Capítulo 37 | Coralia
Coralia
NO PODÍA CREER que Venn Gable me hubiera engañado. Que hubiera confiado tanto en él. ¡Que hubiera dejado que me follara ! Ahora, después de lo que acababa de contarme, la sola idea me repugnaba.
Y, sin embargo, una parte traidora de mí aún deseaba sentir su contacto. Mi cuerpo ansiaba que sus manos me recorrieran la piel mientras sus labios se estrellaban contra los míos.
Necesitaba tiempo para pensar. A solas.
Tuve que apartar mis pensamientos para otro momento, porque Jace Hudson entró en la habitación seguido de la alta figura de Sunny, y los dos acapararon mi atención. Cuando Venn se coló detrás de ellos, dejando la habitación atestada, me hervía la sangre y le lancé una mirada asesina.
Parecía abatido, incapaz de sostener mi mirada furiosa. Me encogió el corazón verlo tan alicaído, después de haberlo conocido siempre tan animoso.
Él se lo había buscado, maldita sea.
—Me alegra ver que todos estáis vivos y bien —dijo Jace desde el otro extremo de la habitación. No era a mí a quien dirigía el ceño fruncido, y me volví para ver a Charli encogiéndose al fondo—. Señorita Fairfax, si fuera tan amable de dejarnos un momento a solas.
—Ah, claro, sin problema —chilló ella, y se puso en pie con Brucey posado en el hombro.
—Iré con ella —dije, levantándome. Así tendría tiempo para...
Choqué con el brazo que Jace había extendido para impedirme salir. —No, señorita Hargrave. Usted se queda. —Señaló con la barbilla el sitio donde acababa de estar sentada.
—¿Por qué? Parece un asunto del Guante.
—Lo es.
—Pues yo no formo parte del Guante.
—Aun así, ha estado implicada en lo que ha ocurrido últimamente. Demasiado, añadiría yo. Siéntese.
Refunfuñando para mis adentros, le dediqué a Charli una sonrisa de impotencia mientras salía.
Ocupaba tan poco espacio que su ausencia apenas alivió la sensación de agobio en aquella habitación de la enfermería.
Había demasiados hombres a mi alrededor: Dax, recostado en la cama y callado como de costumbre; Sunny, de pie junto a Jace con expresión hosca, como si fuera el segundo al mando; y Venn, en un rincón, con aún menos ganas que yo de estar allí.
—Sunny me ha informado de lo ocurrido en Asberald City. Aunque me decepciona que los tres fuerais allí solos y sin prepararos, la incursión también ha dado sus frutos.
—¿Nos está dando las gracias o echándonos la bronca? —solté. Aún tenía los ánimos encendidos.
—Las dos cosas.
Eché humo. —Cuando dice «los tres», ¿se refiere a Genevieve o a Dax?
—Dax debía estar allí. Usted y Sunny, no. Me refiero a la señorita Jade.
—Que ahora ha desaparecido.
—Que ahora ha desaparecido —repitió—. ¿Puedo hablar, señorita Hargrave? ¿O va a seguir interrumpiéndome?
Me callé y me encogí bajo su mirada severa. El profesor Hudson no era alguien con quien se pudiera jugar, y su imponente presencia me intimidaba. No era Venn: no podía estallar contra él ni descargar mi rabia sobre el profesor. —P-perdón.
Soltó un gruñido. —Después de hablar con el director Cane y hacerle comprender la gravedad de la situación, me ha dado la razón. Ya se ha decidido el trabajo final de mi Guante.
Venn intervino. —¿Tan pronto, señor? Acabamos de hacer los exámenes parciales.
—Lo sé. Por desgracia, en esta misión el tiempo apremia. No puede esperar. —Dirigió la mirada a Dax, tendido en la cama, y le dedicó al cambiapieles herido una sonrisa torcida—. Quiero felicitarte por el buen trabajo que has hecho, Dax. Le has prestado un gran servicio a la Academia.
—Servir a la Academia es mi trabajo, señor.
Claro que Dax tenía que salir con algo así. Puse los ojos en blanco y fruncí la frente. —¿De qué habla, Dax?
—Cuando me abalancé sobre el demonio delante de ti, le incrusté un rastreador mágico en la piel —explicó.
—Hemos podido seguir la trayectoria del demonio a través del Plano de las Sombras —añadió Jace.
Que los Espíritus me cuelguen de un tendedero , pensé, con la rabia palpitándome en las venas. ¿Hasta Dax tenía un motivo oculto para salvarme?
—No ponga esa cara de desánimo, señorita Hargrave. Creemos que los demonios nos conducirán hasta Genevieve. Y quizá también hasta su hermana.
Me puse en alerta. —¿D-de verdad? ¿Cree que están vivas?
—No lo sabemos. Por eso urge llevar a cabo esta misión. Si tenéis éxito, ascenderéis a la clase Fantasma.
Eso me importaba una mierda.
—Un momento —dijo Sunny con su voz profunda y cálida. Se separó de la pared—. ¿Ella viene con nosotros? Es una mala idea, Jace.
—No ha sido idea mía —respondió el Muñeca.
Miré a Sunny con hostilidad. —¿Por qué es una mala idea?
