Capítulo 19 | Coralia #2
Contuve una exclamación al apartarme de la pizarra.
Mi nombre estaba escrito en naranja, junto a otros.
La mayoría estaban tachados en rojo, salvo el mío, el de Genevieve y un par más.
Examiné la pizarra rápidamente. A la derecha de los nombres habían dibujado un rectángulo.
Varias flechas señalaban distintos puntos de su interior.
No sabía exactamente qué estaba viendo —no había ningún encabezamiento que dijera «Planes secretos» ni nada parecido—, pero reconocía un campo de juego cuando lo tenía delante.
Parecían un esquema y unas posiciones.
—Eh, Venn, ¿qué es esto? —Al volverme hacia él, vi que parecía alarmado.
—Ah, eso. No es nada —dijo, sin resultar convincente en absoluto—. Es, eh...
—¿Qué coño hacéis vosotros dos aquí? —tronó una voz furiosa desde la entrada del dojo.
La voz sonó tan fuerte y repentina que di un respingo de cuerpo entero.
Solté una exclamación y, al girarme, tropecé y caí hacia atrás, contra Venn.
Sus fuertes brazos me rodearon por instinto.
Como para protegerme. Su rostro terso quedó peligrosamente cerca de mi cuello y su respiración agitada me acarició la nuca.
Aunque tenía el cuerpo en tensión, por dentro sentí una oleada de calor.
Su aroma fresco, a lluvia, invadió mis sentidos y no pude evitar aspirarlo profundamente.
Sus bíceps fibrosos encajaban a la perfección a mi alrededor, apretándome los costados, aunque no aprovechó para meter mano ni hacer nada fuera de lugar.
Venn parecía demasiado respetuoso para eso, incluso en un momento de tensión.
Sunny Conway avanzó hacia nosotros hecho una furia, con el rostro pálido desencajado. Nos sacaba una cabeza tanto a Venn como a mí. Llevaba una llamativa capa roja que ondeaba a su espalda con cada paso furioso, al compás de su larga melena rubia. Parecía recién salido de la época victoriana.
Venn me soltó y la pérdida de su contacto me dejó el cuerpo lleno de añoranza. No sabía explicarlo.
Se colocó delante de mí, dispuesto a protegerme. —Estamos estudiando Alquimia, Sunny.
—¿ Aquí ? —gruñó Sunny, deteniéndose a unos tres metros de nosotros.
Su capa le daba un aire imponente, al que contribuían aún más sus músculos marcados.
Podía ser un vampiro pálido, pero desde luego no era ningún esmirriado.
A mi parecer, el brillo de porcelana de su piel solo lo hacía más endiabladamente guapo.
Lástima que fuera un capullo incorregible.
—Sí, aquí , Sunny —respondió Venn. Nunca le había oído hablar con tanta tensión ni tanta rabia. Se notaba que le costaba lo suyo plantar cara a Sunder. —Mi apellido está en el maldito edificio.
Disimulé una sonrisa al darme cuenta de que se contradecía en lo de no tener «privilegios» ahora que le convenía.
Sunny apuntó a Venn con un dedo. —Esto no es un motel al que puedas traer a cualquier lagarta que se te antoje. A mí no me ves paseándome por ahí con...
—¡Eh! ¿A quién coño llamas lagarta? —solté.
Me ignoró, y Venn siguió interponiéndose entre los dos para protegerme. Me cabreó que no me hicieran caso, pero entendía que aquellos dos necesitaban aclarar las cosas.
—Este debería ser el puesto de mando de nuestra hermandad, Venn, de la que ella no forma parte —escupió Sunny entre dientes.
Ah, perdón. No era su amiguito, sino su «hermano».
Se notaba que Sunny estaba haciendo un esfuerzo enorme por no perder los estribos. Lo sabía porque a mí me pasaba a menudo.
No entendía por qué Sunny se lo tomaba tan mal. Y, si Venn sabía que descubrir aquello provocaría una reacción tan furiosa, ¿por qué me había traído? ¿Y qué coño traman con mi nombre en esa pizarra?
—Me has decepcionado, hermano —concluyó Sunny con una exhalación. Su cuerpo rígido se venció y los hombros se le hundieron. Ya no parecía enfadado, sino abatido.
Por un instante, hasta me dio pena. Sí, era un capullo de mucho cuidado. Pero quizá considera el dojo su refugio particular entre colegas, algo más importante de lo que es en realidad. Quizá siente que, junto a sus amigos, el lugar les pertenece.
Sunny se marchó a grandes zancadas por donde había venido. Nos dejó a los dos sin palabras.
—Mierda, será mejor que me vaya —dije. Empecé a caminar hacia la puerta. —No quiero meterme en medio de...
—Espera —dijo Venn con voz entrecortada, y no pude evitar volverme. Extendía una mano hacia mí, con una expresión de frustración o ansiedad en el rostro. —No es... Es que... Uf. Sunny... se ha tomado mal la ruptura. Eso es todo.
—¿La ruptura?
—La del Guante de Hudson. No una ruptura propiamente dicha, sino, ya sabes, la separación . Cuando perdimos a tu hermana y a Quentin, nosotros... Bueno, desde entonces nada ha vuelto a ser igual. —Soltó un suspiro hondo. —Dale una oportunidad. Supongo que eso es lo que intento decir. Por favor.
Aunque hablaba atropelladamente y no acababa de encontrar las palabras, lo entendí. Venn, Sunny y Dax hacían cuanto podían por mantener su amistad después de perder a dos de los suyos. Me compadecí del pobre Venn. Estaba claro que él y Sunny no estaban de acuerdo en todo. Concretamente, en mí .
Después de que mencionara brevemente a mi hermana, quise volver sobre el tema y sonsacarle información sobre Myria. Pero no me pareció el momento ni el lugar.
En lugar de eso, asentí con toda la dulzura que pude, consciente de que Venn estaba sufriendo. —Lo entiendo, Venn. Lo intentaré. Pero ¿por qué tengo la sensación de que este pequeño lío acabará pasándome factura?