Capítulo 24 | Coralia
Coralia
LAS COSAS HABÍAN CAMBIADO desde mi regreso a Shadowblade Academy. Sentía una determinación nueva y feroz que antes me había faltado. No iba a hundirme en la desesperación ni a dejar que los matones pudieran conmigo.
Últimamente había tres cosas que no se me iban de la cabeza, y su importancia variaba de un día para otro: encontrar a Myria, la ausencia de Sunny y Venn.
Me había prometido investigar la desaparición de Myria con renovado empeño. El problema era que no sabía por dónde empezar a buscar, con quién hablar ni qué preguntas hacer.
En cuanto a Sunny Conway, lo habían castigado desde mi regreso.
Eso me daba una semana para asistir a clase y pasear por el campus sin miedo a que me atormentara.
Hasta Genevieve Jade mantenía las distancias.
Quizá le habían dicho que no debía meterse conmigo hasta que Sunny terminara de cumplir su castigo.
Me preocupaba que Sunny me guardase aún más rencor cuando saliera de su encierro. La idea me aterraba.
Y, por último, no conseguía quitarme a Venn de la cabeza.
El feérico Unseelie me había sorprendido de muchas maneras.
Había sido él quien salió a buscarme mientras yo vagaba por la Corteza en un estado lamentable.
Me había dado la confianza que necesitaba para salir adelante en un lugar como Shadowblade Academy, donde me sentía muy poco preparada y en clara desventaja.
Las pocas veces que me había tocado, mi cuerpo había respondido con un hormigueo nervioso y una expectación que me hacía sudar.
La verdad era que todo en aquel hombre me alteraba: su peculiar piel lila y aquellos fascinantes ojos violetas que dejaban entrever una vida marcada por la tristeza.
La facilidad con que me levantaba en brazos, como ya había hecho varias veces.
Lo hablador que era y la bondad que me había mostrado.
El aroma afrodisíaco a lluvia matinal y tormenta envuelta en bruma que emanaba de su piel y me embriagaba como una droga.
Me intrigaba por completo. Cada día pensaba más en él. Tanto, que empezaba a interferir en mi rutina. Cuando su sonrisa traviesa aparecía en mi mente, me tensaba de emoción, apretaba los muslos y el corazón se me desbocaba.
—¿Sigues con nosotras, Cor Cor?
La vocecilla aguda de Charli me sacó de mi ensueño. Me ruboricé y aparté la cara para que no me viera.
—Estás apretando el culo —señaló, y las mejillas me ardieron todavía más—. Intenta no... no esforzarte tanto.
Por suerte, había malinterpretado el motivo de mi nerviosismo y mi tensión. Creía que solo estaba frustrada por mis prácticas de manipulación de sombras, y no perdida en mis fantasías sobre Venn.
Lo aparté de mis pensamientos, por difícil que fuera, y asentí para indicarle a Charli que lo había entendido.
Tenía las palmas extendidas, inmóviles, y los brazos estirados frente a mí mientras miraba la lámpara de pie que había en un rincón de nuestra habitación.
Eché un vistazo al libro de texto abierto sobre mi escritorio para asegurarme de que recordaba bien el encantamiento.
Unos segundos después, la fina sombra de la pared se estremeció.
Solté una exclamación ahogada y repetí el encantamiento, concentrándome aún más en el trazo oscuro que proyectaba la esbelta lámpara junto a mi escritorio.
El temblor se convirtió en un movimiento sinuoso y la sombra se curvó sobre sí misma como una serpiente.
Fui cerrando los dedos despacio hacia la palma y la sombra siguió el gesto, dibujando una ese, hasta que el entusiasmo me hizo perder la concentración.
La serpiente se desenroscó y recuperó de golpe su forma natural, recta y alargada.
Charli chilló a mi espalda con una frecuencia que solo un perro habría oído. Aplaudió como loca y se puso en pie de un salto. —¡Sí, reina! ¡Lo estás haciendo! Te juro que mejoras a cada hora que pasa.
Solté un aliento tembloroso y me limpié el sudor de la frente. Me volví hacia ella justo a tiempo para verla abalanzarse sobre mí. Me envolvió en un abrazo y nos echamos a reír.
Charli tenía razón: estaba mejorando. Desde mi regreso, mis habilidades habían crecido a la par que mi confianza y mis ganas de seguir adelante. Desde que me había arrancado del Reino Espectral y había conocido al Vigilante de Sueños, todo parecía resultarme más fácil.
Algo había encajado dentro de mí. No podía evitar preguntarme si mi encuentro con aquella apuesta aparición espectral habría provocado el cambio. ¿Quizá, al tocarme cuando creía que no podía hacerlo, había despertado mis poderes de algún modo?
No tenía ninguna explicación lógica. Tampoco iba a cuestionar mis nuevas habilidades.
Lo único que importaba era que ahora podía manipular las sombras, cuando antes no había sido capaz.
No se me daba demasiado bien , claro, pero mejoraba con la práctica.
Y Charli era la profesora más paciente y alentadora que podría haber deseado.
Después de sacudirme las manos, doloridas como si acabara de golpear un muro de ladrillos, descubrí que Bruce Kittenson me observaba. Estaba repantigado en la cama, con una expresión de lo más indiferente en su carita.
