La otra pareja del lago Clara
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Clara

Tengo miedo. No quiero salir de casa. Sé que Leo no tiene buenas intenciones con la pareja de Casa Alva.

¿Empezará el juego esta noche? ¿Esperará un par de días?

Ni idea. Lo único que sé es que Leo no tiene paciencia.

Es impulsivo y retorcido. Tampoco sirve de nada que lo fría a preguntas, porque no va a responder a lo que no le interesa.

​ —Cámbiate. Ponte algo presentable —me ordena.

​ —No tengo nada. Solo un par de sudaderas más y están sucias, apestan…

​ Leo me mira como si me perdonara la vida y se enciende un cigarro.

Da vueltas por la casa impaciente, esperando que el reloj marque las nueve de la noche para reunirnos con la pareja de al lado.

No quiere llegar tarde, pero tampoco demasiado pronto, porque eso nos haría parecer ansiosos.

No es una buena idea, y sería injusto que les hiciera algo.

Son inocentes. No han hecho nada. Solo han tenido la mala suerte de estar en el lugar incorrecto en el momento equivocado.

​ —Yo me cargué este lugar —suelta Leo de repente mirando a su alrededor con aprensión, sin que yo entienda a qué se refiere o a dónde quiere ir a parar.

​ —¿Cómo?

​ —Que por mi culpa, Brétema se convirtió en un lugar decadente.

​ —No entiendo… ¿Por qué dices eso?

​ —Y después, todo lo que me pasó fue por culpa de este puto lugar —sigue diciendo sin aclararme nada.

​ Últimamente, Leo habla más solo que conmigo.