La oscuridad llama (Shadowblade Academy 1) Capítulo 17 | Coralia
38%

Capítulo 17 | Coralia

Coralia

ESTABA DE PIE EN EL PRADO cubierto de hierba del parque, junto a mis compañeros de clase. Era media tarde y el sol caía a plomo, proyectando largas sombras sobre el terreno. Una ráfaga de viento recorrió la hierba y me echó el pelo a la cara.

Hice los intrincados gestos que me habían enseñado, y que ya me salían sin pensar, y extendí la mano hacia la sombra de Charli, que tenía delante.

No pasó nada.

El viento volvió a soplar. Resoplé y me aparté el pelo de la cara con la mano. Gruñí, exasperada, y di un pisotón. Recorrí con la mirada a los demás Fantasmas: todos manipulaban sombras y progresaban en sus estudios.

Algunos estudiantes conseguían que su sombra actuase con independencia de su cuerpo y que sus extremidades se moviesen en una macabra danza.

Charli había logrado convertir la mía en una masa informe, algo que me asustó porque sentía que estaba extrañamente unida a mi cuerpo, como si una parte de mí se hubiera transformado por un instante.

La primera vez que Charli transformó mi sombra, lo celebramos y nos abrazamos.

Pero de eso hacía casi tres semanas.

Era increíble que algo a lo que apenas había prestado atención en toda mi vida —mi sombra— se estuviera convirtiendo en el centro de mi mundo.

La frustración iba en aumento y yo estaba a punto de estallar. A estas alturas ya debería haber sido capaz de hacer algo , pero cada vez que recitaba los encantamientos hacia una sombra, no ocurría nada.

De vez en cuando notaba una chispa en mi interior que me arañaba el vientre al hacer los signos y los movimientos, como si una energía aún sin explotar se debatiera dentro de mí, deseando salir.

Por lo visto, era un conducto pésimo, porque hasta entonces no había conseguido mover ni el meñique de una sombra.

Había algo que no encajaba. O no hacía bien los movimientos o era una Anormal que no lograba adaptarse. Temía que mis captores y el director se hubieran equivocado conmigo.

¿Por qué no consigo acceder a mi poder?

El profesor Gareon Lews, el apuesto y delgado profesor de Manipulación de Sombras , me animaba, pero no era de mucha ayuda.

Mientras recorría el grupo de estudiantes, dedicándoles palabras de aliento y felicitándolos por sus logros, llegó hasta mí y frunció el ceño.

Llevaba días repitiéndose la misma escena, y yo estaba harta de fracasar.

—Sigue intentando buscar en tu interior —me dijo.

Traté de despejar la mente hasta dejarla completamente en blanco.

Continuó—: Déjame ver los movimientos. Repetí el hechizo sin éxito.

Entonces gruñó, se subió las gafas sin montura por su fina nariz mientras me examinaba y no me ofreció ninguna otra sugerencia.

Se dio la vuelta y se alejó, con los faldones de la gabardina ondeando al viento.

Lo vi ir a ayudar a otro estudiante mientras el desánimo se me instalaba en la boca del estómago. Ad nauseam .

Resultaba tan irritante que me daban ganas de estrangular a alguien. Se suponía que Gareon Lews era un experto en la materia. Probablemente lo fuera; simplemente, nunca se habría topado con un problema como aquel. Todos los que llegaban a Shadowblade Academy habían pasado un proceso de selección.

Empezaba a pensar que aquel no era mi sitio, y eso también me enfurecía. Una cosa era que estudiantes como Genevieve dijeran que no pintaba nada allí, pero que mis propios actos —o, mejor dicho, mi falta de ellos— le dieran la razón era casi demasiado.

A esas alturas del semestre, estaba dispuesta a presentarme al examen de mitad de curso, suspender y dar el asunto por zanjado. Volver a Nueva Orleans, recuperar mi trabajo junto a Marlow en la tienda de segunda mano de Lindon y retomar mi modesta vida.

Lo que más me impedía hacerlo era mi maldito orgullo. No era capaz de rendirme. Charli me animaba muchísimo y, para ser sincera, en general las cosas habían mejorado bastante desde mi pelea tan mal planteada con Genevieve Jade.

Desde que compartía habitación con Charli, las cosas no habían ido tan mal. Yo me mantenía alejada de Genevieve y Sunny y, en general, ellas me dejaban en paz. Mis niveles de estrés habían bajado una barbaridad.

¡Ahora solo falta que se muevan estas putas sombras!

