La oscuridad llama (Shadowblade Academy 1) Capítulo 41 | Coralia
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Capítulo 41 | Coralia

Coralia

SUNNY ESTUDIÓ EL MAPA DE SOMbrAS y luego alzó la vista hacia el edificio que teníamos delante. Estábamos escondidos tras una montaña de escombros, arrodillados, con la cabeza asomando apenas por encima de aquel montón asqueroso.

Después de matar al Ala de cuero, habíamos seguido a Dax hasta una mochila que había dejado en el suelo para poder transformarse. La había cogido entre las fauces y había desaparecido por un callejón. Cuando salió de él, había recuperado su forma humana y estaba completamente vestido.

Habíamos avanzado unas cuantas manzanas más sin que nadie nos molestara, hasta llegar al punto señalado en el mapa como nuestro destino.

—Es ese —dijo Sunny, señalándolo con la barbilla.

Parecía un edificio más de la ciudad: oxidado, ruinoso y con los cimientos hundidos. Desde luego, no tenía nada de especial, y tampoco había Alas de cuero merodeando por allí para vigilarlo.

—Tiene dos plantas —susurró Dax—. Quizá tres.

Sunny soltó un gruñido.

—¿Cómo lo hacemos? —preguntó Venn.

—Yo digo que sigamos juntos —solté en voz baja—. Mirad lo que hicimos la última vez. Salió bien.

Sunny frunció el ceño. —Jace nos dijo que usáramos la formación de pájaro: derecha, izquierda, vanguardia y apoyo móvil.

—Jace no está aquí. Nosotros sí.

—Tiene razón —dijo Venn—. Deberíamos hacer lo que nos parezca mejor en cada momento. Y estoy de acuerdo: no me apetece entrar ahí sin saber si vais a cubrirme las espaldas.

—Te cubriremos las espaldas, Venn —respondió Sunny. Pese a lo que se hubiera dicho antes, estaba claro que Sunny sí se consideraba el líder del grupo. Ninguno íbamos a discutírselo, no después de la euforia que nos había dejado nuestra victoria sobre el Ala de cuero.

Llevábamos casi diez minutos hablando de estrategias. —Cada minuto que perdemos es un minuto más en el que pueden descubrirnos —dije.

Sunny suspiró. —Vale. Lo haremos a tu manera, princesa.

—Según el mapa, parece que hay dos entradas —dijo Dax, deslizando un dedo por la superficie del pergamino—. La que tenemos delante y otra por detrás, al otro lado.

Sunny entornó los ojos. —Yo digo que entremos por delante. No se lo esperarán.

—¿Sabemos siquiera si hay algo ahí dentro? Fuera está demasiado tranquilo... No me gusta. Venn se estremeció y tensó los músculos bajo su armadura feérica negra.

—Vamos, echadle huevos —dije con una sonrisa burlona mientras los tres me miraban, cada uno más o menos divertido—. Por decirlo de alguna manera. Hagámoslo.

—¿Quieres ir delante? —preguntó Sunny, todavía con aquella sonrisa prendida en las comisuras de los labios.

Me encogí. —Eh... La verdad es que no.

—Eso pensaba. Asintió, satisfecho consigo mismo, y yo puse los ojos en blanco. Después de meter el mapa de sombras en la mochila de Dax, dijo: —Supongo que iré yo delante.

—No pareces tan gallito como de costumbre —observó Venn.

—Es que preferiría que no me hicieran saltar por los aires en cuanto cruce esa puerta. ¿Y si hay una trampa?

—Estaremos justo detrás de ti, Sunder. Las palabras de Dax parecieron animar al vampiro a levantarse. Los demás hicimos lo mismo, con las manos en las empuñaduras de las espadas.

—Recordad vuestra magia. Recordad lo que habéis aprendido —dijo Dax mientras nos alejábamos poco a poco del montón de escombros.

Se le daban bastante bien los discursos para levantar la moral, y pensé que algún día sería un tutor estupendo...

si es que aparecía—. Esos monstruos son salvajes, pero previsibles.

Somos shadowblades. La imprevisibilidad está en nuestra naturaleza.

Aquello me hizo sonreír. Ninguno de nosotros era uno de los shadowblades. No éramos más que unos puñeteros estudiantes, y sin embargo estábamos allí, en primera línea, en una misión de asesinato que parecía demasiado importante para ser un simple encargo rutinario.

Tenía la sensación de que nos acercábamos a algún descubrimiento: uno que el director Cane y los mandamases de Shadowblade Academy ansiaban hacer.

Paseamos la mirada de un lado a otro, por el otro lado de la calle y por cualquier rincón donde pudiera esconderse alguien.

Aunque esconderse no era el estilo de los Alas de cuero. Algo me decía que no tardarían en dejarse ver. Si es que había alguno dentro del edificio.

—No os separéis de mí ni un segundo —prosiguió Sunny—. Si se nos echan encima, nos centraremos en uno cada vez. Así ganaremos: trabajando en equipo, como ha dicho Venn.

Me alegraba que todos estuviéramos de acuerdo. Ya teníamos un plan; ahora solo faltaba ponerlo en práctica.

Llegamos a la puerta, una mole de hierro con una barra atravesada por el centro.

—¿Y si entramos por detrás? —pregunté. Apenas oía mi propia voz por el torrente de sangre que me retumbaba en los oídos.

—No —susurró Sunny. Puso las manos sobre la barra de hierro, tensó los músculos y enseñó los dientes. Con cierto esfuerzo, consiguió levantar aquella mole.

