Capítulo 26 | Coralia
Coralia
ME PESABA EL CORAZÓN por el rechazo de Sunny.
Me había entristecido más de lo que esperaba.
Tampoco debería haber esperado otra cosa al ir a verlo cuando solo le quedaban cuatro días en la celda de iniciación.
Y, sin embargo, había estado tan cerca de averiguar más sobre la desaparición de Myria y sumarme a la búsqueda.
Parecía que estaba a punto de aceptarme cuando todo se vino abajo.
Aun así, aunque no me dejara entrar en el Guante, había descubierto algunas cosas valiosas. Para empezar, Sunny no era tan perverso como parecía. Le importaba Myria, más que a nadie del Guante, supuestamente. Hablaba de ella como si fuera una diosa a la que veneraba.
Y yo que pensaba que la única persona a la que Sunny veneraba era el propio Sunny.
Me enorgullecía saber que Myria se había convertido en una figura tan importante del Guante de Hudson. Parecía un miembro muy querido del grupo. Si es así, ¿por qué Dax y Venn no hablan de ella con la misma reverencia que Sunny? ¿Por qué apenas la mencionan?
Había tensiones entre los compañeros de Guante que yo no acababa de entender, como si cada uno tuviera una idea distinta de lo que se suponía que debían ser. De su identidad como grupo.
Los pensamientos sobre Sunny, Myria y el Guante de Hudson me acompañaron hasta la semana siguiente, aunque apenas tuve tiempo de darles vueltas.
Los exámenes parciales se me habían echado encima.
La mañana de las pruebas me desperté frustrada. Me reproché lo poco que había averiguado desde mi llegada a Shadowblade Academy, cuando el semestre ya iba por la mitad. Aunque, bien mirado, parecía que por fin empezaba a abrirme paso.
A mi juicio, no bastaba. Tenía que hacer más. Tenía que ser más atrevida y tomar la iniciativa.
Sunny me evitó durante toda la semana, desde que lo soltaron hasta el día de los exámenes.
Volqué mi frustración en los estudios y practiqué la manipulación de sombras.
Charli decía que prometía. Con Venn repasé fórmulas de Alquimia.
Estaba contento con mis progresos. Nadie vio ni supo nada de Dax, lo cual era extraño, porque se suponía que era mi tutor de Intención Física .
Cuando Venn le preguntó a Jace Hudson por su ausencia, el Muñeca dio la misma respuesta de siempre: —Está fuera, en una misión para la Academia. No quiso decir nada más al respecto.
La tensión entre Venn y Sunny iba en aumento. Apenas parecían hablarse. ¡Y antes de mi llegada eran como hermanos! Esperaba con toda mi alma no ser yo la causa de su distanciamiento.
Después de despertarme, me di una ducha rápida en el baño del pasillo. Me puse el uniforme de cuadros negros de la Academia y le serví un poco de pienso a Bruce Kittenson, que durante la última semana por fin había vuelto a acercarse y a darme mimos. Al menos alguien lo hacía.
Mientras me calzaba las botas sentada al borde de la cama, me frotó la cabeza contra el muslo con un ronroneo suave. Le rasqué detrás de la oreja y le di un toquecito en la nariz con un dedo, sonriendo. —Deséame suerte, Brucey.
Me levanté y me miré en el espejo para asegurarme de que estaba presentable. Me alisé la falda y la parte de arriba, me retorcí las manos y respiré hondo para intentar calmar los nervios.
Minutos después, ya estaba abajo con Charli, comiéndome una empanada mientras caminábamos hacia nuestra primera clase juntas. Un silencio denso acompañaba a la niebla matinal mientras nos dirigíamos a clase de Alquimia , y daba a nuestro trayecto un aire lúgubre, casi ominoso.
—No te preocupes, Cor Cor, lo harás genial —dijo Charli al notar lo nerviosa que estaba.
Le dediqué una sonrisa desvaída. —Tú también, Char.
Lo que no sabía era que mis nervios se debían a todo menos a los exámenes. Al menos para la primera prueba tenía un as en la manga.
LA PROFESORA FRILLY HAWKINS recorría los pupitres del laboratorio, observando a los alumnos con la expresión severa de una comandante en el campo de batalla.
La alta profesora llevaba las manos entrelazadas a la espalda y caminaba muy erguida, con la bata ondeando a cada paso.
Su mera proximidad ponía nerviosos a todos los Fantasmas.
Durante la prueba reinaba el silencio; solo lo rompían el repiqueteo de los tacones de Hawkins y el tintineo tembloroso de los frascos. El trabajo era individual, así que no se permitía ninguna interacción entre alumnos.
Teníamos que elaborar el veneno o la poción más útil y eficaz que pudiéramos.
En teoría era una prueba sencilla, pero la ejecución —medir la cantidad exacta de líquidos, mezclarlos bien y no meter la pata— podía complicarse.
Después nos calificarían según la eficacia del preparado alquímico y los errores que hubiéramos cometido al formularlo.
Cuando la hora tocaba a su fin, añadí las últimas gotas a mi preparado y observé cómo una nube negra como la tinta se extendía por el líquido verde oscuro del tubo.
Luego me quedé de pie, con las manos juntas sobre el pupitre, esperando pacientemente a la profesora Hawkins.
Me sentía como si estuviera en MasterChef.
