La otra pareja CAPÍTULO 2 — TRAS LA PUERTA #2
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CAPÍTULO 2 — TRAS LA PUERTA #2

La incertidumbre formaba parte de lo que había ido a buscar.

No saber. Siguieron el pasillo. Algunas habitaciones permitían mirar desde la entrada.

Otras podían cerrarse. En una había una cama grande y varias personas.

Sofía apenas se detuvo. Todavía era demasiado.

En otra encontraron un espacio más pequeño, con sofás alrededor.

Había cuatro personas. Dos parejas. Sofía reconoció a la mujer morena de la barra.

Ella también la reconoció.

—Hola otra vez.

La ocurrencia le arrancó una sonrisa.

—Hola.

—¿Primera noche?

Ernesto la miró como si quisiera decir que definitivamente se les notaba.

—Sí —respondió Sofía.

—Tranquilos. No mordemos.

El hombre de barba levantó una ceja.

—Habla por ti.

Todos se rieron. Aquello fue suficiente para romper otra barrera.

La mujer se llamaba Eva. Su pareja, Marcos.

Los otros dos eran Ana y Rubén. Hablaron.

Nada ocurrió inmediatamente. Y eso le gustó a Sofía.

Se sentaron. Conversaron sobre el local, sobre las primeras veces, sobre situaciones incómodas que ahora recordaban riéndose.

—Nuestro estreno fue un desastre —contó Eva—. Nos pasamos dos horas mirando y cuando finalmente nos atrevimos a hablar con alguien, resultó que estaban esperando un taxi.

Sofía soltó una carcajada.

—No.

—Sí.

Marcos levantó la mano.

—Yo ya había pedido una copa para el marido.

—Y el marido encantado —dijo Eva—. Se bebió la copa y se fue.

Ernesto estaba riéndose, sofía también, entonces Eva la miró, no al vestido, a los ojos.

—¿Puedo decirte una cosa?

—Claro.

—Estás preciosa.

El calor le subió a las mejillas.

—Gracias.

Eva extendió una mano. No llegó a tocarla.

La dejó a mitad de camino. Una pregunta sin palabras, sofía entendió.

Miró a Ernesto. Él no hizo ningún gesto afirmativo.

Tampoco negativo, simplemente esperó, era decisión suya, sofía volvió hacia Eva.

Y acercó la mano. Los dedos de Eva rozaron los suyos.

Fue apenas un contacto, mínimo, pero bastó para que a Sofía le subiera un hormigueo por el brazo.

Eva sonrió.

—Estás helada.

—Son los nervios.

—Se pasan.

—Eso espero.

Eva sostuvo su mano unos segundos. Sofía no la retiró, ernesto estaba al lado.

Podía sentirlo. Eso convertía aquel contacto en algo todavía más intenso.

Eva deslizó los dedos por su muñeca. Despacio.

Sin apropiarse de nada. Sofía notó que estaba conteniendo la respiración y se obligó a soltar el aire.

—¿Puedo besarte?

La pregunta la sorprendió porque la fantasía acababa de adquirir cuerpo delante de Ernesto: una mujer atractiva le estaba pidiendo permiso para besarla. Sofía miró otra vez a su marido. Esta vez Ernesto sonrió, una sonrisa pequeña, nerviosa, exactamente igual que ella, sofía volvió hacia Eva.

—Sí.

Eva se acercó, el primer beso fue breve.

Apenas un roce. Sofía sintió sus labios y después la distancia.

Eva esperó. Sofía fue quien se acercó la segunda vez.

Aquello cambió el beso. La mano de Eva llegó a su cintura.

Sofía apoyó la suya en su hombro. Percibió el perfume, la suavidad del cabello rozándole los dedos, una boca diferente a todas las que recordaba.

Y, por encima de todo, sintió la presencia de Ernesto. Cuando abrió los ojos, él estaba mirándola. Aquello la excitó todavía más, sofía se separó lentamente, eva sonrió.

—¿Bien?

Sofía empezó a reír.

—No preguntéis todos eso, por favor.

Ernesto también se rio.

—Se está convirtiendo en una obsesión.

Eva miró a Ernesto.

—Tu mujer besa muy bien.

—Tengo referencias.

Sofía volvió a darle un golpe.

—Idiota.

La situación podría haber terminado allí.

