La oscuridad llama (Shadowblade Academy 1) Capítulo 15 | Coralia
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Capítulo 15 | Coralia

Coralia

ME DESPERTÉ UN RATO DESPUÉS, por un momento, y recordé vagamente haber visto, a través de mis párpados pesados y pegajosos, que estaba sola en la enfermería.

Por fin tenía tiempo para descansar, quizá por primera vez desde que había llegado a Shadowblade Academy.

Genevieve Jade no solo me había dado una buena paliza en clase: había soñado que se colaba en nuestra habitación y me apuñalaba mientras dormía, lo que me había hecho dar mil vueltas en la cama.

El primer día de clase había sido un torbellino, y eso que solo había asistido a dos clases.

Cuando desperté, no tenía ni idea de qué hora era ni de qué día estábamos.

Recordaba que aún me quedaban otras dos clases: Manipulación de sombras y Desplazamiento por las sombras , las dos que más ganas tenía de dar.

Cuando intenté levantarme de la camilla, todo me dio vueltas.

Los músculos protestaron y los huesos me crujieron.

Solté un gemido, hice una mueca y volví a dejarme caer en la cama.

—Quizá solo unos minutos más... —me dije, mientras los párpados volvían a pesarme.

Bostecé una vez y caí dormida de inmediato, durante otro período de tiempo imposible de calcular.

En aquel sopor, no distinguía lo real de lo que no lo era. ¿Había ocurrido de verdad todo lo anterior a que los medicamentos del doctor Feelgood hicieran efecto, o había sido un sueño?

No, no, no. ¿Por qué iban Dax Kilmeade y Venn Gable a ofrecerse a darme clases particulares de nada? No tiene sentido.

Aunque Sunny no se ofreció a una mierda, así que, por ese lado, el universo sigue en orden. Si ese gilipollas me hubiera propuesto enseñarme los entresijos de la Academia, sabría que estoy soñando.

Entonces, ¿puede que todo haya pasado de verdad?

Dax iba a ser mi tutor de Intención Física . Venn se había comprometido a enseñarme Alquimia . Era desconcertante, por decirlo suavemente.

Mis pensamientos derivaron hacia algo más cuestionable: lo intrigantes que me parecían los tres.

Incluso Sunny, pese a ser un gilipollas de primera.

Ese vampiro alto, de pelo largo y cuerpo atlético, me profanó al chuparme la sangre del cuello como si nada.

¿Significa eso que le atraigo? ¿O fue una simple demostración de dominio?

Porque quizá sea la clase de hombre a la que no me importaría dejar que me dominase, que pusiera en su sitio mi lengua respondona...

Y Dax. Me mira como si yo fuera su próxima comida o su próximo objetivo. ¿Estoy cometiendo un error al acercarme a él? ¿Al dejar que me enseñe algo tan «íntimo» como el combate cuerpo a cuerpo? A ver, no me importaría ver su piel oscura sobre mi carne pálida, pero...

Puede que Venn pegue más conmigo. Sabe seguirme el humor negro y parece el más interesado en lo que digo y hago. Es el más sincero con sus emociones, y eso para mí vale mucho...

Sus rostros atractivos aparecían y desaparecían ante mis ojos, girando en las alas de un tornado. Los hombres me sonreían uno tras otro, enseñando sus dientes blanquísimos antes de desvanecerse y transformarse en el siguiente hombre irresistible.

Aquellas cabezas se convirtieron en partes de sus cuerpos, y mi mente recorrió cada centímetro de sus músculos bien formados, de sus brazos fuertes, de sus abdominales duros como ladrillos.

Cada uno irradiaba un aura poderosa, de un color distinto que yo no sabía interpretar.

Solo sabía que aquellos colores les daban un esplendor de dioses alfa.

¿Por qué me atraen tanto?

Las auras volvieron a retorcerse hasta convertirse en recuerdos reales: yo tumbada boca arriba, mirando la mano que Venn me tendía; el bulto entre sus piernas en el que se me había posado la mirada; la fuerza con la que me había llevado en brazos, como si no pesara nada; aquella sonrisa de chulo.

