La otra pareja del lago David
59%

David

Qué cojones ha pasado.

​ ¿Quién le ha disparado a bocajarro en la cabeza al Inmortal ?

​ No doy crédito. Ese tío era el mejor en su trabajo, un fuera de serie que llevaba años quitándose de en medio a todo aquel que incomodaba a sus poderosos clientes, desde políticos hasta empresarios, y nunca, jamás, dejaba rastro.

​ ¿Qué ha fallado esta vez? ¿Quién lo ha descubierto?

​ Me quedan menos de cinco minutos para llegar a casa, cuando caigo en la cuenta de que llevo encima el móvil de Patricia.

​ Mierda.

​ ¡Seré imbécil!

​ Me tengo que deshacer del móvil y no puedo hacerlo cerca de casa, aunque haberlo dejado encendido hasta aquí ya ha sido un riesgo.

Si a Patricia le pasara algo, lo primero que van a hacer es rastrear su móvil.

Aprovecho una rotonda para desviarme unos kilómetros de mi destino final.

Detengo el coche en una avenida solitaria, asegurándome de que no hay cámaras en los alrededores ni vecinos asomados en las ventanas y balcones.

A continuación, tiro el móvil de Patricia al suelo y lo aplasto repetidas veces hasta que queda destrozado.

Recojo los pedazos y los esparzo en un par de papeleras.

Vuelvo a subirme al coche con la sensación de que, esta vez, la he pifiado a lo grande y me van a pillar.

···

Cuando llego a casa, Victoria parece nerviosa.

​ ¿Se habrá enterado de que se han cargado al Inmortal , el sicario favorito de su padre?

​ —Llegas tarde —me reprocha, pero no lo hace con la dulzura de siempre en plan «trabajas demasiado, para un poco, que te queremos ver más…».

​ —¿Y los chicos?

​ —En sus habitaciones, para variar. Te he estado llamando.

​ —Me he quedado sin batería.

​ —Estaba viendo las noticias y… y han matado a un hombre en el parking de Las Cruces —me dice con aprensión, mientras yo opto por comportarme con naturalidad, aunque me pregunto qué han dicho exactamente y cuánta información hay sobre el asesinato.

No mucha, conjeturo, por el secreto de sumario que suele haber en estos casos.

No tengo ni idea de si la identidad del Inmortal ha salido a la luz, si tienen a algún sospechoso...

Pero necesito calmarme. No puedo mostrarme angustiado ni ansioso delante de Victoria.

Llevamos veintiocho años juntos y veinticinco de casados, que se dice pronto, y, por muy ingenua que sea, me conoce demasiado bien.

​ —Lo sé —confirmo muy a mi pesar.

​ —Tú… ¿estabas ahí, David? ¿Has visto algo? —inquiere, como si le pareciera imposible que un suceso así haya ocurrido en mi lugar de trabajo.

​ —Bueno, sí, al bajar al parking a buscar el coche me he encontrado con el percal.

​ Victoria me mira como si supiera que no le estoy contando toda la verdad, pero parece cansada, así que no insiste y yo lo agradezco.

​ —¿Has cenado?

​ —Me muero de hambre.

​ —Voy a decirle a Liliana que te prepare algo.

​ Por fin la pierdo de vista. La verdad es que tengo el estómago revuelto. Me temo que, sea lo que sea lo que me prepare Liliana, va a acabar en el retrete.

​ Los extraños días en Brétema y su abrupto final.

​ Patricia. Si habla, estoy perdido.

​ «Repite conmigo: ni una sola aventura más, y menos con una joven residente, maldito enfermo».

​ Y ahora esto.

​ El Inmortal . Muerto. Le han volado la cabeza. En el puto parking del hospital en el que trabajo.

​ Pongo el móvil a cargar. Si lo sé, me espero a mañana, porque empiezan a saltarme un montón de alertas, una detrás de otra, y no sé cuál me acojona más.