La oscuridad llama (Shadowblade Academy 1) Capítulo 25 | Sunny #2
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Capítulo 25 | Sunny #2

Jamás habría esperado que me decepcionara descubrir que no había venido a verme a mí , que todo había sido una artimaña para sacarme información.

Mi rabia, siempre a punto de aflorar, creció.

Intenté contenerla mientras pensaba: ¿Para qué iba a venir, si no?

No puedo ser tan imbécil como para creer que esta mujer, a la que no he intentado ocultarle mi antipatía, se preocupa de verdad por mí.

No después de cómo la he tratado. Sé que yo jamás perdonaría algo así.

—¿La amabas, Sunny?

Dilaté las aletas de la nariz. —Hablas de ella en pasado, como todos los demás. Como si estuviera muerta.

Coralia se puso en cuclillas para quedar a la altura de mis ojos. —Bueno, ¿no es posible que lo esté?

—No creo que lo esté.

—No has respondido a ninguna de mis preguntas.

—Perdona, ¿cuál era la pregun...?

—Por favor, Sunny —suplicó, y maldita sea si la súplica no resultaba exquisita en aquellos labios rojos y carnosos—. Necesito saberlo.

Guardé silencio un instante, mirándola fijamente y arqueando las cejas. —¿Qué es lo que crees que quieres saber, princesa?

—¿Amabas... amas a Myria?

—Supongo que la quiero como tú. Como a una hermana. Aparté mi larga melena de los ojos. —Desde luego, no como cree Vivi... —murmuré, dejando la frase en el aire.

—¿Por qué?

Levanté la cabeza y la miré sin expresión. Aquella sola palabra, aquella sencilla pregunta, despertó un sinfín de recuerdos en mi interior. Era difícil responder.

Como nunca he sido de dar respuestas directas, y menos aún mientras intentaba aclarar mis sentimientos, contesté: —¿Cuánto conoces a Myria, princesa?

Se encogió de hombros y se sentó en el suelo de piedra fría. Se estaba manchando los pantalones de barro para acercarse a mí. —Solo conozco lo que ella me dejó ver mientras crecíamos juntas.

—¿Y cómo fue eso de crecer juntas?

Se frotó la nuca. —Éramos muy competitivas. Luego se manifestaron sus poderes y se convirtió en la niña de oro. Yo era la oveja negra.

Mis labios se curvaron en una sonrisa. —Me lo imagino.

—Pero ella nunca me trató como a una apestada. Eso fue cosa de mi madre y... ¿por qué te estoy contando todo esto? Levantó la cabeza de golpe, saliendo de sus recuerdos.

—¿Myria era amable contigo, Coralia?

—Sí.

Incliné la cabeza, como si aquella respuesta confirmara lo que ya sabía. —Aquí floreció. En un lugar que siempre es cruel, donde enseñan a los estudiantes a dominar su odio y su rabia y a usarlos para matar, Myria era un soplo de aire fresco. Un girasol en un campo de malas hierbas marchitas.

Coralia abrió la boca en una pequeña «o». ¿Son lágrimas lo que le brilla en los ojos? ¿Es que nunca se había dado cuenta de esas cosas sobre Myria, o nunca había oído a nadie decirlas en voz alta?

Se quedó sin palabras. Así que continué, rebuscando en mis recuerdos para evocar el rostro radiante y la dulce sonrisa de Myria.

—Myria prometió ayudarme a encontrar a alguien de mi vida anterior cuando termináramos juntos la Academia.

Le prometió a Venn que lo acompañaría a la Corte Unseelie para convencer a su familia de que volviera a aceptarlo.

Juró que ayudaría a Dax a reconectar con sus raíces y a Quentin a recordar su pasado.

Me aclaré la garganta y mantuve dilatadas las aletas de la nariz para contener las emociones.

Los recuerdos dolorosos me sorprendieron con su intensidad mientras las palabras salían de mi boca.

—¿Lo ves? —pregunté, parpadeando ante el asombro de los ojos de Coralia—.

Tu hermana era el corazón del Guante de Hudson.

La compañera de apoyo por excelencia, llena de grandes ambiciones y objetivos.

