La otra pareja del lago 15
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PATRICIA

N o voy a volver al Hospital Las Cruces, todavía no sé muy bien qué voy a hacer con mi vida, pero tengo una conversación pendiente con Mati.

Cuando la enfermera me ve, se lleva las manos a la boca de la impresión.

El hinchazón ha bajado, pero todavía tengo un moratón enorme en la cara y el corte de la sien se ve más con los puntos.

He asumido que me quedará una cicatriz que me recordará a diario este terrible capítulo de mi vida.

​ —¿Subimos arriba? —propone Mati tras dejar listos unos informes, refiriéndose a la azotea.

​ —Vale.

​ Ahora que David está muerto y no supone ningún peligro para su puesto de trabajo ni para mi integridad física, porque no creo que desde el más allá pueda enviarme a ningún otro matón, espero que Mati se atreva a hablar más de lo que pudo hacerlo hace dos semanas.

​ Antes de encenderse el cigarro, me ofrece uno. Venga, ¿por qué no? Me enciendo el cigarro con torpeza y, como la otra vez, la primera calada me sabe a rayos y empiezo a toser, la segunda me marea, pero la tercera me relaja y me anima a iniciar la conversación.

​ —Busqué a las chicas.

​ Mati asiente.

​ —Para eso te di sus nombres. Para que las buscaras.

​ —Carlota estaba de baja por depresión y desapareció en 2013. Ana terminó su jornada laboral y, al volver a casa, salió al balcón y saltó al vacío en octubre de 2014 —resumo.

​ —Saltó al vacío, ya… A Ana la esperaba alguien en casa como te esperaba a ti ese sicario en el parking, y la tiró por el balcón. Suerte que estaba ese… también era un asesino, pero te salvó la vida, ¿no? O eso tengo entendido.

​ No quiero hablar de Leo, así que vuelvo a Ana:

​ —Lo de que Ana se suicidó no me lo creí. También pensé eso, que alguien la estaba esperando en el piso y la caída no fue un suicidio, sino un asesinato. ¿Y Petra? No encuentro nada sobre ella. ¿Sabes si le pasó algo?

​ Mati se encoge de hombros.

​ —Petra era especial. No era para nada el estilo del doctor Hernández, por lo que me sorprende que tuvieran un lío.

​ —¿Y eso?

​ —Su estilo era… como te diría… oscuro. Era gótica. Tenía el pelo muy negro, los ojos grandes y oscuros. Venía a trabajar sin nada de maquillaje, pero fuera de aquí, en su día a día, le gustaba ponerse polvos blancos en la cara, los párpados negros…

​ Mati tiene razón, porque sé que David es… perdón, era. David era muy tradicional. No le gustaban los extremos.

​ —Yo seguía pensando mucho en Carlota y en Ana.

Pobres chicas. El tema de que al doctor Hernández le gustaba camelarse a algunas de sus residentes hasta que se cansaba de ellas y las sometía a un maltrato terrible en el trabajo, era un tema tabú pero sabido por todos.

No fallaba: si empezaban a haber broncas, es que habían tenido una aventura.

Una mañana, el doctor Hernández empezó a increpar a Petra delante de un paciente.

La aventura con esa chica había sido más breve que con las anteriores.

Le dijo que era una inútil, que se largara y no volviera, que como continuara aquí iba a pasar una desgracia, y él, por ser su médico adjunto, no quería problemas.

La llamó bruja y de todo. Bueno, se lio una gorda porque Petra saltaba a la mínima, era una chica con mucho carácter.

Pero el doctor Hernández era intocable, muy amigo de los de arriba, ya sabes, así que no hubo consecuencias.

Podía tratar mal a quien quisiera, y con Carlota, con Ana y con Petra se pasó.

También contigo aquel día, cuando estabas haciendo estupendamente bien tu trabajo.

El caso es que, después de eso, le pasé a Petra un papel con dos nombres.

​ —Carlota Pérez y Ana Vallejo.

​ —Exacto. Las dos anteriores. Carlota en 2013, Ana en 2014, Petra el año pasado, 2015…

Una al año. No se habla mal de los muertos, pero…

menudo cabrón. Sabía que había algo raro en él.

Que, con solo chasquear los dedos, podía quitarse de en medio de la peor de las maneras a quien le estorbara, incluso enviando a alguien a que se deshiciera de vosotras.

Lo vi claro cuando pasó lo del asesinato del sicario en el parking.

Así que no podía permitir que a Petra y a ti os pasara lo mismo que a Carlota y a Ana.

—Mati inspira hondo y compone una mueca de asco al recordar a David—.

Petra hizo preguntas, lo normal, pero yo no podía arriesgar mi puesto de trabajo, tengo bocas que alimentar.

—Asiento. Lo comprendo—. Petra, chica lista, se largó y no volvió.

Durante días estuve pendiente de los informativos por si la nombraban.

Suicidio, asesinato, desaparición… podía pasarle cualquier cosa.

Pero nada. De vez en cuando la busco en redes sociales, porque creo recordar que tenía un perfil en Instagram en el que enseñaba sus modelitos góticos, pero lo borró.

De un día para otro, su perfil en redes dejó de existir sin dejar rastro.

Solo espero que esté bien. A lo mejor se fue a vivir a otro país, un día me dijo que le encantaba Berlín.

Ojalá mi advertencia llegara a tiempo como creo que llegó contigo.

Solo lamento no haberte puesto sobre aviso antes.

​ —No te habría hecho caso. De hecho, Rosa y tú sí me avisasteis —le recuerdo—. Me dijisteis que tuviera cuidado con él.

​ —Ya, la lástima era que no pudiéramos especificar más, ¿sabes?

Revelarte toda la verdad, hablar como lo hemos hecho hoy, con total transparencia y libertad.

Tampoco teníamos pruebas para denunciar como Dios manda, y acusar tan gravemente a alguien así como así…

, pues como que no. A ver, claro, no podía decirte que tenía la seguridad de que David era un…

​ Mati sacude la cabeza. La palabra que silencia y repudia es: «Asesino». Sí, David era un asesino, aunque dudo que alguna vez se manchara las manos de sangre. Era más fácil pagar y que lo hicieran otros por ti.

​ —No sé, Patricia —continúa—. Tendría que haberte hablado antes de Petra y de lo que les pasó a Carlota y a Ana. Si hubo más chicas, lo ignoro. Pero ya está. Estás bien, estás a salvo y fuera de peligro. Es lo único que importa y me alegro por ti.

​ —Gracias, Mati.

​ «Estás bien, estás a salvo y fuera de peligro».

​ A partir de ahora, ese va a ser mi mantra.