Patricia
Dicen que, cuando mueres, los que partieron antes que tú bajan a buscarte para ayudarte a cruzar el umbral que separa el mundo de los vivos del de los muertos.
Que te dan la mano y te acompañan en el tránsito hacia la luz para que no vueles solo, porque uno de los mayores temores de los mortales es la soledad.
Siempre imaginé que, cuando llegara mi hora, vería a mis abuelos, a mi amiga Marta…
«¿Quién vino a buscar a mi amiga Marta cuando murió, si todos sus familiares y amigos estaban vivos, si ella se fue tan pronto que no tuvo que padecer la muerte de ningún ser querido?», me da por pensar durante mis últimos minutos.
Aunque mi visión se ha vuelto bastante imprecisa, creo estar viendo a la inspectora Vega Martín y no me cuadra, a no ser que esté muerta y yo no me haya enterado, y sea la encargada de guiarme al otro lado.
Es todo tan confuso…
La voz de la inspectora es un eco lejano que llega hasta mis oídos con dificultad:
—No te puedes ir, Patricia. La ayuda está en camino, no te duermas. Patricia… Patricia, quédate conmigo, ¿vale? No me hagas esto… vamos, vamos, quédate conmigo…
… quédate conmigo
… quédate conmigo