Me resultó curioso que la puerta estuviera atrancada por fuera y no por dentro. —Espera.

Sunny no iba a esperar. Ya había levantado la barra y, por su aspecto, pesaba un huevo.

—¿Por qué está atrancada por fuera? —pregunté—. Si quieres impedir que alguien entre , no es la forma más inteligente de hacerlo, ¿no?

Dax soltó el aire de golpe. —Buena observación, Coralia.

—Se atranca algo por fuera para impedir que lo que hay dentro salga —dijo Venn.

Tragué saliva y un escalofrío de miedo me recorrió la espalda.

Sunny no nos hizo caso, apoyó la barra contra la pared y abrió la puerta.

Dentro reinaba la oscuridad. Había una especie de pasillo. Desde fuera, el edificio había parecido enorme a lo ancho, como un almacén. Era más ancho que alto. Así que el pasillo no me sorprendió del todo, aunque me dio miedo igualmente.

El vampiro fue delante con la espada desenvainada. Dax lo siguió, yo fui la tercera y Venn cerró la marcha.

Avanzábamos a paso de tortuga. No veía una mierda.

Más adelante, una luz turbia iluminaba una abertura. El estómago me dio un vuelco entre la expectación y el pavor. Aunque no tenía motivos concretos, ya me desagradaba el lugar en el que estábamos a punto de entrar. Íbamos demasiado a ciegas.

La segunda sala estaba llena de grandes cajas de acero apiladas, de esos contenedores que se transportan en los buques de carga. Nos proporcionaban buenas sombras que aprovechar y lugares donde escondernos.

Me metí en una sombra a la izquierda de Sunny. Dax se desplazó a la derecha. Venn se quedó justo detrás del vampiro, con la espada envenenada desenvainada.

—Los huelo —susurró Dax.

La sala daba paso a un espacio que me recordó a una cárcel. Nos asomamos sin alejarnos de los escondrijos que formaban los contenedores apilados.

La estancia tenía dos niveles: delante de nosotros se extendía una amplia zona despejada y, por encima, una pasarela rodeaba todo el espacio.

Al fondo de la sala, unas escaleras subían hasta el balcón que la circundaba.

Desde abajo se veía a través de la celosía de acero de la pasarela, con su entramado en forma de panal.

Desde arriba caía una lluvia de polvo. La pasarela temblaba bajo el peso de algo que se movía.

Se me heló la sangre. Al recorrer la estancia con la mirada, comprendí que no era como una prisión...

era una prisión. O, al menos, lo había sido.

Eso explica la barra de hierro por fuera de la puerta.

Entonces caí en la cuenta de lo que me había extrañado del edificio desde fuera: no tenía ventanas.

En las esquinas había bloques de celdas separados: cuatro sectores en el nivel inferior y, sospechaba, otros cuatro en el superior.

La pasarela sobre nuestras cabezas seguía traqueteando.

—Parece que están todos arriba —susurró Venn.

Justo cuando íbamos a abandonar la protección de los contenedores, nos llegó desde arriba un sollozo entrecortado. Al mismo tiempo, en el extremo opuesto de la sala, vi las pezuñas hendidas de un Ala de cuero que bajaba las escaleras dando tumbos hacia el nivel inferior.

Estaba a unos quince metros como mínimo. En cuanto llegara abajo, nos vería sin obstáculos de por medio.

—Mierda, va a vernos —dije. ¿Y qué coño era ese llanto que he oído? Intenté no pensar en ello y concentrarme en lo que teníamos entre manos.

Sunny emitió un ruido extraño, parecido a un rechinar de dientes. Fruncí el ceño. A mi derecha sonaron crujidos, como si algo se estirase. Miré y vi que Dax se estaba transformando; su ropa feérica yacía amontonada en el suelo.

Antes de que pudiera abrir la boca para preguntarles qué hacían, Sunny salió disparado. Se movía a la velocidad del rayo, intentando llegar a la escalera antes de que el Ala de cuero alcanzara el último peldaño.

Ya no había vuelta atrás.

Dax pasó como una exhalación junto a Sunny. Sus poderosas patas traseras lo impulsaban incluso más deprisa que la velocidad sobrenatural del vampiro.

Me dispuse a lanzar un grito de guerra y eché a correr.

La mano de Venn cayó sobre mi hombro y me detuvo en seco.

Hizo un gesto impreciso con las manos y luego salió con sigilo de nuestro escondite.

En lugar de lanzarnos al ataque, nos deslizamos entre las sombras que proyectaba la pasarela, intentando ocultarnos mientras avanzábamos hacia las escaleras.

La sorpresa se dibujó en el rostro del Ala de cuero cuando llegó abajo y se encontró con un vampiro y un cambiapieles de pantera que cargaban directamente contra él.

Sunny descargó un tajo con la espada mientras Dax se lanzaba por los aires. Ambos alcanzaron al monstruo a la vez.

De los pulmones del Ala de cuero salió un rugido deforme. Se desató el caos.

Sobre nuestras cabezas se oyó el batir de unas alas. Alcé el cuello y vi a un Ala de cuero lanzarse desde el balcón, a unos cuatro metros y medio de altura. Aterrizó con las rodillas flexionadas y un golpe sordo...

...justo delante de Venn y de mí, aunque estaba de espaldas a nosotros, mirando hacia Dax y Sunny.

El Ala de cuero dio un pisotón y corrió hacia nuestros compañeros.