La otra pareja CAPÍTULO 3 — LA OTRA PAREJA #3
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CAPÍTULO 3 — LA OTRA PAREJA #3

Parecía escuchar con las manos. Sofía descubrió que eso la excitaba más de lo esperado.

Cuando quería acercarlo, lo hacía. Cuando necesitaba mirar a Ernesto, miraba.

Úrsula y su marido parecían haber encontrado una química inmediata.

Sofía los vio reír entre besos, acomodarse el uno al otro, buscarse con una naturalidad que le provocó aquella mezcla ya conocida de punzada y calor.

En algún momento Ernesto alargó una mano hacia ella.

Sofía la cogió. Durante unos segundos permanecieron unidos así mientras cada uno estaba junto a otra persona.

La imagen habría resultado inconcebible unas semanas atrás.

Ahora le pareció hermosa, extraña. Pero hermosa.

Después las posiciones cambiaron, los cuerpos se mezclaron de otra manera y las conversaciones fueron reduciéndose a frases cortas, preguntas, respuestas, alguna risa.

El deseo hizo el resto sin necesidad de convertirlo en una coreografía.

Sofía se sorprendió buscando a Carlos más veces de las que esperaba.

Su boca, sus manos. Su mirada. Y Carlos parecía hacer lo mismo.

Aquello fue lo único que, durante unos segundos, le produjo una inquietud diferente.

No celos, otra cosa. Una atención demasiado específica.

Pero Ernesto la besó y el pensamiento desapareció.

La noche continuó. Cuando terminaron, los cuatro quedaron repartidos sobre la cama con el cansancio agradable de quienes han dejado de preocuparse por cómo se ven.

Úrsula tenía la cabeza apoyada sobre el pecho de Ernesto. Sofía estaba tumbada junto a Carlos. La distribución le llamó la atención por lo natural que parecía.

—Tengo hambre —dijo Ernesto.

Sofía empezó a reír.

—Eres increíble.

—¿Qué?

—Acabamos de...

—Precisamente.

Úrsula levantó la cabeza.

—Yo también.

—Gracias.

—No sé qué agradeces.

—El apoyo.

Carlos miró a Sofía.

—¿Tú?

—Yo quiero agua.

—Eso es menos interesante.

Él se levantó. Sofía lo observó buscar una botella. Carlos se dio cuenta.

—¿Qué?

—Nada.

—Mentira.

—Ahora tú también.

—¿También qué?

—Nada.

Él sonrió, le dio la botella. Sus dedos se rozaron. Un contacto insignificante después de todo lo que acababan de compartir. Y, sin embargo, Sofía lo notó. Bebió, carlos seguía mirándola, ella bajó la botella.

—Gracias.

—De nada.

Úrsula se incorporó.

—Tenemos que repetir esto.

Ernesto respondió antes que nadie.

—Sí.

Sofía alzó la vista hacia él. Su marido parecía feliz, relajado, úrsula también, carlos esperó, fue Sofía quien finalmente dijo:.

—Sí.

Y entonces Carlos sonrió. A las tres y media estaban otra vez en el aparcamiento. Pero esta vez no se separaron inmediatamente. Úrsula sacó el teléfono.

—Tenemos que hacer un grupo.

Sofía miró a Ernesto. Aquello rompía una de sus reglas. Nada de teléfonos, nada de números, úrsula lo notó.

—O no.

—No, espera —dijo Sofía.

Ernesto seguía mirándola, no había reproche, solo una pregunta.

—¿Qué hacemos? —preguntó ella.

—Lo que quieras.

—No me pases la pelota.

—La regla era nuestra.

Carlos estaba unos pasos más atrás, sin intervenir. Sofía pensó en Eva y Marcos. No habían intercambiado teléfonos, había estado bien, completo. La situación tenía otra textura. No quería depender de coincidir otra vez. La conclusión llegó antes que la justificación.

—Yo quiero.

Ernesto asintió.

—Pues hacemos el grupo.

Úrsula esbozó una sonrisa. Intercambiaron números.

—Nombre —dijo ella.

—¿Del grupo?

—Claro.

Ernesto levantó una mano.

—Por favor, nada sexual.

—¿Por qué?

—Porque un día enseñaré el móvil en una reunión y aparecerá una notificación que diga «Orgía sábado».

Sofía soltó una carcajada.

—Ahora quiero llamarlo así.

—Ni se te ocurra.

Carlos sacó el teléfono.

—«Contabilidad».

Los cuatro se quedaron callados. Sofía empezó a reír antes que los demás.

—Los contables.

Ernesto la señaló.

—Te dije que existían.

Úrsula no entendía nada. Tuvieron que explicárselo. Cinco minutos después el grupo se llamaba CONTABILIDAD. La primera fotografía fue de cuatro pares de zapatos en el aparcamiento. Úrsula quiso hacerla. Solo los zapatos.

—¿No hacemos una normal? —preguntó Sofía.

—Odio salir en fotos —respondió Úrsula.

Carlos levantó la mano.

—Yo también.

—Es fotógrafo —dijo Úrsula—. Por eso sabe que las fotos son horribles.

Sofía no insistió. La imagen de los zapatos apareció en el grupo.

Debajo, Ernesto escribió: Primera junta de accionistas finalizada.

Carlos respondió: Resultados satisfactorios.

Úrsula: Previsión de crecimiento. Sofía se rio mirando la pantalla.

Escribió: Necesitamos otra auditoría, guardó el teléfono, se despidieron, úrsula la abrazó.

Después abrazó a Ernesto. Carlos estrechó la mano de Ernesto y finalmente se acercó a Sofía.

Durante una fracción de segundo ninguno supo si darse dos besos, abrazarse o hacer cualquier otra cosa. La boca de Carlos se curvó apenas.

—Buenas noches.

—Buenas noches.

La abrazó. Sofía notó su mano en la espalda. Se separaron, ella entró en el coche. Ernesto arrancó. Durante los primeros minutos hablaron de Úrsula.

—Te gusta mucho —dijo Sofía.

—Sí.

—Mucho.

—Sí.

Sofía dejó la vista en la ventanilla.

—Me parece bien.

—Carlos te gusta mucho.

Ella volvió la cabeza. Ernesto sonreía.

—Sí.

—Mucho.

Sofía imitó su tono.

—Sí.

—Me parece bien.

Ella se rio. Ernesto extendió la mano. Sofía entrelazó los dedos con los suyos. El teléfono vibró dentro del bolso. Lo sacó.

CONTABILIDAD.

Úrsula había escrito: Hemos llegado, repetimos pronto, ernesto miró brevemente.

—Contesta.

Sofía escribió: Nosotros todavía en carretera. Y sí. Aparecieron los dos ticks. Unos segundos después Carlos añadió: Sin duda. Sofía miró aquellas dos palabras un poco más de lo necesario. Bloqueó el teléfono. Lo dejó sobre sus piernas. Y siguió cogida de la mano de Ernesto.