Capítulo 23 | Venn #3
Como no añadió nada más, Sunny y yo volvimos a mirarnos. Es la primera noticia que tengo...
Sunny me dio un golpe con el hombro al pasar. Mientras se frotaba la nuca, preguntó: —¿De qué se trata, señor?
—Supongo que el director se ha enterado de lo que has hecho con Coralia Hargrave.
—Mierda.
Echaron a andar y mis orejas puntiagudas se irguieron. —Muñeca, ¿has dicho que podía acompañaros?
Jace se encogió de hombros. —Si quieres.
—Bien. Al fin y al cabo, somos un Guante —solté en voz alta, intentando que Sunny captara la indirecta—. Si es que eso todavía significa algo.
Sunny resopló y negó con la cabeza. —Claro que significa algo. Los hermanos se pelean. Es lo que hacen.
—¿Es tu manera de pedir perdón?
Sunny se encogió de hombros con indiferencia, lo que avivó aún más mi frustración. —¿Debería serlo? Tú me pegaste primero.
Maldito cabrón. Fruncí el ceño. Aunque tiene razón, ¿no?
—Venn, ¿vienes o no? —intervino Jace, con los brazos cruzados.
—Ah, sí, Muñeca. — No me perdería esto por nada del mundo.
—SUNDER CONWAY, CON TU numerito de esta noche has comprometido la integridad de Shadowblade Academy. —La voz del director Cane sonaba tensa e irritada. Llevaba una bata negra y mullida que le rozaba el suelo y un gorro de dormir sobre la cabeza blanca—. Y, además, me has despertado —gruñó.
No me sorprendió demasiado que Alaric Cane se hubiera enterado tan deprisa del «numerito» de Sunny. Yo no lo había delatado —los hermanos no hacían eso—, pero sabía que Alaric tenía ojos y oídos por todas partes. Como máximo responsable de la Academia, tenía que ser así.
Los tres estábamos de pie ante el director en su despacho, con las manos entrelazadas a la espalda. La viva imagen de la sumisión.
—¿Tienes algo que alegar en tu defensa, muchacho?
—No —respondió Sunny sin inflexión—. Le pido disculpas por mi falta, señor. No sé qué me ha pasado.
Yo sí.
Alaric murmuró algo, claramente insatisfecho con la respuesta de Sunny.
Jace Hudson dijo: —Director, como Muñeca de estos Fantasmas, asumo la responsabilidad de sus actos. Mi propia negligencia ha permitido que esto ocurra.
—Admirable, profesor Hudson —dijo Alaric—. Y cierto. Ahora hablaré con usted. —Se aclaró la garganta—. Cuando los estudiantes abandonan el campus con la cabeza llena de los conocimientos secretos de este lugar, ponen en peligro los cimientos mismos de nuestra institución. ¿Lo entendéis los tres?
—Sí, señor —respondimos todos al unísono.
Los ojos del director se posaron en mí y se me heló la sangre. —Y eso me lleva a ti, Donovenn Gable. Tú también saliste del campus para traer de vuelta a la cadete de año de Fantasma que se había marchado, Coralia Hargrave. ¿Es cierto?
El sudor me perló la frente. —Sí, señor. — ¿No se suponía que esta reunión no tenía nada que ver conmigo?
Alaric dejó escapar un «mmm» y asintió mientras se acariciaba la barba blanca. —Sin embargo, tengo entendido que saliste únicamente para traer de vuelta a la cadete. ¿También es cierto?
Asentí.
—Entonces no recibirás ninguna amonestación por tus actos. Puede que hayas evitado un bochorno a esta Academia.
Una oleada de alivio me recorrió el cuerpo.
No hacía falta señalar que los estudiantes a menudo salían del campus, pese a la norma, cuando realizaban sus trabajos finales.
Los cinco integrantes del Guante de Hudson habíamos estado fuera del recinto de la Academia.
Que Dax se encontrara en aquel momento en una misión fuera de ella era otro ejemplo perfecto de aquella hipocresía.
Sin embargo, esas salidas se producían en circunstancias muy concretas y bajo estrecha vigilancia.
Mientras un estudiante estuviera fuera por encargo de la Academia, no había problema. La cosa se complicaba cuando se escabullía por su cuenta.
Los ojillos del director Cane se clavaron en Sunny. —Señor Conway, por su indiscreción, pasará una semana en la celda de iniciación. ¿Está claro?
A Sunny se le hundieron los hombros. Abrió la boca para replicar. Sentí que Jace le daba un codazo en el costado y Sunny calló; en lugar de responder, asintió al director con expresión sombría. —Sí, señor, lo entiendo. Espero poder recuperar su confianza.
El director gruñó. —Profesor Hudson, este incidente le deja en muy mal lugar. Sepa que, a partir de hoy, se encuentra en una situación delicada. Se ha anotado una falta en su expediente. No vuelva a permitir que su Guante se descontrole. ¿Entendido?
Jace asintió. —Sí, señor.
Me dio pena Sunny. ¿Era proporcionado el castigo? Quién sabe. En cualquier caso, estaría bien en la celda de iniciación. Era una condena breve. Solo esperaba que saliera de allí cambiado, por improbable que pareciera.
En cuanto a Jace, no sabía qué pensar. Siempre parecía estoico, imperturbable, pero noté que la decisión le dolía por la forma en que apretó la mandíbula y se le contrajo la frente. Solo había hecho cosas buenas por la Academia. No creía que mereciera aquella sanción.
Mi principal preocupación era el propio Guante. Ya parecíamos una mano maltrecha en vez de un puño unido.
Ahora temía que nuestro escuadrón estuviera a las puertas de la muerte.