—Me... cago en todo. A Coralia se le quebró la respiración y se dejó caer.

Sorbiéndome la nariz, intenté contener el sentimentalismo antes de que me desbordara.

—Esa era una de las razones por las que nunca podría haberme enamorado de ella.

Era demasiado buena para este lugar. Demasiado buena para mí.

Demasiado... Hice un gesto con la mano, buscando la palabra adecuada.

—Fácil de querer. Mi expresión se volvió traviesa y una comisura de mis labios se alzó.

—Necesito que una mujer me tenga algo de tirria.

Mis ojos se cruzaron con los de Coralia durante una fracción de segundo, y estuve seguro de que vio en mí al animal salvaje que ansiaba salir.

La voz de Coralia apenas fue más que un susurro. —Eso suena... poco sano.

Eché la cabeza hacia atrás y me reí, sorprendido por su respuesta. —Sí, bueno, Myria lo entendía. Ninguno de los Nudillos del Guante quería echar a perder lo bueno que teníamos intentando llevársela a la cama.

—¿Qué pasó con eso tan bueno que teníais?

Entorné los ojos. —Creo que ya sabes la respuesta. Mira dónde estoy. Abrí los brazos de par en par. —¿Dónde está Dax?

—No lo sé.

—Exacto. ¿Y Quentin?

—Eh... ¿muerto?

—¿Y Venn? Anda por ahí tratando de reparar la grieta de su alma a su manera.

—¿Cómo?

—Amándote.

Coralia soltó una exclamación ahogada y se llevó una mano a la boca, como si aquello la sorprendiera muchísimo.

Me entraron ganas de soltar un bufido despectivo. ¿Cómo podía sorprenderle? No hacía falta conocer bien a Donovenn Gable para entender aquella mirada de enamorado que se le ponía cada vez que veía a Coralia; para darse cuenta de que era incapaz de ocultar lo que sentía.

—Me saca de quicio —gruñí, apartando la mirada de ella con brusquedad— que esos dos no parezcan preocuparse por Myria como yo. ¡Como deberíamos preocuparnos todos! Está claro que ella era quien nos mantenía de verdad unidos desde el principio. Ahora nuestro Guante está roto.

Coralia se mordió el labio inferior. —Lo siento, Sunny. Todo. Yo... no vine aquí para sustituir a mi hermana.

—Lo sé, chica. Nadie planea algo así. Hice un gesto con la mano hacia ella. —No tuviste elección cuando te trajeron aquí.

—Bueno, no exactamente.

Arqueé las cejas.

—Quiero decir, sí —rectificó, con la preocupación dibujada en el rostro—, me secuestrasteis. Pero yo quería venir aquí. Mi plan era encontrar Shadowblade Academy, aunque no sabía que existía.

—¿Por qué?

—Para encontrar a Myri.

Inspiré bruscamente al oír su confesión.

Se inclinó hacia delante, apoyó la frente en los barrotes fríos y los agarró con ambas manos. —Por favor, Sunny, deja que te ayude a encontrarla.

Entonces vislumbré por un instante la pareja que podríamos llegar a ser. Dos investigadores aficionados dispuestos a compartir pistas y seguir indicios hasta encontrar a la chica desaparecida. Parecía precioso. En mi cabeza, todo resultaba idílico y encajaba a la perfección.

Pero sabía que era una fantasía. Yo ya tenía mis propias pistas y no podía involucrar a Coralia. No lo haría. No si aquello acababa en sangre y violencia.

Coralia no podía mezclarse con gente peligrosa.

Y yo era, sin lugar a dudas, gente peligrosa.

Adopté mi ceño fruncido de siempre para ocultar el dolor que me arañaba por dentro. Por primera vez en mucho tiempo me sentía vulnerable y... débil.

Mi coraza de acero volvió a alzarse alrededor de mi corazón dolorido.

—Lo siento, princesa, pero es imposible —dije con firmeza—.

Esto es un asunto del Guante. Aunque seas la hermana de Myria.

Aparté la mirada, incapaz de soportar el dolor que empezaba a asomar en sus ojos.

—Tengo que pedirte que te vayas. Y que no vuelvas.