La oscuridad llama (Shadowblade Academy 1) Capítulo 23 | Venn #2
51%

Capítulo 23 | Venn #2

Al comprenderlo, probé otra táctica. —Torturar a Coralia no traerá de vuelta a Myria, Sunny.

Se le tensó la mandíbula. —¿Y tú cómo sabes qué podría traer de vuelta a Myria? ¡Ni siquiera parece importarte que haya desaparecido!

Algo se rompió dentro de mí. ¡Cómo se atreve! Ya estaba bien. Un velo rojo me nubló la vista: una sensación visceral que no experimentaba desde hacía mucho.

Me abalancé sobre mi hermano y salvé la distancia en un instante, con el puño disparado hacia su cara.

Su velocidad vampírica le permitió esquivarme agachando la cabeza. Al mismo tiempo, cerró la mano y me asestó un golpe en el costado.

Gruñí y giré sobre mí mismo, consciente de que tendría que contrarrestar su velocidad cegadora si quería tener alguna posibilidad de ganar.

Él era más rápido, pero yo era más astuto.

Cuando intentó golpearme de nuevo, pivoté hasta situarme detrás de él y, con un movimiento de muñeca, le lancé una sombra desde la lámpara del rincón.

Sunny gruñó y retrocedió ante el brazo de oscuridad que se abalanzaba sobre él.

Dejé que la sombra se desvaneciera y nuestras posiciones quedaron invertidas: yo delante de su cama y él en la puerta. Sus ojos ambarinos ardían de furia. Sabía que la sed de sangre se había apoderado de él. A un adversario menos curtido lo habría superado, pero yo sabía aprovecharlo a mi favor.

Cuando cargó contra mí, estaba preparado. Alcé las manos e hice girar las muñecas. Un círculo negro y turbio rasgó el tejido de la realidad frente a mí.

No pudo frenar el impulso a tiempo. Sunny se precipitó de cabeza por el portal de sombras, cuya salida dirigí fuera de la habitación, hacia la sombra más cercana que veía en una pared del pasillo.

Apareció segundos después y salió trastabillando del portal de la pared sin haber dejado de lanzarse hacia delante. Se golpeó la cabeza contra la puerta de su habitación. Cayó de rodillas, tambaleándose, y adoptó una postura de combate.

Podía pasarme el día entero enviándolo por un circuito interminable de portales de sombras si insistía en abalanzarse sobre mí.

Él podía ser el agresivo, el que atacaba, pero yo controlaba mejor mi magia y sabía defenderme mejor.

Por lo general, eso era lo que nos convertía en una combinación tan letal.

—Cobarde —gruñó, y mi frustración no hizo sino crecer. Si supiera hasta qué punto me sentía un cobarde en aquel momento, no por él, sino por todo lo que había estado pensando acerca de Coralia.

Aquella sola palabra desató mi ira. Moví las manos y moldeé el círculo negro que tenía delante. Unos zarcillos finos como patas de araña se curvaron desde sus bordes. Mi portal de sombras se convirtió en una manifestación física de extremidades que lancé contra él.

Sunny murmuró unas palabras y de las puntas de sus dedos brotaron llamaradas. Cuando alcanzaron los tentáculos de sombra, los chamuscaron; la negrura se retorció y se consumió con un siseo.

Abrí los ojos de par en par: no esperaba que acabara tan rápido con mi sombra. Me preparé para lanzar otro hechizo, pero él ya había recorrido media habitación y cargaba de nuevo contra mí.

Se lanzó sobre mí y salimos despedidos juntos por encima de su cama. Antes de que mi cabeza pudiera estrellarse contra la pared que tenía detrás, murmuré un encantamiento y ambos atravesamos volando un portal de sombras abierto en ella.

Cruzamos juntos el Reino de las Sombras, ingrávidos entre la oscuridad borrosa, salpicada de púrpura, dejándonos guiar por el tirón . Intenté zafarme de él mientras atravesábamos aquel plano, pero era demasiado grande y fuerte.

Salimos del portal por la misma sombra por la que lo había enviado al principio y su peso cayó sobre mí en el suelo del pasillo. El aire se me escapó de los pulmones.

Alzó los puños para descargar una lluvia de golpes en mi cara y tuve que emplearme a fondo para esquivarlos.

El pasillo se llenó de exclamaciones ahogadas. Los estudiantes salían de sus habitaciones, alertados seguramente por el estruendo de la pelea y por los sonidos y olores de la magia. Nadie intervino. No iban a arriesgarse a provocar la ira de los Fantasmas metiendo las narices donde no los llamaban.

Aquello no pintaba bien para mí. Me preparé para recibir la paliza.

El puño de Sunny descendió sobre mí y alcé un brazo para protegerme...

Una ráfaga de viento lo arrancó de encima de mí y lo lanzó por los aires entre gritos. Al desaparecer su peso de mi pecho, mis pulmones volvieron a llenarse de aire.

Sunny cayó unos metros más allá, pasillo abajo. Me incorporé a cuatro patas para mirar a nuestro nuevo atacante.

Unos zarcillos turbios salieron de las paredes y se enroscaron en mis brazos y piernas, inmovilizándome. Al fondo del pasillo, Sunny estaba igual de inmovilizado.

—¡Basta! —La Muñeca Hudson estaba de pie ante nosotros, con los brazos extendidos y las palmas abiertas. Nos mantenía quietos a ambos solo con su experiencia y destreza.

Sunny siguió echando humo un momento, con los dientes al descubierto.

Yo solté mi ira en una larga exhalación temblorosa, incapacitado por la manipulación de sombras de Jace.

Cuando Sunny por fin se calmó, al darse cuenta de que era su Muñeca quien le daba la orden, intercambiamos una mirada de sorpresa.

Nunca me había peleado con mi hermano. No fuera de los entrenamientos y, desde luego, nunca por rabia. ¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Qué significa para nuestro futuro como Guante?

—No sé qué ha provocado esta pequeña trifulca en el pasillo —dijo Jace—, pero no voy a tolerarla. Para eso está el dojo. Desahogaos allí, Fantasmas. ¿Está claro?

Sunny y yo asentimos con expresión sombría. —Sí, Muñeca —dijimos al unísono.

Jace bajó las manos. Las sombras que nos sujetaban se deslizaron fuera de nuestros cuerpos y regresaron a las paredes.

Los tres respiramos trabajosamente. Los estudiantes volvieron a sus habitaciones por orden de Jace.

—Bien —dijo la Muñeca, con un temblor en la barba—. Sunny, vendrás conmigo. El director Cane quiere hablar con nosotros.

—¿ Nosotros ? —preguntó Sunny—. ¿También contigo?

—Eso parece. Venn, puedes acompañarnos si quieres, pero no creo que esta reunión tenga nada que ver contigo.

—¿Y Dax? —pregunté.

—En estos momentos está fuera de la Academia.