Terminó la clase y solté otro hondo suspiro. Charli se acercó trotando, con un mohín triste, y me rodeó la cintura con un brazo. Caminamos hasta salir del césped mientras yo dejaba caer los hombros y la hierba seguía meciéndose a mi espalda.

Habíamos tenido unos días preciosos durante la última semana o dos. La clase de Manipulación de Sombras se impartía a una hora concreta, cuando las sombras tenían el tamaño ideal: siluetas grandes y definidas que deberían haber sido fáciles de manipular.

—¿Cómo narices puede Genevieve enroscarme en las piernas sombras con tentáculos como un monstruo del porno alienígena y yo no consigo que se menee ni la sombra de una pared? —me quejé mientras pasábamos de la hierba al pavimento.

Charli me dio unas palmaditas en la espalda. —No puedes compararte con nadie, cielo. Y menos con Vivi Jade. Lleva entrenándose desde Briarwitch Academy. Estaba destinada a convertirse en shadowblade incluso cuando aún era estudiante de grado.

—No es justo.

—Lo sé, Cor Cor. Tienes que librar tus propias batallas. Me fastidia decirlo, pero Vivi no es tu enemiga en esto.

La miré por el rabillo del ojo. —¿Vas a decirme que mi peor enemiga soy yo misma?

Se sonrojó y me dedicó una sonrisa avergonzada. —Intentaba no decirlo.

—Te lo agradezco.

Seguimos hacia el comedor. Nuestra siguiente clase, la última del día, era Desplazamiento por las Sombras . Obviamente, allí tenía tantos problemas como en Manipulación de Sombras . Si no podía dar forma a una sombra, ¿cómo coño iba a caminar por ellas?

Estaba casi segura de que ambos problemas tenían la misma raíz: sencillamente, no conseguía acceder a mi poder.

Llegué aquí prometiendo mucho. Ahora me estoy apagando como una vela consumida.

¡Con razón Genevieve ha dejado de meterse conmigo!

¡Ni siquiera tiene que hacer nada para que yo solita me ponga en ridículo!

Callarse y verme hacer el ridículo la hace parecer una genia ahora mismo, como si hubiera tenido razón conmigo desde el principio.

Los humanos no debían estar en la Academia.

Parpadeé con fuerza para quitarme esos pensamientos de la cabeza. Charli tenía razón: debía dejar de compararme con Genevieve e intentar hacerlo mejor al día siguiente.

Al llegar a las puertas del comedor, se me ocurrió algo. —¿Desde cuándo llamas «Vivi» a Genevieve, eh? Creía que solo sus amigos la llamaban así.

Sus mejillas pecosas se tiñeron de rojo. —Bueno, hemos llegado a una especie de entendimiento...

Abrí los ojos de par en par cuando dejó la frase en el aire. —¿Ah, sí?

Soltó un resoplido y se le escapó una risita aguda. —No. Es que ya me importa un comino. Me sonrió de oreja a oreja—. ¡Eso lo aprendí de ti, Cor Cor!

Dejé escapar una risa sin alegría. —Estupendo. Supongo que no soy del todo inútil.

—SEÑORITA HARGRAVE, ¿RECUERDA qué son los portales de sombras? —preguntó la profesora Avery. No sabía si era una pregunta retórica, porque lo habíamos repasado todos los días desde que empezó el curso.

—Eh, sí, profesora. Son los caminos entre los mundos.

La menuda mujer soltó una risita. —Dicho así, haces que parezca una pseudociencia, muchacha.

Eva Avery era diminuta, y eso era un hecho.

No medía más de metro y medio y apenas me llegaba al pecho.

No acababa de creerme que no fuera una mediana muy alta.

Podía resultar un tanto condescendiente, pero era una gran profesora de Desplazamiento por las Sombras gracias a su tamaño y a su tendencia a moverse con sigilo.

Siempre se me acercaba por detrás como una ninja y, cuando me volvía, me sobresaltaba verla allí plantada como si llevara todo el rato observándome fracasar en mis intentos de atravesar las sombras.

Si intentar animar las sombras a base de gestos con las manos ya era embarazoso, fracasar al intentar caminar por las sombras era directamente humillante. Me limitaba a dar pasos, pisotones y zapatazos sobre distintas manchas grises. Parecía idiota y me sentía como tal.

Después de hablarme con condescendencia por repetir palabra por palabra lo que ella misma había dicho al principio sobre los portales de sombras, la profesora Avery juntó las manos ante sí.

