Clara
—¿Por qué lo has hecho, Leo? —le pregunto cuando entramos en casa.
—Será divertido.
—Sé lo que estás planeando.
—A ver, cuéntame —me dice, retador, levantando la barbilla y cruzándose de brazos.
—Cuando en el bosque has dicho que esta noche los vas a grabar cuando empiecen a hacer sus cosas para chantajearlos, no estabas de broma.
Vas a chantajearlos. Vas a hacerlo de verdad.
Quieres que ese tío te suelte toda la pasta que le pidas para que su aventura con esa chica no salga a la luz. ¡No sabemos nada de ellos!
—Hoy los conoceremos mejor.
—Pero esa mujer… Patricia… ¿Y si nos ha reconocido? Parecía…
—Vamos, hombre, ni que fuéramos tan famosos.
—¡Nuestra cara ha salido en la tele! —me exaspero.
—Nuestra cara le suena, pero no sabe de dónde ni de qué, porque la gente va a su bola, Clara.
La gente va a su bola y vive deprisa y tiene mil cosas en la cabeza y, si la desgracia no va con ellos, no se centran.
Además, no le hemos dado nuestros nombres reales y, mientras esté aquí, no nos puede buscar.
No hay ni una puta raya de cobertura en toda la zona.
—¿Y cuando salga de aquí? ¿Eh? ¿Qué pasará cuando salga de aquí, caiga en la cuenta de quiénes somos y vaya a la primera comisaría que encuentre a decir dónde estamos?
Leo se queda en silencio, me temo lo peor.
—No los vas a…
—Shhhh…
Leo me cubre la boca con más ímpetu del que desearía.
Me recuerda al otro . Su mano huele a mandarina y tabaco.
Al poco rato, me suelta para llevarse la mano al bolsillo trasero de los tejanos raídos, de donde saca una cajetilla de Lucky Strike aplastada.
Con calma, coge un cigarrillo, se lo lleva a los labios y lo enciende con destreza.
—Clara, no hables más —añade, expulsando el humo a mi cara con aire amenazador. La escena me transporta a un pasado del que me es imposible escapar—. Recuerda que todo lo que dices se acaba cumpliendo.
«Estás loco», me muerdo la lengua, mirándolo con desdén antes de darle la espalda.
Voy a la habitación y me tumbo en la cama deseosa de cerrar los ojos y desaparecer del mundo, aunque solo sea por unas horas.
Pero parece que el momento que Leo ha vivido en el muelle con Patricia lo ha puesto cachondo, así que no tardo en sentir el peso de su cuerpo encima del mío.