La oscuridad llama (Shadowblade Academy 1) Capítulo 36 | Venn
84%

Capítulo 36 | Venn

Venn

TARDÉ TODO EL DÍA en reunir el valor para enfrentarme al director Cane.

Después de aquella increíble aventura en el bosque con Coralia, lo que sentía por ella alcanzó nuevas cotas.

No había sabido nada de ella desde la noche anterior, y eso no era buena señal.

Tampoco había sabido nada de mis compañeros de Guante, así que me sobró tiempo para pensar... y para compadecerme de mí mismo.

Me hacía una idea de cómo reaccionaría Coralia cuando por fin le contara la verdad sobre mí. Tenía mucho carácter.

Necesitaba que me perdonara.

Al final, ya no pude soportar la ansiedad y entré a toda prisa en el Fuerte Nocturnus cuando empezaba a ponerse el sol. Una luz anaranjada se filtraba por las vidrieras y se extendía por la primera planta del antiguo castillo.

Recorrí los pasillos alfombrados de rojo, subí un tramo de escaleras y llegué al despacho principal del director. El guardia apostado fuera me lanzó una mirada suspicaz al verme acercar. —Tengo que hablar con el director —dije, alzando la barbilla.

El hombre, alto y ataviado con la armadura de cuero negro de la Academia, volvió hacia mí el rostro cubierto por una máscara. —Le estaba esperando.

Reprimí un escalofrío y pasé por su lado sin detenerme.

El director estaba inclinado sobre su escritorio, escribiendo algo en un pergamino. La tinta y la pluma que utilizaba le conferían importancia a lo que hacía. Sin levantar la vista, dijo: —Donovenn Gable.

—El guardia dice que me esperaba, señor. ¿Por qué?

Durante un momento no dijo nada. El leve rasgueo de la pluma llenó la habitación.

Cuando la dejó y me miró con aquellos ojos hundidos y diminutos, su barba de abuelo me impidió descifrar su expresión.

—No se trata de «por qué», hijo. Tú espías para mí y yo espío a todo el mundo.

Es lo que más le conviene a la Academia.

Su despreocupada confesión hizo que me recorriera el escalofrío que había estado conteniendo. Si me ha estado espiando, ¿sabrá lo de mi escapada al bosque con Coralia? Tenía que dar por hecho que sí, aunque no veía cómo era posible. Habría notado que alguien nos observaba.

Aparté las dudas y aquel impulso interior que me instaba a huir. Me armé de valor y cerré los puños a los costados. —Con todos mis respetos, director Cane, no voy a hacerlo.

—¿Hacer qué? —Se pasó una mano por la barba, con un destello de interés en los ojos.

—No voy a matar a Coralia.

—¿ Matarla ?...

—Sé que acabará pidiéndomelo —solté, interrumpiéndolo antes de lanzarme a explicárselo todo—.

En Shadowblade Academy se forman asesinos.

Los trabajos finales consisten en exterminar a alguien para demostrar nuestra lealtad.

Siempre ha sido así. Después de espiar a alguien, lo lógico es que mi trabajo final como Fantasma sea una exterminación. ¿Y a quién si no...?

Alzó una mano huesuda y mi parloteo cesó en seco. Oía los latidos de mi corazón retumbarme en los oídos.

—Se nota que te ha costado prepararte para esto, Donovenn. Así que dime: ¿qué clase de operación crees que dirijo aquí?

—¡Escuadrones de la muerte, director!

Frunció el ceño de forma ostensible bajo la barba. —Escuadrones de la muerte. ¿Y a quién matamos?

Vacilé. —¿A quienes se lo merecen? O, en cualquier caso, a quienes tú consideras necesario eliminar.

—Exactamente. ¿Y se lo merece Coralia Hargrave?

—No —respondí con firmeza.

Bajó la barbilla. —Entonces, ¿por qué diablos iba a querer que la mataras, hijo?

Abrí la boca, pero no me salió ningún sonido. Me quedé aturdido. —¿Cómo? —fue lo único que se me ocurrió decir, completamente desconcertado.

—He dicho que por qué diablos iba a querer que asesinaras a Coralia Hargrave.

—Bueno, supuse que para mi examen final de Fantasma...

—No. La prueba final de su Guante ya se le ha asignado a Muñeca Hudson.

Parece que los últimos acontecimientos nos han obligado a adelantarla este año.

No es habitual celebrar el examen final tan cerca del parcial, pero no nos queda otra.

Estoy seguro de que pronto informará de la misión a su equipo. Incluido tú.

No sabía qué decir. Estaba conmocionado. —Entonces, ¿no tengo que matar a Coralia?

—¿Has oído algo de lo que acabo de decir?

—Sí, señor.

—Bien. Por ahora, seguirás vigilándola.

—¿Por qué?

Entrelazó los dedos sobre el escritorio.

—Porque Coralia está más decidida a encontrar a su hermana que nadie en esta academia.

Y tú eres el miembro más tratable del Guante de Hudson, al que pertenecía Myria.