Al poco llegó con un estuche y lo dejó sobre mi pupitre.
Dentro había cuentagotas y seis placas de Petri pequeñas.
Tomó una muestra de mi líquido, dejó caer unas gotas en una placa y las mezcló con sus propios compuestos.
Repitió el proceso en las demás placas, usando distintos compuestos que tornaron aquel líquido negro ahumado amarillo, azul e incluso rosa.
Al ver el líquido rosa arremolinarse en una de las placas, arqueó una ceja. Cogió mi cuaderno y leyó la receta que había escrito en forma de lista. Después volvió a analizar los líquidos, claramente sorprendida por lo que veía. Yo permanecí muy formalita, intentando disimular una sonrisita.
Por fin dijo: —¿Umbralmera, señorita Hargrave? ¿Ha elaborado Umbralmera?
Asentí con aplicación. —Sí, profesora.
—Este veneno se considera «perdido», Coralia. ¿Cómo lo ha elaborado?
Con el rostro impasible, aunque el corazón me latía desbocado, respondí: —He tenido un buen tutor, señora.
Inclinó la cabeza. —Un buen... Ah, claro. Donovenn Gable, el Unseelie. ¿No le ha dicho que la Umbralmera se encuentra en estado natural en la Corte Unseelie, y solo allí?
Se me cayó el alma a los pies. Eso no me lo había dicho.
La profesora Hawkins cruzó los fuertes brazos sobre el pecho y me miró con ojo crítico.
—Es extraordinariamente difícil elaborarla correctamente.
En este caso, la estructura química es adecuada.
La tasa de absorción de la sustancia supera la media, teniendo en cuenta las herramientas de que disponía.
La desintoxicación sería lenta, agónica y, con toda probabilidad, mortal.
Parpadeé. Su explicación me dejó con la mirada perdida.
—En resumen, es un preparado alquímico excelente, señorita Hargrave. Dada su rareza y la dificultad de elaborarlo, ha hecho un buen trabajo. Enhorabuena.
Una sonrisa me iluminó la cara. Antes de que pudiera decir nada o celebrar mi victoria, la profesora Hawkins me cortó levantando un dedo.
—Sin embargo, le descontaré puntos por utilizar un veneno antiguo y perdido en lugar de los compuestos habituales que hemos estudiado en clase. No utilizamos fórmulas Unseelie.
La sonrisa se me borró de la cara tan deprisa como había aparecido.
—En pocas palabras, señorita Hargrave, ha aprobado el examen parcial, pero debe aprender a ser más discreta.
Joder. ¿Cómo es posible que apruebe el examen y aun así me caiga una bronca? Venn, tú y yo vamos a tener que hablar de esto.
EN LA CLASE DE Intención Física , llevaba un par de semanas entrenando sin tutor Fantasma debido a la ausencia de Dax.
Charli practicaba combate conmigo, pero no podía enseñarme las técnicas necesarias como lo habría hecho un alumno de un curso superior.
Sabía que iba a presentarme al examen parcial en clara desventaja.
Mientras me ponía el sofisticadísimo mono de tecnología feérica, negro brillante y ceñido al cuerpo, apoyé la frente contra la taquilla.
Genevieve Jade pasó por mi lado y dijo: —Suerte luchando contra un fantasma de verdad, comida para gusanos. Luego soltó una carcajada burlona con sus secuaces mientras salían del vestuario.
Salí con Charli, que se separó de mí para reunirse con el Fantasma que le habían asignado, aunque antes me dedicó una mirada de lástima.
Miré hacia el vestuario de los chicos y vi que iban saliendo en fila. Luego dirigí la atención al profesor Hudson, al frente de la clase. Fruncí el ceño y volví a mirar hacia el vestuario masculino.
Dax Kilmeade salió sin ninguna prisa, ajustándose los guantes.
Una descarga de emoción me recorrió las extremidades y pasé de cero a cien en un instante. Estuve a punto de soltar un chillido, pero conseguí contenerme. ¡Ha vuelto!
Dax me vio, me saludó con una escueta inclinación de cabeza y se acercó sin que su rostro mostrara emoción alguna.
—Mira quién se ha dignado a aparecer —dije.
—No podía dejar que mi alumna hiciera sola el examen parcial.
Me puse las manos en las caderas. —Ya, bueno, si apruebo, no será gracias a ti.
Frunció el ceño y una expresión fugaz cruzó su rostro moreno. Parecía apenado, o quizá inseguro.
Al verle la cara, sentí que tenía que explicarme.
—No has estado aquí, Dax. Se suponía que tenías que enseñármelo todo.
Ahora tengo a gente como Vivi Jade pisándome los talones, por no hablar de los demás Fantasmas, que van mucho más adelantados que yo, y apenas he aprendido nada. Apenas sé defenderme.
—Siento haber estado ausente, Coralia. No podía evitarlo. Te compensaré.
—¿Cómo?
—Haciéndote trabajar a fondo durante la segunda mitad del semestre.
Apreté los dientes y asentí una sola vez. No era precisamente lo que quería oír: ¿la segunda mitad iba a ser más dura que la primera? Mierda. —¿Dónde has estado?
—No puedo decírtelo. Es información confidencial. Al ver mi ceño fruncido, añadió: —De hecho, pronto tendré que volver. Así que ¿nos ponemos a ello?