La oscuridad llama (Shadowblade Academy 1) Capítulo 34 | Coralia
81%

Capítulo 34 | Coralia

Coralia

EL CANSANCIO QUE ME LLEGABA AL HUESO me golpeó de camino de vuelta a Shadowblade Academy.

Los efectos posteriores de la batalla, de tirar de mi poder y de pasar tanto miedo me asaltaron de golpe.

Éramos el mismo número de personas que cuando habíamos salido, pero habíamos perdido a una mujer y ganado a un hombre.

Resultó que la herida de Dax era peor de lo que había dejado ver.

Cuando volvió a su forma humana, encontró unos trapos en el asqueroso suelo para cubrirse con ellos —decepcionante, eso— y cojeó hasta nosotros.

Teniendo en cuenta el pudor de Dax, tenía sentido que se vistiera después de cambiar de forma, aunque dudaba que lo hubiera hecho si solo hubiéramos estado él y Sunny.

La verdad era que a mí no me habría importado quedarme con una instantánea indecente del hombre.

Dejé a un lado mis pensamientos locos y lascivos en cuanto vi cómo los trapos que presionaba contra su cuerpo se manchaban de sangre a toda velocidad.

Sunny pasó el brazo de Dax por encima de su hombro para ayudar al cambiapieles a caminar. —Tenemos que volver ya mismo.

Por la necesidad de Dax de recibir atención médica, apreté el paso a pesar de mi agotamiento, apresurándome tras el cambiapieles de pantera que cojeaba y el irascible vampiro.

Yendo unos pasos por detrás de ellos, me detuve un momento para fijarme en lo entrañables que se veían, los dos al mismo paso, del brazo, ayudándose el uno al otro. Una verdadera muestra de hermandad.

Ojalá hubiera visto este tipo de camaradería en Sunny desde el principio. Igual no habríamos empezado con tan mal pie.

El vampiro había ido cambiando poco a poco, al parecer, pero yo seguía sin tenerlo del todo claro. No sabía si le caía bien o si me veía como una molestia y simplemente me aguantaba.

Aceleré el trote hasta alcanzarlos mientras mis pensamientos se desvanecían: no quería estar sola ni un segundo en aquella ciudad infestada de demonios.

De reojo, vi la derrota escrita en el rostro de Sunny.

Estaba aún más pálido de lo normal, con la cara cubierta de sudor.

Dax intentaba ocultar la mueca que le provocaba el dolor que sentía, pero lo que no podía esconder era la sangre que le corría por el costado y la pierna. Estaba sufriendo muchísimo.

Mientras caminábamos, carraspeé e intenté animarnos. —Nos han dado una paliza, chicos, pero no hemos perdido. No lo olvidemos. Todavía no hemos salido de la pelea.

—Gracias por la charla motivacional, princesa —gruñó Sunny—. Seguimos habiendo perdido a Vivi.

Fruncí el ceño.

—Tiene razón —dijo Dax, saliendo en mi defensa y haciendo una mueca al hablar—. Igual que con el intento fallido, podremos sacar información de esto, Sunder.

—¿Como qué? —Sunny torció el gesto mientras miraba fijamente al frente y nos guiaba por las calles oscuras y serpenteantes—. Entonces no sabíamos qué coño era esa cosa demoníaca, y ahora seguimos sin saberlo. Lo único que sabemos es que hay más de las que pensábamos, lo cual no es muy alentador.

Vale, así que el optimismo de Sunny Conway iba por casos. Teniendo en cuenta que acababan de patearnos el culo, entendía perfectamente su enfado.

—Esta vez conseguiremos respuestas —lo tranquilizó Dax—. Entonces no sabíamos qué preguntas hacer. Nos dijeron que guardáramos silencio sobre todo lo que pasó. Ahora no. Después de esto no pueden mantenernos en la oscuridad. Nunca mejor dicho.

Sonreí, porque era la primera vez que oía a Dax soltarse un poco. Que además lo hiciera estando herido y justo después de una derrota me desconcertaba.

