La oscuridad llama (Shadowblade Academy 1) Capítulo 14 | Dax #2
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Capítulo 14 | Dax #2

—¡Cor Cor, estás despierta! —chilló Charli. Pasó entre Donovenn y yo para agacharse junto a la cama de Coralia.

Coralia contrajo las cejas un instante ante el estridente chillido de Charli. Cuando abrió los ojos, dedicó una tenue sonrisa a su amiga. —Charli, estás aquí.

—¡Y Bruce Kittenson también! —exclamó Charli alegremente, levantando la mochila. De dentro salieron maullidos apagados y ruidos de arañazos, y me puse en guardia.

Claro, había olvidado que Coralia Hargrave tiene un gato de mascota. Una lástima.

Charli abrió la cremallera de la mochila. Un felino blanco saltó fuera y aterrizó sobre el pecho de Coralia.

Ella hizo una mueca de dolor. —¡Ay! Brucey, vamos, tío. Estoy herida. No ataques a una chica cuando está por los suelos, colega.

A Bruce no pareció importarle. Yo sabía demasiado bien lo que era eso.

Charli apartó al gato de Coralia y lo abrazó con fuerza contra su cuerpo delgado. —Cor Cor, ¿estás enfadada conmigo?

—No, cariño. ¿Cómo iba a estarlo? Me metí yo solita en ese marrón. —Soltó una tos ronca—. Genevieve me dio una buena paliza. ¿De dónde sacó esos movimientos de kung-fu tan bestias? Da igual, no quiero saberlo. Me duele pensar.

Parecía tener la cabeza hecha un lío.

—Sigue un poco aturdida —me dijo Donovenn—. El doctor Merryman le ha dado calmantes.

—Sabes que oigo todo lo que dices, ¿verdad? —preguntó Coralia—. Ya me has llamado aturdida y exagerada.

—Esperemos que ninguna de esas dos dolencias sea permanente —dije.

Coralia entornó los ojos al mirarme. —Ah, ¿el callado que da mal rollo sabe hacer chistes? ¿Quién lo iba a decir?

Apreté los labios. —No doy mal rollo.

—Eso depende de quién te mire, Dax.

Charli arrugó el entrecejo. —¿Os conocéis?

—Apenas —dijo Coralia—. Me ayudó a meterme en una celda cuando llegué.

Charli dejó caer los hombros. —¿Para la iniciación? Sí, aquello no tuvo ninguna gracia.

—Prueba a quedarte paralizada justo antes. Literalmente.

—¿Qué?

—Da igual. —Coralia suspiró—. ¿Qué hacéis todos aquí? Tú no, Charli; contigo no hay problema. Pero ¿vosotros dos? Estoy bien.

—He venido a hacerte una propuesta —dije.

—Ay, Dios, ¿vas a pedirme que me una a vuestra secta siniestra de las sombras?

—¿Qué? No. —Fruncí el ceño. Tenía facilidad para pillarme desprevenido, lo que me daba otro motivo para integrarla en el grupo—. He venido a ofrecerme para darte clases particulares de Intención Física del profesor Hudson.

La habitación quedó sumida en un silencio absoluto.

Donovenn fue el primero en volver la cabeza de golpe. —Espera, ¿qué?

Coralia parpadeó deprisa, con los ojos muy abiertos. —Eh, yo me pregunto lo mismo —dijo, señalando a Donovenn—. ¿No acabas de ver cómo Genevieve ha barrido el suelo conmigo?

Incliné la cabeza. —Sí, lo he visto.

—Entonces, ¿por qué querrías entrenarme a mí ? Aquí ya soy una apestada. No tengo las habilidades que busca alguien como tú.

—Francamente, Coralia, no tienes ni idea de lo que busco —solté.

Como solitario, o «apestado», me identificaba con ella, aunque no era propio de mí expresar mis pensamientos.

Me recompuse y carraspeé—. La destreza y la técnica se pueden enseñar.

Lo que llevas dentro, no. Eso es lo que me intriga de ti, Coralia.

—Vaya —murmuró—. Vale, señor Miyagi.

—¿Perdón?

—¿ Karate Kid ?

Negué con la cabeza.

Ella hizo un gesto indolente con la mano y se volvió hacia Donovenn, que estaba a los pies de la cama. —Venn, ¿qué te parece esta propuesta?

—Estoy... sorprendido —dijo. No había apartado los ojos de mí, como si intentara leerme la mente. Buena suerte, Donovenn. —. Y un poco cabreado porque se me ha adelantado.

Me encogí de hombros. —Coralia necesitará ayuda en otros aspectos, además del combate físico, Donovenn.

—Oye, ¿estás diciendo que se me da mal todo? —preguntó Coralia, intentando incorporarse. Tosió, hizo una mueca y volvió a dejarse caer—. Uf. No, tranquilo. Tienes razón.

—¿Y bien? —dije—. Solo haré la oferta una vez.

Todas las miradas volvieron a posarse en Coralia. Se estaba poniendo nerviosa. ¿O era vergüenza lo que le teñía las mejillas de rosa?

Una larga pausa se extendió por la habitación sofocante. Finalmente, ella alzó los brazos. —¡Vale, vale, de acuerdo! Joder, aquí sois todos unos tipos duros.

Charli lanzó un chillidito por algún motivo desconocido y sobresaltó al gato, que descansaba en sus brazos. —¡Bien! ¡Tienes un sensei, Cor Cor! ¿Ha oído eso, señor Kittenson? Coralia tiene un señor Miyagi.

Donovenn frunció el ceño. Para no quedarse atrás, dijo: —Si tú vas a hacer eso, Daxy, yo seré tu profesor particular de Alquimia , Cor.

A Coralia se le salieron los ojos de las órbitas. —¿E-en serio?

—Bien saben los Espíritus que te hace falta —masculló él.

Por sus orígenes, sabía que Donovenn sería un profesor excelente en esa materia.

—¡Y yo te enseñaré los fundamentos de los hechizos, cariño! —exclamó Charli—. Te pondremos al día en un santiamén.

Coralia se quedó sin palabras. Nos miró a los tres con expresión vacía.

—Chicos, esto es... —Dejó la frase en el aire, cerró los ojos y hundió la cabeza en la almohada—.

¿Podemos volver a hablar dentro de un rato?

Creo que el doctor Buen Rollo tenía razón, después de todo. Necesito mi sueño reparador.

—Es el doctor Merryman —dije.

—Como sea. Buenas noches.

Me pasé una mano por la cabeza y me encogí de hombros. Donovenn se levantó y se reunió conmigo junto a la puerta.

Supuse que no conseguiría sacar mucho más de la joven, pero me bastaba.

Contra todo pronóstico, Coralia Hargrave se había ganado mi afecto durante su combate con Genevieve Jade. Me gustaba pensar que yo también me había ganado el suyo... aunque solo fuera un poquito.