Capítulo 20 | Sunny #2
Vivi gritó y su coño se contrajo alrededor de mi verga; una cálida humedad me bañó mientras ella temblaba y se corría.
Abrí mucho los ojos al darme cuenta de lo que ocurría y salí de ella desesperadamente justo cuando disparaba chorros de semen caliente y pegajoso sobre su culo y la parte baja de su espalda.
Cuando terminé, solté el aire con dificultad y luego dejé escapar un profundo suspiro. Vivi seguía allí, como un maniquí tembloroso, con las piernas muy separadas y mi semen escurriéndole por la curva de las nalgas.
Se tumbó boca arriba y mantuvo las piernas abiertas para enseñarme lo rojo e irritado que le había dejado el coño. Soltó un ronroneo satisfecho y me dedicó una sonrisa cansada. —Mmm, eso ha sido muy excitante, papi.
Parpadeé al mirarla y me retiré a la silla, al otro lado de la habitación. Me senté, atónito, incapaz de creer que imaginar a la mujer que despreciaba me hubiera hecho correrme tan deprisa.
Coralia Hargrave. La hermana sustituta. La chica que aparece de la nada y acapara la atención de todo el Guante de Hudson, como si fuéramos suyos. Como si fuéramos masilla que pudiera moldear a su gusto.
Maldita sea. ¡No voy a permitirlo!
—¿Pasa algo, Sunny? —preguntó Vivi—. ¿No te ha gustado?
Alcé la cabeza, boquiabierto, y aparté aquellos pensamientos. —No, ha estado bien. Tienes que irte.
Frunció las cejas. —Yo... ¿No puedo quedarme?
—No.
—Pero s-siempre me quedo —dijo, esperanzada. La esperanza se transformó enseguida en ira y se le desencajó el rostro—. ¿Con quién más te estás acostando?
Incliné la cabeza. —¿Qué?
— He dicho ...
—No es asunto tuyo, Genevieve. Yo podría preguntarte lo mismo, ¿no?
Algo parecido a la culpa le cruzó el rostro. Lo borró enseguida y volvió a mirarme con rabia. —¿Así que no lo niegas?
—No te debo nada, Vivi.
Abrió la boca de par en par. —Te he chupado la polla durante media hora y he dejado que me follaras a cuatro patas, ¿y no me debes nada ?
—No.
Soltó un bufido tan bien ensayado que habría dejado en ridículo a la persona más mezquina del planeta. —Capullo. Tienes unos cojones de la hostia...
—Necesito una noche para mí, Vivi —dije—. Para recargar las pilas.
Refunfuñó y se levantó de golpe, alisándose la minifalda sobre las piernas tonificadas. Ni siquiera se había limpiado, pero yo no pensaba detenerla mientras salía hecha una furia. —Pareces un puto blandengue, ¿lo sabes?
No dije nada.
Cogió el bolso y puso los ojos en blanco. —Ahora me toca aguantar en mi habitación a esa Fantasma tan sosa. Es una pesada de cojones. Peor que la zorra de Coralia, si eso es posible...
—No sigas —gruñí.
Ladeó la cabeza. —¿Qué pasa? ¿No puedo llamarla zorra? ¿Me estás tomando el pelo?
—No tienes por qué ir insultando a todo el mundo, Vivi.
—Mira quién habla, grandullón. —Soltó otro bufido de fastidio. Entonces entornó los ojos—. Espera un momento. No puedes hablar en serio.
—¿Qué?
—¿Te estás follando a ella ? ¿¡A la sustituta!?
Hundí la cara entre las manos y suspiré. —No, Vivi. No está pasando nada de eso.
Emitió un sonido de desprecio. Me daba igual que no me creyera. —Eres un capullo que se cree mejor que los demás, Sunny Conway.
Dicho eso, salió de la habitación hecha una furia.
—Mira quién fue a hablar —murmuré para mis adentros cuando cerró la puerta de un portazo. Era cierto: últimamente había pasado demasiado tiempo con Genevieve y se me estaba pegando su actitud de mierda. Y eso no era bueno, teniendo en cuenta que yo ya tenía un carácter bastante sombrío.
Fruncí el ceño. Sabes que estás bien jodido cuando Genevieve Jade, la muy jodida , te llama capullo que se cree mejor que los demás. Joder, tío.
ME DESPERTÉ AL DÍA siguiente a última hora de la tarde, más cabreado aún que cuando me había acostado de madrugada. Me maldije por aquel momento de debilidad, por el error de juicio que me había llevado a enfadar a Genevieve.
Necesitaba que siguiera de mi parte. Por manipulador que resultara, el fin justificaba los medios.
Tenía respuestas que necesitaba sacarle. Así que ahora me toca esforzarme por recuperarla. Que me encadenen los Espíritus, antes me arrastraría los huevos por un montón de cristales.
Por la ventana vi que empezaba a ponerse el sol.
Normalmente me despertaba a última hora del día: los vampiros éramos noctámbulos por naturaleza.