Sí, menuda sonrisa de chulo.

Todos aquellos hombres tenían algo de lo que me apetecía probar un poco, algo grueso que les colgaba entre los muslos...

Dios mío. ¡Alerta de calentón! ¡Alerta de calentón!

¡Tengo que despertarme!

¡Despierta. De. Una. Vez, chica!

Abrí los ojos de golpe. Estaba tumbada de lado, en posición fetal, mirando una pared y respirando entrecortadamente. Una manta me cubría el cuerpo y me envolvía en un calorcito delicioso. Mmm, qué calentita estoy. Como unas tortitas con beicon. Así no me extraña que mi libido ande desatada.

No solo llevaba Dios sabía cuánto tiempo sin acostarme con nadie, sino que, encima, me habían puesto delante a todos aquellos hombres tan sexis a la vez. Hombres que dejaban a la altura del betún a los tíos del montón de la Costra.

Noté la cara acalorada. Mientras intentaba acompasar la respiración, terminé de abrir los ojos.

Entonces advertí, para mi horror, que tenía las manos metidas entre mis muslos carnosos, con los dedos hundidos en mi sexo cálido y húmedo.

Los tenía pegajosos por mi propia excitación, y el deseo de mi sueño erótico se volvió nítido a medida que la realidad cobraba forma a mi alrededor.

Abrí los ojos como platos y saqué los dedos. Tortitas con beicon , dijo mi mente, mientras el último vestigio de mis sueños obscenos se disipaba en una bocanada de comida deliciosa y sirope.

Me puse boca arriba con un suspiro...

Y casi me salí del pellejo del susto. El corazón se me paró un instante al ver dos figuras inclinadas sobre mí al otro lado de la camilla: Charli y otra chica a la que no conocía.

Me subí la manta hasta el cuello, con las mejillas ardiéndome de vergüenza. No tenía ni idea de cuánto había visto Charli de aquello .

Me miraba desde arriba con una sonrisa de oreja a oreja, como era habitual en ella, y tenía una mano apoyada en el hombro de la chica que estaba a su lado. —¡Yupi, Cor Cor, por fin te has despertado! ¿Estás bien? Te estabas retorciendo un po...

—¡Tortitas con beicon! —solté a voz en grito, muerta de vergüenza. Mi nueva mejor amiga casi me había pillado pinchando mis discos como una DJ. —Es-estoy bien. Eh, ¿quién es ella? —Desvié la mirada hacia la rubia que estaba junto a Charli. Cualquier cosa con tal de desviar la atención de mí.

—Ah, esta es Mya. Es mi compañera de habitación.

Fruncí el ceño y empecé a incorporarme, sin quitarme la manta de encima. —Va... le. Hola, Mya. Soy Coralia.

—Ya lo sé. —El tono de Mya sonó un poco descarado, algo extraño en alguien con aquella cara tan dulce.

—He tomado una decisión por mi cuenta, Cor Cor, y Mya está de acuerdo —me informó Charli con un asentimiento solemne.

—¿De acuerdo con qué, exactamente? —Estaba confundida de narices y me sentía muy vulnerable, con el coño todavía palpitándome bajo las sábanas.

Hablando de mininos , pensé, y me puse a examinar la habitación vacía: detrás de Charli y Mya, e incluso me incliné para mirar debajo de la camilla. —¿Dónde está Brucey, Char?

—No te preocupes, está a salvo en nuestra habitación. —Me guiñó un ojo de forma exagerada. Se notaba que estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no estallar de emoción.

—Está... ¿qué? Espera, sigo sin entender nada. Ve más despacio.

—¡Vamos a intercambiar compañeras de habitación! —chilló Charli, dando palmadas entusiasmada.

Ladeé la cabeza. —¿Ah, sí?

—Quiero entrenar con la mejor —dijo Mya, con los ojos azules relucientes—. Genevieve Jade es la mejor. Ya nos han dado permiso. El cambio está decidido, así que no intentes impedirlo.

—¿Por qué...? ¿Por qué iba a intentar impedirlo? —Mi tono inexpresivo dio paso al entusiasmo—. ¡Es, en serio, la mejor noticia que me han dado desde que llegué aquí!

