7 Siete
Siete
Cuando Walker llegó a las estribaciones de los Ochils, el paisaje se abrió ante ella: colinas verdes que se extendían hasta donde alcanzaba la vista, salpicadas de ovejas pastando, manchas de brezo púrpura y, de vez en cuando, el destello de un lago lejano.
La carretera serpenteaba por aquel escenario pintoresco, cada curva revelando una nueva vista más sobrecogedora que la anterior.
A la entrada de un camino de acceso largo y sinuoso, la detuvieron dos vigilantes de seguridad con uniformes negros.
—Asunto policial. Walker alzó su carné profesional.
Uno de los guardias lo examinó con cuidado mientras el otro hacía una llamada. Siguió una conversación lacónica y, luego, le hicieron señas para que pasara, con el gesto igual de adusto y vigilante.
Tras lo que pareció una eternidad de carriles estrechos y retorcidos, llegó a la residencia de las hermanas Durie.
—Cristo —murmuró Walker—, eso no es una casa, es una maldita fortaleza.
La mansión —o, para ser más precisos, el castillo— se alzaba ante ella, con sus muros de piedra gris elevándose imponentes contra el cielo escocés.
Era una obra maestra gótica, con torreones, ventanas ojivales y una labrada cantería intrincada.
Sin llegar a ser tan grande como Balmoral, no se quedaba lejos.
Gárgolas asomaban de las cubiertas, sus rostros erosionados reforzando el aire siniestro del edificio.
Al aproximarse, una figura salió del bosquecillo que bordeaba el camino.
El encargado de la finca era ancho de hombros y recio, con el rostro ajado por años de trabajo al aire libre.
Llevaba botas embarradas y ropa de faena y, lo más llamativo, un hacha en una mano.
Se detuvo al borde del camino, los ojos afilados siguiendo su coche cuando pasó.
En la entrada principal, otros dos vigilantes de seguridad se acercaron a su coche.
—Identificación, por favor, señora.
—Sus colegas ya me la han pedido. Walker les lanzó una mirada furibunda durante un segundo, y por fin accedió.
Dentro, el vestíbulo de entrada era un testimonio de siglos de riqueza y poder. Tapices ornamentados adornaban muros de piedra oscurecida por el tiempo, y una gran escalera se elevaba en curva, con la barandilla de caoba pulida a la perfección.
Apareció una ama de llaves de rostro severo, con los labios apretados en una línea fina. —La señora Durie no recibe visitas.
—La inspectora detective Walker, de la comisaría de Kilwinnoch—dijo, mostrándole de nuevo su carné—, me temo que esto no puede esperar.
El ama de llaves la condujo a una gran biblioteca donde Elspeth Durie estaba sentada junto a un fuego crepitante, con dos bastones apoyados contra la butaca y su figura frágil casi perdida entre los pliegues de una manta de tartán.
—Esto es de lo más irregular —dijo la señora Durie. Tenía el rostro demacrado y pálido, pero los ojos, agudos, se clavaron en la detective. —Margaret, ¿quién es esta? Ya sabe lo que le he dicho. Hay protocolos estrictos con las visitas.
El ama de llaves iba a hablar, pero Walker la interrumpió.
—Inspectora detective Walker, de la comisaría de Kilwinnoch.
—¿La policía? ¿Qué está pasando?
—¿Está su hermana?
—Agnes está en el extranjero. En Nueva York.—respondió con sequedad la señora Durie—. inspectora, ¿podría decirme de qué se trata esto?
—Lo siento mucho, pero he de informarle de que su hermano, Hamish, ha muerto.
La expresión de la señora Durie apenas cambió.—Ya veo.
—Creemos que pudo haber sido envenenado durante la visita a la destilería esta mañana. Lo estamos tratando como un hecho sospechoso.
—¿Envenenado? —La señora Durie se inclinó hacia delante, con los puños aferrados a los brazos de la butaca—. ¿En la destilería? ¿Es consciente de lo que esto significa? Solo nuestros contratos japoneses valen millones. Los americanos... —Negó con la cabeza—. La prensa nos destrozará.
Walker estudió a la mujer. Ni una palabra sobre la muerte de su hermano, solo negocios.
—Su hermano acaba de morir, señora Durie. Parece más preocupada por los contratos.
—¡Cómo se atreve! —La voz de la señora Durie chasqueó como un látigo—. Entra aquí sin más, anuncia que mi hermano ha muerto y, después, ¿se permite juzgar mi reacción?
El silencio llenó la estancia. Walker esperó.
—¿Cuándo vio por última vez a Hamish? —preguntó por fin.
—Dos, quizá tres meses. —La ira de la señora Durie pareció desinflarse—. Se había mudado otra vez: un pisito cutre en Bearsden. Siempre mudándose, siempre huyendo de algo.
—¿Su relación con él era tensa?