Sunny puso los ojos en blanco, claramente nada apaciguado.

—¿No lo pillas, hermano? —Dejó de caminar el tiempo justo para enderezarse y recolocar mejor el brazo caído de Dax sobre su hombro—.

Hemos desafiado las normas de la Academia viniendo aquí.

Ya viste la tormenta de mierda que se desató cuando aparté a Coralia del campus por accidente mediante un portal.

No podemos llevarles esto a los de arriba.

Siendo el niño bueno que eres, tú deberías saberlo mejor que nadie.

—¿Niño bueno?

—¿Fanático de la moral? ¿Pelota? ¿Te sirven más esos términos...?

—Chicos... —chillé, intentando meter baza—. Por favor, no os vayáis por las ramas. Estamos todos cansados. La moral está por los suelos.

Como era de esperar, ambos me ignoraron.

—¿Estás aludiendo a mi misión fuera de los terrenos del campus, Sunder? ¿La que me encargó el director Cane?

—Sí —escupió Sunny. Resultaba cómica la escena de los dos discutiendo a escasos centímetros de la cara del otro con el brazo de Dax aún colgando sobre su hombro y estrechamente sujeto—. Perdona si estaba siendo demasiado vago.

—Si eso es lo que te preocupa —dijo Dax—, ¿no crees que mis actividades extraescolares para Shadowblade Academy me darían cierto margen en lo referente a esta salida nocturna?

—Para ti, quizá. Para nosotros, no. —Sunny me señaló con un gesto de la barbilla.

Los ojos de Dax se entornaron. —Veo que estás frustrado, Sunder. Habla claro.

Se sostuvieron la mirada, y Dax acabó dejando caer el brazo del hombro de Sunny. Sus fornidos pechos quedaron separados por apenas unos centímetros.

Mis ojos muy abiertos iban de uno a otro: cara pálida, cara oscura. Cara pálida, cara oscura. De algún modo, me sentía un poco sucia viendo aquella bronca fraternal.

A no ser que acaben besándose. Ese tipo de suciedad sí la apruebo.

Sacudí la cabeza para apartar esos pensamientos.

¿De dónde coño está saliendo todo esto? Ah, claro.

Hace unas horas estaba teniendo sexo salaz y sudoroso en el bosque con el otro miembro de este pequeño triángulo.

Casi se me había olvidado con todo lo que había pasado desde entonces.

Tenía que relegar al fondo de mi mente la imagen de la polla dura de Venn embistiéndome, porque las siguientes palabras de Sunny fueron las más altas hasta el momento.

—¿Adónde fuiste? —exigió.

Dax frunció el ceño.

—¿Adónde te envió el director Cane?

—Sabes que no puedo decirte eso hasta que informe al director y me dé su visto bueno. —Había un ligero matiz de vergüenza en el rostro de Dax mientras apartaba la mirada.

Se notaba que no se sentía bien guardándole secretos a su compañero de Guante, pero tenía obligaciones que cumplir y, si algo era, era un hombre honorable.

En lugar de estallar, Sunny volvió a desinflarse, los hombros hundiéndosele de decepción. —Ya está. Me acabas de dar la razón. Eres el puto lacayo de Cane.

La cabeza de Dax se alzó de golpe; la vergüenza desapareció para dejar paso a un gesto bestial que me recordó a su forma cambiada. —Retira eso, Sunder...

—¡Chicos! —grité, sintiendo la necesidad de intervenir—. ¡Chicos!

Cuando lo repetí más alto la segunda vez, sus ojos volaron hacia mí, como si solo entonces se dieran cuenta de que seguía allí plantada.

—Creo que ya habéis discutido suficiente.

—Alcé las palmas, intentando que todo el mundo pisara el freno—.

Tomo una decisión ejecutiva: volvemos sanos y salvos a la Academia, llevamos a Dax a la enfermería y luego podéis despellejaros todo lo que queráis.

A ser posible cuando yo no esté en la habitación.

No me hace gracia ver a Dax desangrándose aquí, en este lugar horrible.