—¡Yupiiii! —celebró Charli. Alzó los puñitos en el aire.

Me incorporé de golpe. —¿Me estás diciendo en serio que ya no tendré que compartir habitación con esa maldita arpía?

Mya murmuró: —Tampoco puede ser tan malo...

—¡Pues sí, ahora Brucey y tú os quedáis conmigo! —intervino Charli—. Ya está todo arreglado, como ha dicho Mya. Ahora que somos compañeras de habitación, ¡puedo ayudarte a aprender los fundamentos de la magia! Lo que habrías aprendido en, no sé, Briarwitch Academy, si hubieras ido allí.

Me quedé con la boca abierta. No sabía qué decir. ¿Voy a ser una maga? ¿O algo así? ¿Una hechicera?

Quiero decir, me han dicho que sí tengo poderes, así que ¿por qué no?

Tras asegurarme de que tenía las partes bajas bien tapadas, salté de la cama y abracé a Charli. Nos pusimos a dar vueltas como crías cerca de Mya, que de pronto no parecía tan entusiasmada con el cambio que había hecho.

Para mí, las cosas empezaban a mejorar.

—NECESITO TORTITAS CON beicon —dije al salir de la enfermería con Charli. La noche se acercaba deprisa por el horizonte rosado—. Madre mía, ¿cuánto tiempo he estado dormida?

—Unas horas. Creo que tu cuerpo necesitaba dormir más que ninguna otra cosa. El médico ha dicho que estarás bien.

—Bueno, eso está bien. —La miré y vi que rebosaba energía. Su carita angelical no sabía disimularlo. Con una sonrisa ladeada, le pasé un brazo por el cuello y la atraje hacia mí para estrujarla—. Ven aquí, duendecilla.

Se rio entre mis brazos y hundió la cara contra el costado de mi pecho, poniéndose sorprendentemente cómoda en cuestión de segundos.

—Muchas gracias por todo lo que has hecho, Char —le dije en voz baja, al oído—. No sabes lo que significa para mí tener a alguien de mi lado.

Se apartó. Tenía los ojos brillantes de lágrimas. —¿Estás de broma? ¡Te dieron una paliza para que no me la dieran a mí! Es lo más bonito que nadie ha hecho por mí.

Solté una risita y me rasqué la cabeza. —Sí, bueno, no me paré mucho a pensarlo.

—¿De verdad creías que podrías con Genevieve, Cor Cor?

—Eso esperaba —admití.

—Está muy bien entrenada. Pero te ayudaremos a ponerte al día, y ya no tendrás que preocuparte por que te acose en tu propia habitación.

—¡Gracias a los Espíritus ! Como decís vosotros.

Charli me rodeó la cintura con un brazo y apoyó la cabeza en mi hombro mientras seguíamos caminando por el campus al caer la noche. —Venga, vamos a por esas tortitas con beicon. El comedor está ahí delante.

Al oír hablar de comida de desayuno, se me hizo un nudo en el estómago. Aflojé el paso cuando una oleada de tristeza y nostalgia surgió de la nada y se hinchó en mi interior.

Charli notó mi brusco cambio de humor y me miró preocupada mientras reducía el paso conmigo. —¿Estás bien, cielo?

Los recuerdos que había mantenido encerrados regresaron en tropel, sin filtro alguno: ser el blanco de los desprecios de mi madre; marcharme por mi cuenta cuando era adolescente; trabajar en la tienda de segunda mano de Lindon; trabajar con Marlow...

Ah. Por eso soñaba con tortitas y beicon.

—Echo de menos a mi mejor amiga, Charli.

—E-estoy aquí mismo, Cor Cor.

Parpadeé para contener las lágrimas que de pronto me nublaban la vista. —Me refiero a la que tengo en casa, cariño. Lo siento.

Lo encajó con entereza, la valiente. —Ah, no pasa nada. Todas teníamos una vida antes de Shadowblade Academy. —Intentó quitarle importancia, pero me di cuenta de que la había herido sin querer.

