Capítulo 33 | Coralia #2
Aunque Dax me había salvado, estábamos muy lejos de ganar aquella pelea.
Recordé mis lecciones y busqué en mi interior para conjurar las sombras de la oscuridad que me rodeaba. Los tentáculos oscuros surcaron el aire y se enroscaron en los brazos del demonio cuando este se disponía a atacar a Dax.
Esbocé una sonrisa burlona al notar que la presión sujetaba al demonio y lo mantenía a raya.
Dos segundos después, la presión cedió —el demonio atravesó las sombras como si no fueran nada— y mi sonrisa dio paso a otra expresión de incredulidad.
¡Mierda! ¿Puede atravesar mis manipulaciones?
¡Es casi como si estuviera hecho de sombras!
Me apresuré a invocar más sombras para que obedecieran mis órdenes. Algo me golpeó por la espalda y trastabillé hacia delante, perdiendo la concentración.
Dax salió despedido, rodó sobre un costado y volvió a levantarse de un salto. Tenía un tajo irregular en el lomo.
Miré atrás y vi que Sunny había chocado conmigo.
Se defendía de su propia criatura demoníaca cuerpo a cuerpo y ofrecía todo un espectáculo: se movía como un engendro infernal y sus puños eran un borrón.
La criatura alada, más lenta, no lograba seguirle el ritmo, pero yo sabía que un solo zarpazo de aquellas garras afiladas como cuchillos bastaría para tumbar al vampiro.
Una oleada de angustia me recorrió el cuerpo. No vamos a ganar. Tenemos que huir. —¡Retirada! —grité de pronto, antes de que mi cerebro pudiera procesar lo que estaba pasando—. ¡Tenemos que escapar!
Genevieve se acercó al portal y alzó las manos. Le brillaron relámpagos en las palmas. Las dirigió hacia delante, como si estuviera a punto de lanzar un rayo al propio portal.
¿Intenta romperlo? ¿Eso no dejaría atrapados a los demonios aquí ? Pero qué tonta de mi...
Su grito desgarrador me cortó el pensamiento.
Me tapé la boca con una mano al ver que del portal salía una mano espantosa que se cerró alrededor de los brazos de Vivi, sofocando su hechizo y sujetándola en el sitio.
—¡Genevieve! —grité.
Eché a correr hacia ella. Agité los brazos desesperadamente mientras corría a toda velocidad para atraer la atención del monstruo que estaba saliendo. El tercer monstruo, cuando ya nos las veíamos negras con dos.
Vivi se retorcía frenéticamente, doblando el cuerpo en un intento de soltarse de la bestia.
Concentré energía en las palmas, dispuesta a achicharrar a aquel cabrón como un fogón de gas.
Estaba a tres metros.
A metro y medio.
Por una fracción de segundo, la mirada de Vivi se clavó en la mía y el horror puro de su expresión quedó grabado en mi memoria.
A medio metro.
Entonces Vivi desapareció. Dejó de resistirse cuando la arrancaron de allí y la arrastraron al portal parpadeante.
—¡Nooo! —Descargué mis manos llameantes contra el vacío, contra el lugar donde había estado el brazo demoníaco apenas unos milisegundos antes.
Me quedé mirando la bruma opaca del portal.
¡Espíritus, dadme valor para meterme en esto a ciegas!
No pude hacerlo. Tenía los pies clavados en el suelo y el miedo me atenazaba hasta los huesos.
Un golpe lateral me dejó sin aire: Sunny había chocado conmigo y me había derribado.
Alcé la vista por encima de su hombro justo a tiempo para ver al demonio contra el que había estado luchando entrar volando en el portal y desaparecer.
Sunny me había salvado de un choque mucho peor con el monstruo que se retiraba.
Segundos después, el demonio contra el que luchaba Dax también se elevó hacia el portal y desapareció.
Para cuando conseguí incorporarme, frotándome el chichón de la cabeza, el portal parpadeó, el desgarrón dentado en el tejido de la realidad se encogió y la abertura se desvaneció.
Después llegó el silencio: una pausa tan profunda y prolongada que pude oír cada latido de mi corazón contra las costillas, uno tras otro, hasta que empezó a calmarse.
Me concentré en el rumor de la sangre en mis oídos y en mi respiración agitada mientras ambos se apagaban y la adrenalina abandonaba mi cuerpo.
—¡Hijos de puta ! —Sunny se levantó de un impulso. Pasó las manos por el lugar donde había estado el portal, pero no sirvió de nada.
Peor aún: no era un portal de sombras en el que pudiera meterse sin más.
No podía abrir un sumidero en aquella sombra como había hecho conmigo.
Aquel portal se había creado para un fin concreto, por una persona o una cosa concreta, y yo no tenía ni idea de cómo íbamos a reproducirlo jamás ni a averiguar adónde conducía.
El ronroneo grave de Dax sonó junto a mi oído. Al borde de las lágrimas, le acaricié el poderoso cuello mientras él me rozaba el hombro con la cabeza. —Ay, Dax —gemí—. Me has salvado. —Levanté la vista hacia Sunny—. Los dos lo habéis hecho.
Sunny se volvió, con los ojos encendidos de furia. —Pero no hemos podido salvar a Genevieve.
La culpa me inundó como una cascada. —No deberíamos haber venido. No estábamos preparados. No tendría que haber presionado tanto a Vivi...
—Calla, princesa. —Sunny me tendió una mano. La miré un instante antes de aceptarla para que me ayudara a levantarme—. Hemos abierto la caja de los truenos. Teníamos que venir para encontrar a tu hermana.
Agradecía su optimismo, pero solo conseguía que me doliera más. —Y, aun así, no tenemos a mi hermana. Ni tampoco a Genevieve, ahora.
—Esos cabrones ya no podrán seguir escondiéndose. Se lo contaremos al director.
Por algún motivo, pensarlo no me hizo sentir mejor. Más bien me recorrió la piel un cosquilleo de desconfianza.
—Las encontraremos a las dos, princesa —dijo Sunny. Asintió con firmeza y apretó los labios—. Te lo prometo.