—Sin ánimo de ofender, princesa, pero eres un lastre. —Cruzó los brazos sobre su corpulento pecho.
Ah, así que solo me ha aguantado porque no le quedaba otra. Ahora sale la verdad a la luz. La rabia que se me había anudado en el estómago amenazaba con estallar y hacerme perder los nervios por completo. ¡Serán hijos de puta! ¡Los tres! ¡Justo cuando empezaban a gustarme!
—Durante el ataque te quedaste paralizada —dijo Sunny.
No le faltaba razón. —Me repuse.
—Aun así. Genevieve, Dax y yo tuvimos que perder tiempo asegurándonos de que estabas bien. Protegiéndote.
—¿Estás diciendo que por eso se llevaron a Vivi? ¿Porque estabais distraídos intentando protegerme?
Me miró con los párpados entornados y expresión aburrida. —No.
—Yo creo que sí —lo desafié. ¿Y quieres contarle a tu preciado Muñeca por qué estabas distraído conmigo? ¿Podría ser porque sientes algo por mí? ¿Porque te entran ganas de cosas? ¿Como cuando te alimentaste de mí tan contento, como una sanguijuela?
Sunny no mordió el anzuelo. Se volvió hacia Jace. —No está preparada. Eso es todo lo que digo.
Me levanté de golpe. —Me asusté, señor. Lo siento, pero no volverá a pasar. Si este grupo va a hacer algo relacionado con la desaparición de mi hermana, tengo derecho a ir con ellos.
—Coralia también desplegó una enorme manipulación de sombras alrededor de uno de los demonios —dijo Dax, que me sorprendió saliendo en mi defensa—. Aunque no lo retuvo mucho tiempo, me dio el suficiente para rehacerme después de recibir esta herida.
Al menos hay un hombre admirable en esta puta habitación... cuando le da por serlo.
—Estoy de acuerdo con Dax —terció Venn—. Creo que Coralia lo hará muy bien. Está preparada.
No podía mirarlo. Aunque agradecía que Venn me defendiera, aún tenía demasiado presentes sus palabras en el pasillo.
Jace nos recorrió con una mirada irritada, pasando de uno a otro.
Con voz seca, dijo: —Me encanta esta situación de la Comunidad del Anillo .
De verdad. Pero mi trabajo no consiste en arrear gatitos, sino en transmitiros las órdenes.
Coralia participará en la misión porque el director Cane cree que es esencial para encontrar a Myria Hargrave. Si sigue viva.
Me invadió el orgullo. —Gracias, Muñeca.
—No soy su Muñeca —espetó—. Como usted misma ha dicho, no forma parte de mi Guante. Se ha pegado a mi grupo, así que no queda más remedio. No hago esto porque confíe o deje de confiar en su instinto y su determinación, señorita Hargrave. Lo hago porque me lo han ordenado.
Bueno, al menos Jace no se andaba con rodeos. Aunque sus palabras dolían, se agradecía oír una declaración sincera de alguien; una que no tuviera que leer entre líneas para comprenderla. —Con eso me basta —dije—. ¿En qué consiste la misión?
—Nuestro localizador ha seguido al demonio hasta el corazón de Asberald City. Hasta ahora solo hemos bordeado las afueras de la ciudad, así que no sabemos a ciencia cierta qué peligros pueden aguardarnos. Quizá llamemos a un experto para que nos ayude.
El profesor sacó un pergamino enrollado que llevaba a la espalda y lo extendió sobre la camilla vacía en la que yo había estado descansando.
Sunny, Venn y yo nos apiñamos a su alrededor.
El pergamino estaba en blanco y tenía los bordes deshilachados; parecía un rollo antiguo.
Jace pasó la palma de la mano por su superficie.
A su paso, una negrura brumosa se extendió por el pergamino como tinta derramada.
Entre aquella oscuridad aparecieron edificios que reconocí.
—Esto es un mapa de sombras —dijo, aunque Venn y Sunny no parecieron sorprendidos al verlo—.
Junto con el vínculo mental feérico de Venn, el mapa de sombras me permitirá mantenerme en contacto con vosotros durante toda la operación.
—Mientras recorría la nube negra con la mano, la mancha oscura se desplazó siguiendo sus dedos, hasta mostrar otros edificios de Asberald City.
El mapa de sombras era como una bola de cristal para los shadowblades.
Joder, qué pasada.
Jace señaló una zona concreta del mapa. Sin volverse, preguntó: —Dax, ¿estarás listo dentro de unos días?
—Sí, señor. Debería estarlo incluso antes. La herida casi ha cicatrizado.
—Bien.
—¿Listo para qué? —pregunté.
Jace Hudson siguió señalando el mapa. —Iréis a estas instalaciones, adonde huyó el demonio. Hasta allí nos ha conducido el localizador.
Al volverse hacia mí, su expresión solemne me atravesó de parte a parte.
—Su misión, señorita Hargrave, consiste en acabar con todos los demonios que haya en las instalaciones para impedir que se propaguen más allá de Asberald City.
Mientras tanto, reuniréis información sobre lo que hay dentro del edificio.
Rescatad a Genevieve si podéis... a su hermana, si está allí...
y matad al resto. —Se irguió en toda su estatura y cruzó los brazos—.
Mantened confinados a los engendros demoníacos.