Y durante unos minutos pensó que lo haría.

Después Marcos se acercó a Eva. La besó.

Sofía observó. Esta vez estaba a medio metro.

Vio cómo Eva cambiaba de actitud con él, cómo se relajaba contra su cuerpo, cómo la mano de Marcos recorría lentamente su espalda.

Ernesto volvió a tocar la cintura de Sofía.

Ella se apoyó en él. Rubén y Ana se habían apartado hacia otro sofá. El ambiente se transformó sin que Sofía pudiera identificar exactamente cuándo. Las conversaciones se hicieron más bajas. Las distancias más cortas, eva volvió hacia ellos, miró a Sofía, después a Ernesto.

—¿Puedo?

Esta vez se dirigía a él. Sofía sintió el golpe de celos antes incluso de que Ernesto respondiera.

—Si ella quiere.

Eva negó suavemente.

—No. Si tú quieres.

Sofía agradeció aquella corrección. Ernesto la miró.

—Quiero.

La sinceridad volvió a producirle aquel pinchazo.

Sofía hizo un gesto afirmativo. Eva se acercó a su marido.

Y lo besó. Fue muchísimo más difícil verlo de lo que había imaginado.

Durante unos segundos se arrepintió. La mano de Eva llegó al pecho de Ernesto.

Él la sostuvo por la cintura. Sofía conocía aquellas manos.

Había sentido exactamente aquella presión cientos de veces.

Ahora estaban sobre otra mujer. Los celos le cerraron el estómago. Pero debajo había algo más, una excitación casi insolente, eva era preciosa. Ernesto también. Y Sofía estaba contemplando algo que hasta entonces solo había existido dentro de su cabeza. Marcos se acercó a ella. No la tocó.

—¿Todo bien?

Sofía lo miró.

—Sí.

—Pareces a punto de matar a alguien.

Ella soltó una risa nerviosa.

—Todavía estoy decidiendo.

Marcos sonrió.

—Eso es bastante normal.

Sofía volvió a mirar a Ernesto. Eva se había separado.

Él la estaba mirando ahora, buscando su reacción.

Sofía se acercó. Lo besó. Notó inmediatamente el perfume de Eva.

Aquello debería haberle molestado, le produjo el efecto contrario, lo besó con más intensidad.

Ernesto respondió. Sofía pasó los brazos alrededor de su cuello y durante unos segundos el resto de la habitación dejó de importarle.

Cuando se separó, él acercó la frente a la suya.

—¿Seguimos?

Sofía miró alrededor, eva y Marcos esperaban, sin presión, sin prisas. Aquella era la decisión real. Hasta entonces podían contar la noche como una visita. Un beso. Una experiencia. Cruzar el siguiente límite significaba otra cosa. Sofía miró a Ernesto.

—Sí.

La habitación privada era pequeña y cálida.

Eva cerró la puerta. Sofía oyó el clic y volvió a sentir los nervios, aunque esta vez llegaron mezclados con una excitación que ya no podía fingir que era simple curiosidad.

Se quedaron unos segundos los cuatro de pie.

Y ocurrió algo inesperado, nadie sabía qué hacer, sofía empezó a reír, eva también.

—Esta parte nunca sale en las películas —dijo Marcos.

—¿Qué parte? —preguntó Ernesto.

—La de cuatro adultos mirándose como si alguien tuviera que dar una charla de seguridad.

—Podemos elegir un portavoz —dijo Sofía.

—Yo voto por ti —respondió Ernesto.

—Pues mi primera medida es destituirme.

Las risas terminaron de romper la tensión.

Eva se acercó a Sofía, esta vez no preguntó verbalmente, sofía tampoco lo necesitó, la besó.

Más despacio que antes. Sofía sintió unas manos en su cintura y dejó que su cuerpo respondiera antes que su cabeza.

Cerró los ojos. Se concentró en el contacto, en la respiración de Eva, en el calor de otra persona pegándose a ella.

Cuando abrió los ojos vio a Ernesto besando a Eva después. La imagen volvió a golpearla, pero ahora podía aceptarla. Marcos se acercó. Sofía alzó la vista hacia él. Era atractivo. No le había prestado demasiada atención hasta entonces porque Eva absorbía buena parte de su curiosidad.

—¿Puedo?

Sofía sonrió.

—Gracias por preguntar.