Podía salir a la luz del sol, pero no durante mucho tiempo sin empezar a encontrarme fatal.
Si tomaba el sol, acababa en la enfermería.
Si pasaba todo el día fuera, acababa reducido a cenizas.
Necesitaba dar un paseo para despejarme. La follada intensa de la noche anterior no había servido de nada.
Necesito alimentarme . La falta de sangre empezaba a ponerme más irritable de lo habitual, y eso ya era decir.
Salí de la residencia a toda prisa, envolviéndome en mi capa roja por si el sol se volvía demasiado intenso. Me importaba una mierda lo que pensaran los demás de mi capa. No es culpa mía que todos los demás sean unos paletos sin estilo.
Una vez fuera, me dirigí hacia el parque.
Sabía que allí encontraría a algún Fantasma desprevenido, probablemente una chica, que no pondría ninguna pega cuando le sacara sangre.
Era arrogante, pero tenía mis motivos: atraía a hombres y mujeres como la llama a las polillas.
Si eso les permitía acercarse a un alumno veterano, sobre todo a uno de mi posición, y sentir que habían «triunfado» y que yo «les debía un favor», harían cualquier cosa por mí.
Tuve la mala suerte de que, antes de llegar al parque, vi a Coralia y a su amiguita Charli salir juntas del comedor y venir hacia mí. Charlaban y se reían como dos viejas amigas.
Por alguna razón, aquello disparó mi furia. Cerré los puños a ambos lados del cuerpo. Si era sincero conmigo mismo, sabía por qué estaba tan enfadado: Coralia se había metido en mi cabeza en mitad del polvo y la noche anterior casi me había costado todo.
Tenía que enseñarle a aquella mocosa a no interponerse entre mis planes y yo. Puede que su «intrusión» hubiera sido involuntaria, pero no podía tolerarla. Ella quizá no lo sabía, pero lo estaba echando todo a perder.
Coralia tenía a mis hermanos cogidos por los huevos y se comportaba como si la Academia entera fuera un paseo. Como si el mundo estuviera a su disposición. Igual que pensaban mis malditos antepasados.
Apreté los dientes y espeté: —¡Coralia Hargrave! —Nos separaban unos quince metros, pero mi voz viajó con el viento.
Levantó la cabeza como una suricata, con la alarma claramente dibujada en su bonito rostro. Cuando miró hacia mí y vio que era yo, palideció. Dio media vuelta y echó a andar a toda prisa en dirección contraria, con Charli a su lado.
Apreté aún más los dientes, tanto que pensé que se me partirían. ¿La muy zorra cree que puede esquivarme? ¿Que puede huir de sus problemas sin más? De mí no puedes huir.
Di unos pasos hacia ella. Coralia aceleró el paso.
Suspiré y negué con la cabeza. ¿Quieres jugar? Pues voy a enseñarte un juego divertido.
Vi una sombra cerca de mí, una muy larga que proyectaba un árbol próximo, en el límite del parque. Entorné los ojos y observé que Coralia y Charli se dirigían hacia un mar de sombras turbias creado por el sol poniente.
Con un giro de muñeca, hice un movimiento brusco con la mano derecha.
Coralia pisó una sombra...
Y desapareció en ella como una nave espacial absorbida por un agujero negro. La sombra se la tragó y solo el final de un jadeo indicó que había estado allí un instante antes.
Charli chilló y miró frenéticamente a su alrededor. Se llevó las manos a la cabeza, alarmada.
Sonreí con suficiencia y me detuve, con la vista fija en la sombra del árbol que tenía al lado. —Podría hacer esto todo el día —me dije, muy satisfecho de mí mismo.
Esperé. Parpadeé.
Charli vino hacia mí a toda prisa, con el diminuto rostro contraído por la furia.
Fruncí el ceño mientras pasaban los segundos. Volví a mirar la sombra del árbol.
—¡Eres un cabeza de chorlito enorme! —gritó al llegar hasta mí, agitando los puños en el aire—. Nunca le diría esto a nadie, pero eres un... —Se interrumpió, sin duda intentando encontrar el insulto más cruel y vulgar que se le ocurriera—. ¡Un... animal ! ¡Una bestia atroz, podrida y egocéntrica!
Bajé la vista hacia aquella fierecilla.
—¿Por qué eres tan malo con ella? —se lamentó Charli—. ¿¡Qué te ha hecho!?
Volví los ojos hacia la sombra. Había pasado demasiado tiempo. —Se supone que... tendría que salir de esa sombra.
La furia de Charli empezó a apagarse. Se le llenaron los ojos de lágrimas. —¿C-cómo que tendría? ¿Dónde está entonces?
Se suponía que era una broma. Una broma cruel, sí, para atrapar a Coralia y traerla hasta mí sin tener que perseguirla. —Era un portal de sombras —expliqué mientras el pánico empezaba a crecer en mi interior.
—¿Ah, sí? Pues se te debe de dar fatal, machote, porque yo no la veo. ¿Dónde está mi mejor amiga , Sunny?
—... Joder.