La oscuridad llama (Shadowblade Academy 1) Capítulo 31 | Sunny #2
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Capítulo 31 | Sunny #2

Me incliné y le lamí un lado de la cara, de la mejilla a la oreja. Mientras se estremecía bajo mi cuerpo, mi aliento cálido le rozó el pabellón de la oreja cuando susurré: —Sé que tuviste algo que ver con la desaparición de Myria, Vivi. No puedes mentirme.

—¡E-estás loco! —jadeó.

Todavía no le había apretado mucho la garganta, pero sabía que acabaría haciéndolo. No saldría de debajo de mí hasta que obtuviera respuestas.

—Tenías celos de mi amistad con Myria. Te pillé espiándonos a todas horas. Incluso después de que empezáramos a salir, tus celos te volvieron cruel y poco de fiar.

—¿Todo este tiempo? ¿Has estado... jugando conmigo todo este tiempo?

—No voy a decir que no haya sido divertido —gruñí. Cuando mostré los colmillos, perdió el color de las mejillas.

Bajé la cabeza y le clavé los dientes en el cuello. La excitación me golpeó con toda su fuerza en cuanto la sangre empezó a deslizarse por mi garganta. La polla se me endureció dentro del pantalón y se abultó entre sus muslos.

Ella apretó las piernas contra mi erección. —J-joder, eres... un monstruo. Dejó escapar un gemido y no pudo evitar rodearme el cuello con un brazo. Se apretó contra mí mientras yo le bebía la sangre.

Quizá pensaba que aquello solo eran preliminares.

Lo que quizá ignoraba era que estaba dispuesto a dejarla seca si no me daba respuestas.

Al apartar bruscamente la cara de su cuello, me lamí la sangre de los labios. —La noche en que Myria salió de Shadowblade Academy para ir en busca de Quentin, tú y yo habíamos quedado.

—¿Y qué?

—Te surgió algo. A última hora. Dijiste que habían cambiado tus planes y que no podías verme. Nunca he conocido un momento en que Genevieve Jade no pudiera follar. Lo llevas en la sangre.

Arqueó las cejas. —Quita la mano de mi cuello, Sunny. Te advierto que...

En lugar de hacerlo, apreté más. Su cara enrojeció. —Dímelo, puta zorra.

—¿Q-qué quieres que te diga?

—¡Qué le hiciste a Myria Hargrave!

—Estás loco, Sun... P-por favor, ¡no puedo respirar!

—¡ Dime la puta verdad !

Una niebla roja me nublaba la vista. La ira me consumía por completo, mientras los recuerdos de todas las veces que Genevieve me había espiado cobraban vida en mi mente. Mirar su rostro contraído por el esfuerzo era como mirar a una desconocida.

Parpadeó rápidamente y abrió la boca en un grito mudo. Mi mano se cerró con más fuerza. El rojo de su cara empezó a adquirir un extraño tono violáceo.

Vivi abrió los ojos de par en par. Se había quedado sin aire.

Alguien llamó a la puerta a mis espaldas. —¿Sunny?

Gruñí como un animal y miré por encima del hombro.

—¡S-socorro! —gorgoteó Genevieve cuando aflojé la presión. Levantó un brazo y golpeó la pared que tenía detrás.

Le tapé la boca con la mano para hacerla callar. Estaba preso de un frenesí vampírico, incapaz de controlar el hambre o la rabia.

La puerta se abrió de golpe.

Coralia irrumpió en la habitación. Le lancé una mirada asesina por encima del hombro. La conmoción que palidecía su rostro me dijo que debía de parecer un auténtico monstruo: una bestia salvaje con la sangre resbalándole por la barbilla, una sonrisa demente y los ojos encendidos de rojo.

—¡Sunny! —gritó. Bajó la vista hasta el cuerpo que se retorcía bajo el mío—. ¿G-Genevieve? Joder. Joder, joder.

Genevieve se agitó con las pocas fuerzas que le quedaban.

—¡Sunny, para! —chilló Coralia—. ¡Vas a matarla!

—Por... Myria... —escupí entre dientes.

—¡Así no! —gritó, y puso los brazos en movimiento.

Aparté la mano de Vivi a toda prisa y me volví para defenderme. La mujer que tenía debajo empezó a toser con violencia.

Alcé la mano de golpe...

Demasiado tarde.

Una sombra salió disparada de la pared, me rodeó la muñeca y tiró de ella hacia atrás. Con la otra mano, Coralia controló una red negra como la tinta que me empujó por el hombro y me apartó de Genevieve.

Caí al suelo e intenté levantarme, pero no pude: dos sombras procedentes de paredes opuestas me estiraban los brazos a ambos lados.

—Esto no va a ser como la última vez que os encontré juntos —gruñó Coralia. Su voz sonaba distinta, apenas reconocible. Se había colocado en posición de combate. Con los brazos extendidos, controló las sombras para que se enroscaran a mi alrededor hasta inmovilizarme—. Ahora soy más fuerte.

Era verdad. La «última vez» a la que se refería, Genevieve había acosado a la pobre chica y yo me había alimentado de ella. Ahora Vivi tosía hasta echar los pulmones, acurrucada en posición fetal, y yo había quedado en evidencia, incapaz de moverme contra las sombras.

—¡No sabes lo que estás haciendo, Coralia! —rugí. Sacudí la cabeza de un lado a otro, pero Coralia controlaba bien el hechizo. No lograba moverme contra aquella negrura manipulada.

Por fin, Vivi consiguió incorporarse, aunque tambaleándose. De pie sobre mí, me dio una bofetada tan fuerte que me volvió la cabeza hacia la izquierda. —¡Gilipollas de mierda! —chilló mientras se masajeaba el cuello con la otra mano.

Le gruñí como una bestia.

Echó el brazo hacia atrás para abofetearme de nuevo...

Una sombra surgió del suelo y le atrapó la muñeca a medio camino, inmovilizándola.

—No tan deprisa, joder. La voz de Coralia era grave y sombría. —Después de toda la mierda que me has hecho pasar, Vivi, ¿crees que voy a dejar que te vayas de rositas? No. Vamos a aclarar esto entre todos.

Coralia había conseguido inmovilizarme a mí con una mano y a Genevieve con la otra. Quizá habría podido liberarme de los tentáculos que me sujetaban, pero la ira se me desvaneció de golpe. Me quedé con la boca abierta.

Por fin estaba viendo a Coralia Hargrave desatar su poder. Solo había hecho falta que entrara y se encontrara con lo que parecía un asesinato en curso.

Justo cuando mi admiración iba en aumento, Vivi se volvió y agarró con la mano libre la sombra que le rodeaba la muñeca. Su palma brilló de color naranja. Unas llamas crepitantes avanzaron por la forma corpórea de la sombra, semejante a una serpiente, hacia Coralia.

Coralia soltó de inmediato la sombra que manipulaba, y las llamas se disiparon junto con el tentáculo, hasta desaparecer en el aire.

Vivi frunció el ceño y extendió la palma hacia Coralia para contraatacar.

Fue entonces cuando rompí las ataduras negras que me retenían.

Tensé los músculos, rasgué las sombras y me lancé hacia delante.

Aparté de un manotazo la mano de Genevieve justo antes de que un remolino de viento saliera de su palma y barriera el escritorio situado junto a Coralia, levantando los papeles por los aires.

—M-mierda —jadeó Coralia. Estaba claro que no había previsto un contraataque ni se había preparado para él.