—Piensa en un portal de sombras como en un charco en la calle.

Cuando la tierra tiembla, el charco se estremece, igual que todos los demás charcos a su alrededor. ¿Y por qué ocurre eso?

—¿Porque están conectados?

—Exactamente. Porque los charcos están conectados de formas que no podemos ver: los une la propia tierra. O, a menudo, pequeños regueros de agua que van de un charco a otro, ¿verdad?

Entendía bastante bien su metáfora de los charcos, pero no sabía en qué iba a ayudarme. Tampoco estaba segura de que lo que decía fuera cierto, porque ¿acaso los charcos no eran independientes unos de otros? ¿Y los estanques?

No pensaba discutir con la profesora. Estaba claro que intentaba explicarme algo.

—Esa línea de conexión es lo que une los charcos.

Las sombras también están unidas por un vínculo, solo que ese vínculo se encuentra en tu mente, no en la tierra.

Se tocó la sien—. Al hilo que une las sombras lo llamamos «portal».

Es lo que permite desplazarse por ellas.

Ese hilo mental también explica por qué a un shadowblade le cuesta atravesar sombras que nunca ha visto. No existe ninguna conexión con ellas.

La profesora extendió sus pequeños brazos para abarcar el aula con un gesto. A diferencia de Manipulación de Sombras , aquella clase se impartía en una sala donde las sombras se creaban artificialmente mediante fuentes de luz. Eso facilitaba a los estudiantes el desplazamiento por las sombras.

Hasta entonces, solo unos pocos estudiantes habían conseguido entrar en una sombra y salir por otra, aunque estuvieran separadas por apenas unos pasos.

Charli no era una de ellos, pero parecía estar a punto de lograrlo.

La frustración le crispaba las facciones menudas.

Por lo visto, hacía falta mucha concentración, algo de lo que las dos andábamos escasas.

Me alivió un poco saber que no era la única incapaz de caminar por las sombras. A todos les costaba: era más avanzado que cualquier otra cosa que los Fantasmas hubieran intentado hasta entonces, lo cual no auguraba nada bueno para mis posibilidades de éxito.

Intenté asimilar todo lo que había dicho la profesora Avery en su explicación. Me había soltado un montón de información y me parecía bastante complicada. ¿Será por eso por lo que mis poderes sobre las sombras no funcionan en absoluto? ¿Porque no tengo ese «vínculo» del que habla?

—Encuentra el hilo en tu cabeza y las sombras acudirán a ti —dijo, confirmando en cierto modo mis sospechas.

Asentí. —Entonces, profesora, ¿ese vínculo, o hilo, es el «camino» del que habló en su primera metáfora?

Ladeó la cabeza de un lado a otro. —Sí y no.

El camino es el hilo de tu mente que conecta las sombras, sí, pero también es un camino real .

No es una metáfora. Cuando te desplazas de una sombra a otra, recorres ese camino.

Es donde va tu cuerpo mientras no estás en este mundo material.

Me sonrió como si aquello lo explicara todo.

Yo estaba aún más confundida. Había añadido nuevos matices y ya no conseguía seguirle el hilo. A lo mejor estoy amodorrada por haberme puesto morada de comer con Charli en el comedor. Pensé que la conversación había terminado.

Pero entonces dijo: —Como has visto en esta clase, los estudiantes descuidados o inexpertos a menudo vuelven a salir por la misma sombra en la que desaparecieron. Les falta el vínculo que conecta las sombras y terminan justo donde empezaron. Así que recuerda: debes tener cuidado.

—¿Cuidado con qué, profesora?

—¡Con salirte del camino, por supuesto!

Abrí los ojos como platos. —Eh, ¿y adónde lleva eso ?

—Al Reino Espectral, querida. El otro mundo de la expresión «los caminos entre los mundos».

—Que Dios me ayude —murmuré.

—Ah, Dios no puede salvarte. Si te deslizas al Reino Espectral, puede que te cueste regresar.

Hizo un gesto desdeñoso con la mano, como si no fuera motivo de preocupación, pero yo estaba aterrada—.

Hablaremos largo y tendido de eso más adelante, durante el semestre.

Me estoy adelantando. Por ahora, ve despacio, como los demás estudiantes, y todo irá bien.

Solo ten cuidado con dónde pisas. Sonrió, asintió y se marchó, dejándome atónita.

Tener cuidado... ¿con dónde piso?

Mierda, ¡ya ni siquiera estoy segura de que quiera seguir caminando por las sombras!