—Venga ya, Brucey. Ha estado muy bien. Reconócelo.
El gato alzó la barbilla para mirar el techo de estuco.
Me dejé caer en el borde de la cama donde se había instalado y le acaricié el suave pelaje. —¿Todavía sigues enfadado por eso? ¡Hace tres días que volví!
— Mrrrau .
—No quería abandonarte. Lo cogí en brazos y lo sostuve frente a mi cara.
— Fffff.
—Fue culpa de Sunny —dije, asintiendo con énfasis—. Si vas a morder a alguien, muérdelo a él. Y deja de mirarme así, por favor. Estoy harta.
Estaba claro que no iba a ganarme a mi gato.
Soltó otro bufido y lo dejé en el suelo.
Se escabulló debajo de la cama para esconderse, y se me encogió el corazón.
Puede que hubiera desatendido al señor Kittenson, aunque no había sido mi intención.
¡Es difícil no hacerlo cuando estoy rodeada de gente como Venn Gable y Sunny Conway, que acaparan toda mi atención, mientras intento aprender a ser maga de las sombras y asesina, sufro acoso y acabo dando tumbos por otros mundos!
Por si fuera poco, se acercan los exámenes parciales.
—Te estás portando como un crío —rezongué a la defensiva. Su mrrrau de reproche, amortiguado por la cama, no me hizo sentir mejor.
—Se le pasará —dijo Charli, sentándose a mi lado. Me dedicó una sonrisa tímida.
—Tal vez podrías... ¿hablar con él? Ya sabes, cuando te transformas en zorro.
Charli ladeó la cabeza y soltó una risita. —No nos comunicamos exactamente así. No podemos hablar entre nosotros por telepatía ni nada parecido.
—Ah. Y supongo que tampoco habláis el mismo idioma, ¿no?
Otra risita. —No, boba. Nuestra forma de comunicarnos es más... instintiva. Un impulso. Una necesidad animal.
Le dediqué una sonrisa pícara. —Eso suena vagamente sexual, Charli.
Sus mejillas pecosas se encendieron como luces de Navidad. —¡N-no! No quería decir...
Me reí y enlacé mi brazo con el suyo. —Solo te estoy tomando el pelo, cielo.
—Ah. El rubor se le fue apagando. —Menos mal, gracias a los espíritus.
Apoyó la cabeza en mi hombro y nos quedamos sentadas en silencio.
Solo llevaba tres días de vuelta y, sin embargo, me sentía más en casa que nunca.
¿Se refería a esto Venn cuando dijo que hiciera de nosotros mi hogar? ¿O se refería, eh, concretamente a él ?
Cualquiera de las dos opciones me gustaba.
—Oye, Cor Cor —dijo Charli con su vocecilla—. ¿Cómo era el Reino de las Sombras?
Fruncí el ceño. —Era como si hubieran echado una manta sobre el mundo. Una colcha oscura que borraba todas las formas que conocía: tú, Sunny, el parque, los edificios.
—Vaya.
Había olvidado que Charli tampoco había conseguido caminar por las sombras. Parecía estar cerca y sabía que no tardaría en lograrlo.
—¿Daba miedo?
—Un poco. Aunque no tanto como la caída al Reino Espectral.
Levantó la cabeza de mi hombro. —¿El Reino Espectral?
—Sí. Supongo que la profesora Avery aún no ha llegado a ese tema. A lo mejor lo reserva para después de los parciales.
—¿Quieres decir que hay dos mundos? ¿Están como uno encima del otro?
—Es el lugar al que vas cuando te Deslizas.
—¡Ah! La profesora Avery sí ha hablado del Deslizamiento.
—Sí. Por lo que sabemos, podría haber más mundos —dije, encogiéndome de hombros. Era agradable ser yo quien tenía información por una vez. Charli era una alumna tan entusiasta como profesora. Tenía sed de conocimientos.
Ante la mirada suplicante de sus enormes ojos, proseguí: —El Reino Espectral era más...
humano, a falta de una palabra mejor. No era que el mundo estuviera sumido en la oscuridad, sino que parecía haberse torcido sobre su eje.
Era un lugar en sí mismo, con sofás, paredes y esas cosas. Incluso conocí a alguien allí.
—¿A quién?
Un escalofrío de vacilación me recorrió la espalda.
¿Cuánto debería contarle? Me decidí enseguida: no solo confiaba en Charli, sino que también tenía ganas de hablar de mi aventura.
—A un hombre guapo de pelo largo y negro.
Lo llamé «Vigilante de Sueños» porque dijo que allí los nombres no servían de nada. No me preguntó el mío.
—Vaya, qué locura. ¿Crees que era real?
—Quién sabe. Quiero decir, él parecía creer que sí. Dijo que el Reino Espectral era el lugar de las almas perdidas, adonde van a vagar sin fin.
—Eso suena un poco triste.
—¿A que sí?
Charli se acarició la barbilla y entornó los ojos, absorta en sus pensamientos. —Si es allí donde las almas perdidas vagan «sin fin», ¿cómo escapaste tú, Cor Cor?
—Eso mismo me pregunto yo, Char. No tengo ni idea.
—Qué inquietante.