La otra pareja del lago EPÍLOGO
100%

EPÍLOGO

PATRICIA

Ocho meses después

H appy together no ha vuelto a sonar dentro de mi cabeza. Hace ocho meses que soy libre, y hacía tanto tiempo que no me sentía así…

​ En Nochebuena estuve clínicamente muerta durante seis minutos.

Fue un milagro que lograran devolverme a la vida gracias a que Sara, cuyo nombre real era Claudia, no era una asesina a sueldo tan valiente como pensaba, y desveló qué veneno me había echado en la copa de vino en el momento de su detención.

El veneno tiene un nombre tan complicado que nunca llegué a memorizarlo y no quiero darte ideas, que te conozco y la puedes liar ahí donde estás.

​ Durante esos seis minutos no «vi» nada. Ni túnel, ni luz… tampoco fantasmas. Decepcionante, ¿verdad? Estuve sumida en la más desapacible oscuridad.

​ Petra me había dicho que la policía no podía ayudarme, que nadie podía.

Pero fue ella quien les dio el chivatazo que me salvó la vida.

No fue un acto del todo altruista, claro.

Petra sabía que la siguiente en caer iba a ser ella, así que, de esta forma, consiguió salvarse y continuar en el anonimato, sin que nada de lo ocurrido la salpique directamente.

Ya sabes que Petra tiene mucho que esconder.

Supongo que sigue en Berlín. No sé nada de ella.

¿Cómo lo hizo? ¿Cómo supo que yo tenía al enemigo tan cerca?

Ni idea, pero podría habérmelo dicho, ¿no?

La inspectora Vega Martín sabía aún menos que yo.

Me contó que habían recibido una llamada anónima advirtiéndoles que yo estaba en mi piso y que si no iban rápido, iba a morir.

Les fastidié la Nochebuena, espero que al menos cobraran un plus.

Creo que Petra es una experta en borrar todo lo que no le interesa que salga a la luz, tal y como hizo con aquel email con el link que me llevó a mantener una conversación con ella.

Esa mujer es un misterio. Y no creo que sea una buena persona.

No se me olvida que, por venganza, manipuló a un chico inocente que terminó torturando y asesinando a su padre y suicidándose delante de un montón de monstruos desequilibrados.

Pero Petra me salvó la vida. Nos la salvó a las dos.

Que sí, repito que su acto fue egoísta, pero ya no vivo con miedo de que un asesino a sueldo me espere a la vuelta de cualquier esquina.

​ La organización criminal ha caído, pero siempre habrá otras que seguirán trabajando en la sombra.

Jamás pensé que alguien tan anodino como yo acabaría involucrada en un mundillo tan oscuro por una aventura con un hombre casado.

Un «simple» cardiólogo de prestigio que no era tan «simple» debido al entorno aparentemente de ensueño en el que se introdujo cuando se casó con Victoria, un entorno con un apellido que estos últimos meses ha dado la vuelta al mundo: Los Tello .

Me pregunto si David llegó a saber que su poderoso suegro era tan peligroso, y si estaba al tanto de sus negocios ilícitos.

El dinero y el poder todo lo pueden y lo corrompen hasta que te pillan y, cuando eso ocurre, ni el más alto cargo al que has sobornado va a poder salvarte.

En unos meses se celebra el mediático juicio contra Victoria y su padre, el multimillonario empresario Jaime Tello, cuya riqueza, ahora se sabe, está corrompida y manchada de sangre.

Ambos estaban detrás de muchas muertes provocadas con solo levantar el teléfono y contactar con la organización.

Claudia, quien para mí siempre será la pesada de Sara, ha colaborado para reducir su condena, aunque lo de jubilarse a los treinta y cuatro en un país tropical ya no podrá ser, y al fin Carlota Pérez y Ana Vallejo tendrán la justicia que merecen.

Ha sido una bomba informativa que, como sabrás, han emitido tantas veces en televisión, que ha terminado aburriendo.

​ Estuve ingresada un mes. El veneno afectó a algunos de mis órganos y un solo cigarrillo podría matarme.

Del alcohol ni hablemos. Tengo el hígado como si durante veinte años hubiera estado bebiendo diez cubatas al día, y las cuentas no salen, porque hace tres meses cumplí veintiséis.

Intento cuidarme, pero no hay día en que no me levante sin dar las gracias.

Tengo la inquietante intuición de que no moriré de vieja y que serán mis padres los que me enterrarán a mí.

Triste, ¿eh? Pero, mientras esté aquí, pienso disfrutar todo lo que pueda.

​ Mis padres y mi tía Úrsula no se separaron de mi lado durante todo el tiempo que estuve ingresada.

Lloré a mares cuando me dijeron que, después de once años, ya era hora de volver al pueblo, que nadie me iba a insultar ni a tirar piedras, y que no le temiera a nada.

Que los padres de Marta no me guardan rencor, porque, al fin, han asimilado que la muerte de su hija fue un trágico accidente sin culpables.

​ Quería contarte que llevo dos meses en el pueblo y no, no me han apedreado en mitad de la plaza.

Hay vecinos que hasta me saludan cuando voy a comprar el pan.

Lo más emocionante de todo es que me he reencontrado con un antiguo amor en el que no había pensado mucho en estos años, pero al verlo recordé que me encantaba.

Se llama Sergio y tonteamos cuando íbamos al colegio.

Cuando se enteró de que estaba en el pueblo, tardó un día y medio en llamar a la puerta de la casa de mis padres y proponerme ir a tomar un café.

Es, por así decirlo, mi primer amor, y es una sensación bonita.

La del reencuentro con un primer amor, digo.

No sé, me gusta bastante. Me siento cómoda con él.

El tiempo pasa volando cuando estamos juntos y eso siempre es una buena señal.

Sé que todavía es pronto para que me convierta en todo su mundo, pero cuando me mira me hace sentir especial y, como me dijiste una vez, no merezco menos.

​ Pienso en ti a menudo, Leo. Cometiste actos terribles contra tipos que no te digo que no se lo merecieran, pero espero que algún día llegues a perdonarte y a librarte del odio que se te fue acumulando desde que creíste que el mundo te había dado la espalda, porque ese odio que decidiste alimentar fue el que te arruinó la vida.

A pesar de todo, me alegra que te cruzaras en mi camino. Gracias a ti sigo viva.

Con afecto de «tu rehén»,

Patricia

P.D. A Sergio le encanta la cicatriz de la sien.