Si Coralia encuentra a su hermana, yo también la encontraré gracias a ti. ¿Te queda un poco más claro?

Sí. Se me quedó la boca abierta y tardé un momento en cerrarla. Llevaba todo el semestre preguntándome por qué Coralia le interesaba tanto al director Cane.

Al parecer, se debía a que deseaba encontrar a Myria Hargrave tanto como Coralia. ¿Significa eso que Myria es más importante para la Academia de lo que pensaba? ¿Por qué tiene Alaric tanto empeño en encontrarla? ¿Y cómo demonios voy a ser yo la clave para unir todas las piezas?

Supuse que no lo era. Yo solo era el vínculo que unía a Coralia con la Academia y el director Cane. Alaric necesitaba servirse de alguien en quien ella pudiera confiar, y conmigo era fácil hablar.

Me sentí utilizado y, en cierto modo, traicionado en nombre de Coralia.

Pero ¿cómo puedo sentirme así? Siempre supe que lo que hacía estaba mal, que era un engaño.

Probablemente dolía tanto porque Alaric por fin lo había expresado con palabras.

Me lo había puesto todo delante de las narices, o al menos todo lo que estaba dispuesto a contarme.

Aquello me hizo pensar que mi pequeña misión basada en el engaño se acercaba a su fin; de lo contrario, no me habría dejado esas migajas para que siguiera el rastro.

—Bueno, después de darle tantas vueltas al asunto, ya has descuidado tus obligaciones —dijo el director.

Fruncí el ceño. —¿A qué se refiere, señor?

—Coralia ha conseguido salir del campus a escondidas. —Hizo un gesto con la mano al ver mi expresión de desconcierto—. No te preocupes, no se meterá en problemas. Pero está en la enfermería. Dax Kilmeade también.

—¿C-cómo?

Asintió con gravedad. —Los dos se pondrán bien. De todos modos, te sugiero que vayas allí.

—Sí. Ahora mismo, señor. —Me volví hacia la puerta.

—Espera, Donovenn.

Con la mano ya tendida hacia el pomo, miré por encima del hombro. —¿Sí, director?

—Ya que estás aquí, me gustaría saber qué has averiguado sobre Coralia Hargrave hasta ahora. Informa, Fantasma.

¿Quieres decir qué has averiguado que yo pueda utilizar contra ella?

No, no podía pensar así ahora. No si a Alaric de verdad solo le preocupaba el bienestar de Myria.

Pensé en todo lo bueno de Coralia: su risa ronca, su mirada entornada, los mechones rojos de su pelo.

La lealtad inquebrantable que demostraba.

Sus curvas generosas y la suavidad de su piel cuando hundía los dedos en su cuerpo.

La nube de vainilla de su aroma, que me volvía loco cuando aspiraba su esencia justo antes de deslizarme dentro de ella.

Tomé aire bruscamente y levanté la vista del suelo para mirar al director, aturdido. —¿Por dónde empiezo, señor?

UNA ENFERMERA DE LA ENFERMERÍA me indicó una de las salas del fondo, desde donde me llegaban voces conocidas que me pusieron aún más nervioso.

Entré en la sala y enseguida localicé a Coralia; nunca mejor dicho. Nuestras miradas se cruzaron y se le iluminó la cara. El estómago me dio un vuelco mientras la angustia me recorría las venas.

—¡Venn! —exclamó, levantándose de la cama. Antes de que se me ocurriera qué decir, se acercó deprisa y me rodeó con los brazos—. Te he echado de menos.

Su voz ronroneante me erizó el vello de la nuca mientras hundía la cara en el hueco de mi hombro. La rodeé con los brazos y la abracé con fuerza, consciente de que quizá sería la última vez que podría hacerlo antes de revelarle todos mis secretos. —Ojalá hubiera sabido que te habías ido.

—Todo ocurrió muy deprisa. Siento no haber tenido ocasión de decírtelo.

—¿Qué pasó?

—Es una larga historia.

La aparté lo suficiente para contemplar sus hermosos rasgos, cada rincón de su terso rostro. Antes de que la duda y el miedo me engulleran, dije: —Coralia, ¿podemos hablar... a solas?

Frunció el ceño, desconcertada. —Claro.

Mientras ella salía al pasillo, bajé la mirada hacia Dax, tumbado en la camilla que tenía delante. —¿Estás bien, hermano?

—Mejor que nunca, Donovenn.

Miré a Charli, sentada en el borde de la cama de enfrente. Me saludó con un leve gesto de la mano y yo le sonreí y asentí.

Ya fuera de la sala, tuve que hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad para no removerme nervioso.

Coralia empezó a hablar, entornando los ojos con una sonrisa traviesa. —¿Estás buscando un cuarto de limpieza donde llevarme para volver a hacer conmigo lo que se te anto...?

—Coralia, tengo que contarte algo. Créeme, cariño, no hay nada que desee más que eso.

Al oír la seriedad de mi voz, se detuvo y la picardía desapareció de su rostro. —Ah. ¿Qué pasa?