Me sentí como una mierda por haberle hecho eso a una persona tan buena. —Sí, todas teníamos una vida —murmuré—, y a mí me arrancaron de la mía.

—¿Quién es ella?

—Se llama Marlow. —Le sonreí con cariño—. Prepara el mejor beicon, con el punto perfecto de crujiente. Lo echo de menos. La echo de menos a ella.

—Lo entiendo, Cor Cor.

—Supongo que he estado tan metida en mi propio torbellino de mierda que se me ha olvidado que tengo una vida en casa, aunque sea una vida de mierda.

—¿Dónde está tu casa?

Reanudamos la marcha hacia el comedor porque, con nostalgia o sin ella, una chica tenía que comer.

—En Nueva Orleans. Bueno, cerca. Lo llamamos la Costra. Y sí, es exactamente lo que parece.

Charli soltó una risita. —Suena bien.

—¿Y dónde está tu casa, Char?

Hizo un gesto con la mano y, por una vez, se le apagó el entusiasmo de la cara. La expresión que vi me encogió el corazón. —Lejos de aquí.

No insistí. Sabía reconocer cuándo alguien no quería hablar de un tema, y el lenguaje corporal de Charli no podía ser más claro. Su sinceridad y su autenticidad eran parte de lo que tanto me gustaba de ella.

Llevaba el corazón en la mano, como yo. Solo que el suyo era mucho más grande que el mío.

—Nos lo vamos a pasar genial compartiendo habitación, Cor Cor —dijo, cambiando de tema—. Lo sé.

Sonreí. —Seguro que sí, Char. —Volví a pensar en Marlow y la sonrisa se me borró de la cara. Caminamos un rato en silencio mientras yo me perdía en mis recuerdos. Entonces pregunté—: Oye, Charli, ¿crees que podría ir a verla?

—¿A Marlow?

—Me marché de forma tan precipitada... Ni siquiera sabe adónde he ido y seguro que está de los nervios. A saber si ya ha puesto una alerta por desaparición para buscarme.

La tristeza volvió a asomarle al rostro. —Ay, Coralia, no... No creo que puedas. No mientras estés en la Academia. ¿No te lo han dicho?

Solté un suspiro teatral. —Sí, sí. Lo de «si te lo contara, tendría que matarte» y todo eso.

—Es peligroso, ¿sabes?

Francamente, no me podía creer que defendiera a la Academia en eso. Quizá sabe algo que yo no sé.

—Podría poner a tu amiga en peligro —me explicó, probablemente al notar mi frustración—. Si tu amiga sabe de la existencia de este lugar, podrían implicarla o incluso matarla. Al menos eso dicen.

—Ajá. —Me rendí. Me invadió una sensación de derrota—. ¿Ni siquiera puedo mandarle una paloma mensajera o algo así? Quiero decir, no he visto ningún móvil y dudo que haya cobertura, estemos donde estemos. ¡Ni siquiera he visto una puerta de entrada a este sitio!

Antes de que pudiera exaltarme demasiado, Charli me acarició la espalda. —No creo que tengan palomas mensajeras, cielo.

—Ya lo sé. Era broma. —Miré la catedral monolítica de Grimmer Hall, que se alzaba a lo lejos, a mi derecha—. ¿Cuervos... mensajeros?

Charli se rio. —Pegan más con este sitio.

—¿Y si usara un portal? Me trajeron aquí a través de una especie de portal de sombras.

El miedo le cruzó el rostro pecoso. —Bueno, supongo que sería posible...

—¿Y si usara un portal sin que nadie se enterase ?

—Ay, Cor Cor, eso suena peligroso. ¡Te meterías en un buen lío! Además, yo no sé abrir portales. Creo que tendrías que pedírselo a alguien de un curso superior, y no creo que ninguno quiera arriesgarse a meterse en problemas por...

—¿Ah, no? —la interrumpí, mientras mi mente se iba por otros derroteros. Ahora mismo tengo a dos chicos de cursos superiores disputándose mi afecto. O eso parece.

¿Necesitaba dar con un Fantasma?

Seguro que puedo hacerlo.