidos.

—¿Su empresa no ha estado teniendo problemas financieros? —verificó Walker.

—Todas las empresas tienen problemas. Van de serie en cualquier negocio. Pero que yo sepa, los tiempos difíciles han quedado atrás.

—Es un giro importante para permitirse un bono tan impresionante.

A Dribble se le encendió la cara.—Lo siento, pero esto es completamente inapropiado y algo embarazoso. Lo que gano es asunto mío. Y permítanme decir que además es retorcido, este hilo de preguntas. Hablar de asuntos financieros cuando Hamish Durie...

—Perdone, señor, como he dicho —asintió Bone con disculpa.

—Dígame —dijo Walker—. Ya que lleva tanto tiempo trabajando con las hermanas Durie, ¿sabe qué pasó con Agnes?

—No le entiendo. ¿Cuándo qué pasó? —dijo Dribble.

—Un embarazo que su padre no podía permitir —dijo Walker sin rodeos.

El rostro de Dribble volvió a ensombrecerse.

—Me temo que no sé de qué está hablando, inspectora —dijo—. Y aunque lo supiera, le diría que ese asunto es privado, y que tratarlo así es otro ejemplo de extralimitarse. Ahora bien, creo que ya he dicho todo lo que puede ser de utilidad al respecto.

—¿No quiere ayudarnos a averiguar qué le ha pasado a Hamish? —preguntó Bone—. ¿Averiguar quién lo mató?

El tono de Dribble se endureció aún más.

—Quizá les he llevado a engaño, inspector jefe Bone, y piensan que el señor Durie y yo éramos más cercanos de lo que fuimos.

Le llevé las cuentas personales durante un tiempo, pero lo dejé pronto.

Minas anuales, como solía llamarlas. Pero creo que ya he dicho antes que mi relación, como la de sus hermanas, es estrictamente profesional.

Por supuesto que siento profundamente su fallecimiento, la pérdida para sus hermanas, pero ahora que he tenido tiempo de pensar en lo ocurrido, siendo completamente franco, me sorprende que Hamish no haya muerto antes.

Ya sea por sus adicciones o a manos de la gentuza con la que solía juntarse.

—Creía que había enderezado su vida —dijo Walker—. Es lo que nos han estado diciendo también.

—Bueno, ¿quién sabe? El perro negro nunca anda muy lejos, ¿verdad? Y usted misma ha dicho que estaba bebiendo en la cata de esta mañana.

Se oyó una campanilla en algún lugar de arriba.

—Será mi mujer. —Dribble se puso en pie de un salto—. Siento no haber sido de más ayuda. ¿Confían en que saben salir?

Al salir de la casa de Dribble, Bone miró a Walker con una ceja alzada.

—Vaya cambio de tono —dijo.

Walker soltó una risita.—Igual ha visto a nuestra nueva comisaria merodeando con malas intenciones en su jardín.

Se rieron.

—Algo le está royendo el culo, eso seguro, y no creo que sea solo la situación horrible de su mujer —dijo Bone.

Al llegar al coche, Walker se detuvo.—¿Te apetece ese chute de cafeína y seguir con la disección?

—¿El Dawson’s Café?

—Excelente elección, señor.

Walker se humedeció los labios con anticipación.