Patricia
Nunca he sido partidaria de poner celoso al hombre que te gusta.
Me parece un juego inútil e infantil que solo trae problemas, disgustos y soledad.
Pero, en vista de cómo David se ha portado conmigo hoy, me apetece cabrearlo y disgustarlo un poquito.
Llevarlo al límite. Hacerle creer que me puede perder en un abrir y cerrar de ojos, y que no estoy solo a su servicio.
Sabiendo que Lucas y Carla son hermanos, me siento con el derecho de flirtear con él a muerte, con la seguridad de ser correspondida, y que David se dé cuenta de que, en cualquier momento, puede aparecer otro que me haga tilín y quedarse sin amante.
Y es que…: «Solo eres la amante —me recuerdo—. Lo que haga o deje de hacer, no es asunto suyo».
Sirvo la cena sin quitarle el ojo de encima a Lucas, sabiendo que David está pendiente de él y de mí, del evidente tonteo que existe entre ambos.
David abre una botella de vino tinto, aunque los hermanos dicen que ellos solo beben agua.
Carla, sentada al lado de Lucas y delante de David, no hace contacto visual con nadie, y me sabe mal que no intente, al menos, entablar conversación o divertirse un poco.
Tiene la mirada fija en el plato. El inicio es un poco incómodo, no sabemos muy bien qué decirnos.
Somos unos desconocidos que se han encontrado por casualidad en uno de los lugares más recónditos y solitarios de toda Galicia.
Como supongo que David no sabe que Lucas y Carla son hermanos, le doy un sorbo a mi copa de vino y me encargo de dejarlo claro.
—Parece que tenéis una relación fantástica. Yo con mi hermano no me llevo muy bien, no me veo pasando unos días de vacaciones con él.
Carla, al fin, levanta la mirada del plato para fijarla en Lucas.
No sé muy bien cómo interpretarla, pero es posible que piense que su hermano me ha contado más de lo que ella desearía.
La relación tormentosa de la que acaba de salir, la depresión que está claro que padece, la vigilancia de su hermano por lo que «podría» hacer…
Los trapos sucios se lavan en casa.
—Sí, siempre nos hemos llevado bastante bien —contesta Lucas sin devolverle la mirada a su hermana.
—Pensaba que erais pareja —interviene David con un deje de preocupación que me encanta, pues ahora sí parece percatarse del peligro que supone la presencia de Lucas al que, expresamente, no dejo de mirar con una sonrisa boba que detesto que se haya instalado en mi cara, pero…
Sí, después de su desplante, compruebo con satisfacción que David está un poco celoso, porque dirige la mano a mi muslo y lo presiona con suavidad, marcando territorio.