Durante un buen rato, ninguno de los dos dijo nada, mirándome como si fuera un bocado delicioso o algo que querían escupir. Creí ver un atisbo de sonrisa tirar de los labios de Sunny, pero podían ser imaginaciones mías por efecto de la luz de la luna.

—Tienes razón —dijo Dax—. Pido disculpas. No es ni el momento ni el lugar. Estamos todos cansados, como has dicho.

Alcé una ceja. —¿Has oído eso? Y yo que pensaba que no me estabas escuchando.

—Hay una diferencia entre «no escuchar» y «no responder», Coralia.

Puse los ojos en blanco. A Sunny le dije: —¿Y tú?

El vampiro hizo una reverencia exagerada, su capa ondeando de forma dramática mientras intentaba ocultar su sonrisa. —Como ordenes, princesa.

Refunfuñé entre dientes. Al menos seguimos adelante. Tras unas cuantas calles, encontramos la sombra que nos había traído a la ciudad abandonada.

—Joder. —Sunny se plantó delante, con los ojos cerrados.

—¿Qué pasa?

—Estoy demasiado drenado para caminar por las sombras. No puedo abrir el portal.

Una oleada de nervios me recorrió. Me giré hacia Dax. —Y tú estás demasiado herido.

El cambiapieles asintió sombrío. —Tendrás que hacerlo tú, Coralia.

A la ansiedad se le sumó la vergüenza, que me tiñó las mejillas. —Yo... yo no puedo. Esa fue una parte del parcial en la que, ejem, no me fue demasiado bien.

—Te enseñaremos cómo se hace. —Dax me dedicó un asentimiento tranquilizador.

A lo que Sunny resopló. —Ni de coña. No es momento para una clase particular.

—Entonces ¿qué propones? —replicó Dax.

Los ojos de Sunny se clavaron en los míos. Vi cómo se le encendían los iris color ámbar y cómo el gesto de sonrisa que llevaba ocultando le hacía temblar el labio superior. —Voy a tener que alimentarme. Eso me dará energía suficiente. Y como tú ya te estás desangrando, Dax...

Parpadeé, mientras su tono insinuante me calaba. Un escalofrío me recorrió, mientras intentaba luchar contra la alarma creciente que me decía que corriera lejos de su mirada hambrienta.

Porque el escalofrío no nacía solo del miedo.

Me mordí el labio, avergonzada, cuando mi corazón empezó a repiquetear al darme cuenta de que una parte de mí anhelaba que Sunny Conway posara la boca sobre mí... de cualquier forma.

EN CIERTO MODO, VENN había despertado de nuevo mi espíritu sexual. Había reavivado lo que llevaba dormido desde antes de mis días en la Corteza.

Ahora, no podía quitarme de la cabeza que Sunny planeaba alimentarse de él. Atiborrarse de mi lujuria recién descubierta. Quizá incluso saciarla.

Antes de que sus alargados colmillos hicieran contacto con mi piel, la mano fuerte de Sunny se enroscó en torno a mi cuerpo, sujetándome la espalda y haciendo que mi cuerpo enloqueciera.

Apreté las piernas y me braceé por dentro, intentando contener la creciente anticipación y el calor que se acumulaba en mi interior como un horno. La humillante humedad que manchaba mis bragas.

Su aliento caliente cosquilleándome la nuca no ayudaba precisamente a combatir aquellas sensaciones. Recuerdos aterradores de la primera vez que había hecho esto me sacudieron el cuerpo.

—No tengas miedo, princesa. —Sus labios rozaron el borde de mi oreja en un susurro—. Tú vas a disfrutar de esto incluso más que yo.

Antes de que pudiera abrir la boca para discutir, las puntas de sus colmillos se hundieron en mi carne blanda. La cabeza se me fue hacia atrás en un gemido. Cerré los ojos con fuerza y me hizo falta toda la fuerza de voluntad que me quedaba para no dejar que ese gemido se escapara de mis labios.