La ansiedad me revolvió el estómago y noté que la bilis me subía por la garganta. La hora de la verdad. —Yo... No sé cómo decirte esto.

—¿Decirme qué, Venn? —Retrocedió un paso y arqueó las cejas, preocupada.

—No he sido del todo sincero contigo, cariño.

Inclinó la cabeza.

Las palabras me salieron atropelladas mientras agitaba las manos en círculos como un loco. —Yo..., nosotros..., lo que tenemos. Créeme, me encanta. No quiero nada más que seguir con ello porque es lo mejor que me ha pasado nunca, y...

—Venn. Venn. Más despacio. No se te entiende nada. —Me puso una mano con delicadeza en el hombro—. Respira hondo.

Lo hice. Menos mal, porque, de no haberle hecho caso, habría acabado hiperventilando. Me preparé y lo solté todo de golpe. —Antes de conocerte, el director Cane me encargó que te espiara, cariño.

—¿Espiarme? ¿Qué quieres...?

—Me ordenó que me acercara a ti. Que averiguara cosas sobre ti. Al principio no estaba seguro de por qué. He querido contártelo todo este tiempo, pero entonces nosotros... Ya sabes. Y fue maravilloso.

La confusión de su rostro se transformó en dolor y le tembló el labio inferior. Ver cómo se le descomponía la cara me rompió el corazón. Retrocedió un paso. —¿Me... estabas espiando a mí ?

Alcé las manos en señal de rendición. —¡Al principio! Después me di cuenta de lo mucho que me importabas de verdad. Créeme, Cor, puede que lo nuestro empezara con engaños, pero todo lo que pasó en el bosque... Eso fue real.

—¿Ah, sí, Venn? —Su voz sonó cargada de rabia.

Apretó los labios hasta convertirlos en una línea y el rostro se le contrajo de ira—.

Tienes que estar de broma. Todo este tiempo...

¿Todas aquellas sesiones nocturnas de estudio de Alquimia ?

¿Las comidas en el comedor? ¿Conocernos el uno al otro? ¿Todo era mentira?

Tragué saliva. Me ardían los ojos. —No todo era mentira, Coralia. Te quiero de verdad.

—No. —Cortó el aire con una mano—. No me digas eso. —Se abrazó el pecho con fuerza, como si quisiera huir de allí—. ¿Qué quería averiguar sobre mí ese cabrón tan escurridizo, eh?

—El director quiere encontrar a tu hermana. Igual que tú.

Alzó el labio superior en una mueca de desprecio. —No te creo. Si quisiera encontrar a Myria, ya lo habría hecho. ¿Qué más?

Aparté la mirada, incapaz de soportar la furia en su hermoso rostro por miedo a que esa imagen se me quedara grabada para siempre. —Él... Creía que iba a pedirme que hiciera otra cosa. Pero me negué. Le dije que no lo haría.

—¿Qué creías que iba a...? —Se interrumpió y abrió mucho los ojos. Fue como si en ese instante todas las piezas del rompecabezas encajaran de golpe—. Hostia puta. ¡Iba a ordenarte que me mataras!

Las enfermeras y los pacientes que pasaban por el pasillo nos miraron con las cejas levantadas.

Me incliné hacia ella, intentando calmar su ira y acercarme. —¡No! Me dijo que eso nunca había formado parte del plan.

Se apartó de golpe, lo que me atormentó todavía más.

—¡Y una mierda! No me lo puedo creer. —Se llevó una mano a la frente, conmocionada—.

No puedo creer que tú me hayas hecho esto.

Todo este tiempo pensé que me estaba enamorando de un hombre honrado y amable.

El primero que he conocido aquí. Y todo era mentira.

—No era mentira, Cor...

—Cállate. No. No soporto seguir escuchando tu voz, Venn. Ahora mismo no aguanto ni mirarte. —Dicho esto, se volvió a un lado con un gesto que dejaba claro que no quería saber nada más de mí.

La adrenalina empezó a disiparse mientras asimilaba la verdad de lo ocurrido.

Sabía que aquello era el final y que no podía hacer nada para remediarlo.

Ya había dicho lo que tenía que decir. Ahora debía dejar en paz a Coralia, por mucho que me doliera.

Necesitaba sacar sus propias conclusiones. Yo no podía impedírselo.

Asentí abatido, con los hombros caídos. —Lo siento, Coralia. Lo siento de verdad. —Y me volví para marcharme.

Había avanzado unos pasos por el pasillo cuando una voz me detuvo.

—¿Adónde te crees que vas?

Levanté la vista de las baldosas de linóleo y me encontré con el rostro barbudo de Jace Hudson. Sunny estaba detrás de él. —Muñeca Hudson —dije con voz apagada—. ¿No puede esperar? Ahora no puedo...

—No, no puede esperar. No ahora que os tengo a todos reunidos. Tengo un anuncio importante para el Guante, Venn, así que vuelve a esa sala de una vez.