La oscuridad llama (Shadowblade Academy 1) Capítulo 12 | Coralia #2
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Capítulo 12 | Coralia #2

Para ser una abusona, es sorprendentemente fácil sacarla de quicio. Supongo que va unido a sus inseguridades.

Sus amigas habían dejado de reír. Al perder a su público y ver que conmigo no iba a salirse con la suya, Genevieve dirigió su ira hacia Charli.

—Y esta pequeñaja torpe. —Torció el gesto con desprecio y dio un paso hacia nosotras—.

Tiembla como un conejo empapado. Niña, ha llamado el control de plagas: quiere que le devuelvas esas picaduras de mosquito que tienes por tetas.

Soltó una carcajada. Sus amigas se sumaron de inmediato.

—No te metas con ella —espeté, furiosa. Pero ¿quién coño son estas tías? ¿No saben que esta es una escuela de asesinos ? Se la están buscando.

Charli se cruzó de brazos sobre el pecho, con una expresión de tristeza que me partió el corazón.

—La flacucha y la gordinflona —remató Genevieve.

—Das pena, Genevieve —dije.

—Vamos, Vivi, que la clase está a punto de empezar —dijo una de sus amigas.

Las chicas malas pasaron junto a nosotras con paso arrogante. Las demás se apartaron para abrirles camino. Yo me mantuve en medio, aunque en el último momento giré para dejarlas pasar.

Me habría gustado pensar que una academia tan peligrosa y especializada como Shadowblade habría dejado atrás a las abusonas. Pero, por desgracia, algunas cosas nunca cambiaban.

—Espero que estés preparada para recibir lo que te mereces, niña —le dijo Genevieve a Charli por encima del hombro, golpeándose la palma abierta con el puño.

Entonces se marcharon y Charli dio un manotazo a su taquilla.

—Tranquila, cielo —le dije—. No dejes que te afecten. Siguen comportándose como si estuvieran en el instituto.

—Se me da fatal defenderme. Ojalá fuera tan fuerte como tú, Coralia.

—Cielo, apuesto a que eres más fuerte que yo de formas que aún no conocemos.

Me dedicó una pequeña sonrisa y asintió agradecida. —Gracias, Cor Cor.

—Ahora salgamos ahí a repartir estopa, ¿eh? No vamos a dejar que esas arpías nos hundan, ¿verdad?

—¡No!

Con Myria en casa, siempre había sido la hermana pequeña; la oveja negra de la familia, mientras que Myri era la niña de oro. Ahora sentía que había ganado una nueva hermana pequeña y, tenía que reconocerlo, me sentaba de maravilla.

EL DOJO ERA UN ESPACIO AMPLIO y ventilado en el que entraba abundante luz del sol a través del techo transparente, parecido a una lona.

Todos los estudiantes, chicos y chicas, estaban de pie sobre una colchoneta azul y mullida como las que se encuentran en cualquier centro de artes marciales.

Esperaba que estuviera tan reforzada con magia como el traje que llevaba puesto.

Me sorprendió encontrar a Jace Hudson al frente de la clase. A un lado de la colchoneta azul estaban los Fantasmas y, enfrente de nosotros, alumnos como Genevieve, un par de sus amigas, Venn Gable y Dax Kilmeade.

Me quedé mirando a los chicos de cursos superiores enfundados en licra negra y noté que me ruborizaba.

Dios me ayude: ¡yo pensaba que los trajes dejaban poco a la imaginación en el caso de las chicas !

Los músculos esculpidos, los cuerpos fibrosos, los paquetes enormes...

¿Será aposta, para que veamos lo bien dotados que están, nos distraigamos y metamos la pata?

Supuse que no debía sorprenderme que muchos de los jóvenes sobrenaturales de la Academia parecieran llevar anacondas escondidas en el traje. Con razón aquí todo el mundo tiene tanta confianza en sí mismo. Parece que son «lo mejor de lo mejor» en más de un sentido.

Tuve que bajar la mirada hacia la colchoneta antes de que se me cayera la baba. Por suerte, Jace Hudson empezó a hablar y apartó la atención de todos de aquellos cuerpos de escándalo, aunque él tampoco se quedaba corto.

—Bienvenidos a Intención Física. Soy el profesor Hudson. —Se hizo crujir los nudillos y giró el cuello de un lado a otro. Llevaba una indumentaria más apropiada, ajustada también, pero no tan llamativa como la de los estudiantes.

Paseó frente a ambos grupos como un sargento instructor. Los Fantasmas y los Fantasmas de cursos superiores estábamos frente a frente, en vez de mirar hacia él, como si se dispusiera a prepararnos para una guerra civil.

—En esta clase aprenderéis las habilidades de combate necesarias para desempeñar vuestro trabajo como shadowblades.

La mayoría ya sabéis luchar por vuestra formación en la academia donde cursasteis vuestros estudios previos.

—Me miró un instante y sentí que me encogía—.

Aquí, sin embargo, aprenderéis técnicas más avanzadas: estilos procedentes del jiu-jitsu, el ninjutsu, el aikido y otras disciplinas de todo el mundo. De este mundo, para ser exactos.

Vaya, así que no aprenderemos jiu-jitsu feérico. Qué decepción.

—Sobre todo, estilos que se centran en el impulso, la energía, los agarres y el equilibrio. Los Shadowblades son sigilosos por naturaleza. Operamos entre las sombras, por supuesto, y, por tanto, nuestros ataques y defensas son discretos.

Miré a las demás chicas y luego me miré a mí misma, y algo se me murió por dentro.

Yo no era tan... «discreta» como las otras.

Con razón todo el mundo aquí es tan delgado y está tan en forma.

Hay que ser poca cosa para meterse por esos recovecos.

¿Puede una chica con tantas curvas como yo salir adelante en un sitio así?

Un escalofrío me recorrió los brazos. Por fin llegábamos a lo interesante y estaba deseando empezar, aunque también me daba un poco de miedo. Sabía que al día siguiente me dolería todo. Quería aprender a tirar a alguien de culo aprovechando su propio impulso. Sonaba genial.

El profesor Hudson sabía venderlo bien. —A veces usaremos armas, pero debéis aprender a defenderos sin ellas.

Por lo general, las armas son aparatosas y hacen ruido.

Dadas las tareas que deben llevar a cabo los shadowblades, resulta mucho más ventajoso asfixiar a un hombre hasta matarlo que apuñalarlo y darle la oportunidad de gritar y alertar a otros.

Siento que la imagen sea desagradable, pero tendréis que acostumbraros.

De lo contrario, me temo que os habéis equivocado de escuela.