La oscuridad llama (Shadowblade Academy 1) Capítulo 26 | Coralia #2
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Capítulo 26 | Coralia #2

Nos colocamos sobre la colchoneta y adoptamos posiciones de combate. El examen parcial debía mostrar cuánto habíamos mejorado como luchadores desde la primera semana. No se trataba exactamente de demostrar lo bien que sabíamos matar, sino cuánto habíamos progresado.

En su mayoría, los Fantasmas no apretaban demasiado a sus alumnos, mientras el profesor Hudson observaba atentamente y hacía algún comentario de vez en cuando.

Dax no era como la mayoría de los Fantasmas. No me dio tregua. En dos minutos ya me había tirado al suelo dos veces. Jadeaba sin parar, tenía el pelo revuelto, me dolía el coxis y el costado me escocía de los golpes.

Por fin, en nuestro tercer asalto, conseguí mantenerme en pie. Esquivé sus rápidos ataques, giré y apoyé una rodilla en el suelo para intentar hacerle una zancadilla.

Cuando levanté la vista, ya estaba al otro lado de mí y me derribó de una patada como si fuera una ficha de dominó.

Gemí y contemplé, mareada, el techo de lona. Su mano apareció ante mis ojos, tendida para ayudarme a levantarme. —Cuando esquives así, no pierdas de vista a tu adversario. No mires al suelo. Tu enemigo no está ahí.

Hice una mueca de dolor al incorporarme. —Entendido, jefe.

Mientras me ponía en pie tambaleándome, el profesor Hudson se acercó a nosotros. —Informe, Fantasma Kilmeade.

Se me encogió el estómago. Acababan de darme una paliza y sabía que Dax era demasiado honrado y recto para mentir por mí o adularme.

Dax se irguió con las manos a la espalda. —La Fantasma Hargrave ha mejorado mucho en sus capacidades físicas. Me atrevería a decir que ha progresado más que cualquier otro Fantasma, aunque solo sea porque llegó a Intención Física muy por detrás del resto, sin saber absolutamente nada.

Parpadeé, atónita. Dax parecía incapaz de mentir. ¿Lo dice en serio?

—Muy bien, Dax —dijo Jace Hudson en un tono algo más distendido—. ¿En qué tiene que mejorar?

—Básicamente, en todo. Pero, como he dicho, ha progresado mucho.

Jace se volvió hacia mí y asintió. —Buen trabajo, Fantasma.

No sabía muy bien qué pensar de todo aquello, pero había aprobado. Y estaba agradecida.

¿Cómo demonios consiguen Dax y la profesora Hawkins aprobarme y echarme una bronca al mismo tiempo?

LA MANIPULACIÓN DE SOMbrAS con el atractivo zorro plateado del profesor Gareon Lews fue bien. Charli me había ayudado a perfeccionar la técnica desde mi regreso del Reino Espectral.

El desplazamiento por las sombras no me salió demasiado bien, pero no fui la única. Solo la mitad de los alumnos podía pasar de una sombra a otra, y ni siquiera ellos podían hacerlo a voluntad. Por lo visto, yo solo era capaz cuando una matona me hundía en un sumidero hacia el limbo.

No importaba demasiado, porque la nota del examen parcial de desplazamiento por las sombras se basaba en nuestros conocimientos y no en nuestra ejecución.

En conjunto, superé mis expectativas —y apostaría que también las de mis profesores— en los exámenes parciales. Después solté un enorme suspiro de alivio y me reuní con Charli en el comedor para disfrutar de una cena bien merecida.

El lugar entero bullía de alboroto. Los alumnos se felicitaban y se vitoreaban unos a otros. Reinaba un ambiente alegre y festivo.

Sin embargo, ver a Sunny Conway cruzar la sala en mi dirección acabó con toda la diversión.

Me empezó a sudar la frente mientras venía directo hacia nuestra mesa.

Mi mejor amiga, la preciosa cambiapieles de zorro, tenía las pupilas dilatadas.

Se volvió hacia su hamburguesa con queso y me dejó sola para que lidiara con Sunny.

Llevaba una semana sin hablar con él, desde el último día de su «penitencia». Se alzó ante mí. Los alumnos se volvieron para mirarnos y cuchichear.

—He oído que has aprobado —dijo con su voz grave.

—Sí —grazné, intentando aparentar indiferencia. Mantuve la mirada apartada porque sabía que, si me quedaba contemplando su cuerpo esculpido, me delataría.

Soltó un gruñido que interpreté como una felicitación.

—Gracias.

Pasó un momento de silencio. Él no se movió y pensé en preguntarle qué quería, pero me mordí la lengua.

—He hablado con Venn. Y con Dax, desde que volvió para los exámenes parciales.

—¿Y? —Lo miré de reojo, solo un instante.

Se pellizcó el puente de la nariz, visiblemente irritado. —Y quiero... invitarte... a unirte a nuestro equipo de Shadowball.

Se me dio un vuelco el estómago. —¿C-cómo?

Venn apareció de la nada y llegó corriendo hasta situarse detrás de Sunny. — Cordialmente , Sunny. Que los Espíritus me amparen. Tienes que decir «invitarte cordialmente».

Sunny torció el gesto y lanzó una mirada por encima del hombro. —¿Quieres hacerlo tú, joder?

—No, no, lo estás haciendo genial —dijo Venn, dedicándome una amplia sonrisa. Me guiñó un ojo y el vuelco que había dado mi estómago se transformó en un cosquilleo cálido.

Estaba hecha un lío. —¿Qué está pasando? ¿Es por nuestras charlas en...?

—No —me interrumpió Sunny—. Es porque necesitamos a dos compañeros más para completar el equipo y poder competir esta temporada.

—Seguro que hay otros más preparados, ¿no? Ni siquiera sé jugar a ese maldito juego.

—Te enseñaremos. ¿Quieres entrar o no? —remató Sunny, casi gruñendo, claramente incómodo en aquella situación.

—Sí —respondí sin pensarlo. Entonces pudo más mi curiosidad—. ¿Puedo preguntar a quién más vais a invitar?

El gruñido se convirtió en una sonrisa diabólica. —Por supuesto, princesa. Es alguien con quien te llevarás de maravilla .