Me sostuvo allí, de pie, su cuerpo peligrosamente cerca y desprendiendo calor desde su torso rígido, transfiriendo ese calor al mío hasta que sentí que éramos uno solo: una transferencia simbiótica que simplemente se sentía bien .

Sus labios hicieron un ligero sonido de succión. Un pulso cálido me recorrió, justo bajo la superficie de la piel, golpeando suavemente mis venas como mil agujas que hiciesen cosquillas. Podía notar cómo devoraba mi esencia, cómo el agotamiento que me había estado castigando alcanzaba nuevas cotas.

Me daban ganas de dormirme. Simplemente dormir en sus brazos.

Un pesado nudo de deseo floreció en mi vientre, se dio la vuelta y me hizo sentir cómo el estómago se me caía hasta la entrepierna. Dulces y acogedoras sensaciones iban y venían, embalsamándome en un bochorno contra el que era incapaz de luchar.

Era una sensación increíble y única. Una de la que no podía ocultar nada en mi rostro, con la lengua clavada suavemente entre los dientes. Podría haberme perdido en ella para siempre, un río perezoso por el que flotaba hasta llegar al horizonte.

Pero algo me dijo que tenía que luchar , y fue entonces cuando el pánico me cruzó como una cuchilla, poniendo en alerta todos mis sentidos.

Cuando abrí los ojos, un mareo me nublaba la vista. Tres caras de vampiro guapo se alimentaban de mí, con el rostro encajado justo encima del canalillo de mis pechos. El sudor me empapaba la frente. Las rodillas me temblaban, apenas capaces de sostenerme.

—Ya basta, Sunder —llegó una voz lejana.

Tenía la sensación de que llevaba horas siendo devorada.

— He dicho que basta —repitió la voz con más énfasis—. Está demasiado débil por el cansancio.

Un instante después, el aturdimiento me tragó entera.

La oscuridad empezó a cerrarse en los bordes de mi campo de visión, avanzando hacia el centro.

Me sentía ingrávida, con el cuerpo entumecido, como si flotara en el aire.

El éxtasis palpitante entre mis muslos crecía, encaminándose a un orgasmo monumental que iba a explotar en cualquier...

Las sensaciones que competían entre sí murieron. De golpe. Mi visión hizo retroceder a la oscuridad y abrí los ojos, a medias entornados. Seguía mareada, pero ya no estaba hechizada.

La niebla había desaparecido, sustituida por un cansancio inconmensurable. Vi a Sunny plantado delante de mí, enorme, con los hombros cuadrados y color en las mejillas. Me dedicó una sonrisa perversa que me habría hecho correrme si me hubiera quedado un ápice de fuerzas. Estaba a punto de estallar.

Juzgué la expresión de su rostro, la sangre que se lamía con avidez de los labios. —T-tú has disfrutado de eso mucho más que yo —mentí.

Su sonrisa se ensanchó, la mirada aún hambrienta. —¿Ah, sí? ¿Segura de eso, princesa?

La voz de Dax resonó cuando la oscuridad volvió a envolverme, justo cuando creía que ya había salido del bosque. Tenía razón: Sunny había volado demasiado cerca del sol y yo estaba demasiado exhausta para soportarlo.

Cuando abrí los ojos, brevemente, sentí unos brazos fuertes acunándome en un porte nupcial. No tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado. Mis piernas, dobladas por las rodillas, botaban sobre el hueco del brazo musculoso.

Parpadeé hacia la parte inferior de la barbilla de Sunny. Él no se había dado cuenta de que me había despertado, así que volví a cerrar los párpados suavemente antes de que el dolor tras los ojos se volviera insoportable.

Con el cuello torcido hacia un lado, como si siguiera inconsciente, miré a través de una rendija y vi un edificio blanco y abovedado que conocía bien.

El Gable Training Facility.

Habíamos logrado volver.

Vaya trío, esforzándonos por arrastrarnos de vuelta a Shadowblade Academy.

Pero lo habíamos conseguido.

Ahora tenemos que lamer nuestras heridas, averiguar qué coño está pasando... y castigar a esos cabrones.