—Él era... —La voz de la señora Durie se suavizó un poco—. Diferente. Vivía como en una montaña rusa. Estos últimos años se había calmado algo, pero... Negó con la cabeza—. La gente con la que se juntaba...
—¿Tiene su nueva dirección?
—Robert... el señor Banks, nuestro director general, la tendrá...
—¿Y no le manifestó ninguna preocupación o temor por nada?
—Siempre estaba preocupado por algo.
—¿Qué clase de preocupaciones?
—Normalmente, dinero. Temía recaer en la bebida. La señora Durie suspiró.
—Hábleme del acuerdo sobre las acciones.
Los ojos de la señora Durie se entrecerraron.—¿Qué quiere decir con “acuerdo”? Eso es información confidencial de la empresa.
—Disculpe, solo intento entender su situación. Tengo entendido que él tenía frecuentes problemas económicos, y usted le ayudaba a solucionarlos.
—La situación —dijo helada la señora Durie— es que tuve que pagar sus deudas de juego. Otra vez. El traspaso de acciones formó parte del arreglo. Todo fue absolutamente legal, antes de que siga por ese camino.
—¿Y la estructura de la empresa?
—Agnes se ocupa de las operaciones internacionales.
—La señora Durie se irguió en la butaca—.
Yo gestiono lo de aquí. Hamish... —Suspiró—.
Lo manteníamos alejado del lado corporativo.
Su carácter podía ser... problemático. inspectora detective Walker , de verdad no creo que nuestra estructura empresarial tenga nada que ver con esto.
—¿Por qué dice eso?
—Hamish tenía problemas, siempre los tuvo, y esto es, o bien un horrible accidente, o bien que estaba metido en líos más serios de lo que imaginábamos.
—¿La empresa ha tenido dificultades financieras? —insistió Walker.
—Sus preguntas empiezan a irritarme, inspectora.
Todas las empresas atraviesan baches y, pese a lo que la gente pueda pensar de la industria del whisky, no somos una excepción.
Cambian los gustos y tenemos que adaptarnos a nuevos mercados.
Y eso hicimos. Hace tres años relanzamos la marca.
Nos adaptamos a los tiempos. Un atisbo de orgullo se coló en su voz.
—Nuestro nuevo blend está funcionando especialmente bien en Estados Unidos. Por eso Agnes está allí ahora.
—Necesito hablar con su hermana.
—El director puede darle su número. Pero, por favor, permítame llamarla primero. El tono de la señora Durie volvió a endurecerse. —Agnes es más... emotiva que yo.
—Y, por confirmar, ¿sabe de alguien que pudiera haber querido hacer daño a su hermano?
—Como he dicho, mi pobre hermano era un hombre complicado. Y puede que llevara su afán de exhibirse demasiado lejos, mezclándose con malas compañías.
—¿Tiene algún nombre concreto?
—Ese es un mundo que tengo la sensatez de no frecuentar, inspectora. Mi hermano... El gesto se le endureció. —La autodisciplina y la fortaleza moral no eran cualidades que mi hermano poseyera.
—Una cosa más —dijo Walker— : el incidente del embarazo de su hermana...
La cabeza de la señora Durie se alzó de golpe. —¿Quién le ha hablado de eso?
—Siento mucho tener que mencionarlo, pero, como le digo, cosas que pueden parecer irrelevantes pueden no serlo.
—Pues ya le digo ahora mismo que eso es completamente irrelevante, inspectora.
Está hablando de algo que pasó hace más de cuarenta años.
A la señora Durie le temblaron levemente las manos.
—Y, francamente, es repugnante que lo mencione en este momento.
Eso es algo privado de Agnes. No voy a hablar de ello.
Walker se puso en pie para marcharse. —Siento mucho su pérdida, señora Durie. Me temo que probablemente tendremos que volver a tomarle declaración.
—El cuerpo de mi hermano... ¿Dónde está? —interrumpió la señora Durie.
—Una vez que el equipo forense quede satisfecho, lo trasladarán al depósito, donde se practicará la autopsia.
—Lo quiero de vuelta aquí. Donde le corresponde.
—Me aseguraré de que el cuerpo se entregue lo antes posible.
—¿Y la producción?
—¿Qué pasa con ella?
—La elaboración del whisky es un proceso extremadamente delicado. No podemos permitirnos parar la producción.
—¿Ni siquiera tras el posible asesinato de su hermano? Walker apenas podía contener su incredulidad ante la gélida entereza de la señora Durie.
—Eso sería lo último que querría mi pobre hermano, inspectora.
Mientras caminaba hacia su coche, bajo la mirada constante de los vigilantes de seguridad, Rhona no conseguía quitarse de encima la sensación de que, pese a los esfuerzos de Elspeth Durie por mantener su fría compostura, bajo la fachada se agitaba algo más oscuro y complejo.