La oscuridad llama (Shadowblade Academy 1) Capítulo 12 | Coralia
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Capítulo 12 | Coralia

Coralia

SALÍ DE CLASE con una Charli muerta de vergüenza a mi lado y mi brazo rodeándole los hombros. Bruce estaba bien guardado en mi bolso.

Charli seguía sorbiéndose la nariz, incluso media hora después del incidente con Genevieve, y me daba mucha pena. —Tranquila, Char, todo va a salir bien —le dije para consolarla—. ¿A lo mejor Genevieve se olvida?

A Charli le tembló el labio inferior. —Si me asesinan, cuida de mi ficus, por favor. Quiero mucho a esa planta. Las dos sabemos que Genevieve Jade no va a dejar que me olvide de esto, Cor Cor. Dejarla en ridículo es como cometer un pecado capital, ¿sabes?

Quizá estaba siendo un pelín dramática. —Soy idiota por haberme traído a Bruce.

—¡N-no! Me encanta. Ojalá estuviera más atenta a lo que tengo alrededor y esas cosas.

Le dediqué una sonrisa apenada, la abracé y le quité el brazo de los hombros para no agobiarla.

¿O quizá quería que la agobiara? Yo no era muy dada al contacto físico; solo podía mantenerlo hasta cierto punto.

Me sabía mal haberla metido en un lío, pero estaba segura de que saldría adelante.

Era una chica lista. Y, con lo empeñada que estaba en ser buena estudiante, sabía que no tardaría en volver a llamar «Volantitos» a la profesora.

Dejamos atrás el conjunto de edificios blancos y nos dirigimos hacia el noreste para asistir juntas a nuestra siguiente clase: Intención Física.

Se impartía en un edificio abovedado con forma de balón de fútbol americano, en el extremo oriental del enorme parque que ocupaba el centro del campus.

Una gran lona blanca parecía cubrir la parte superior de la cúpula, y por allí había mucha menos gente que en la zona de los edificios blancos.

—Vamos allí —dijo Charli, señalando la cúpula y enunciando lo evidente—. Al Centro de Entrenamiento Gable. O «el dojo», como lo llaman los estudiantes.

Fruncí el ceño. —¿Gable? Ese apellido me suena.

—Ah, claro. —Charli asintió con energía—. ¿Conoces a Donovenn Gable? Creo que lo construyeron sus antepasados o algo así. O igual pagaron para que pusieran su nombre en el letrero. El capitalismo, ya sabes.

—Sí. —Me quedé un poco sin palabras al enterarme de que Venn Gable —el hombre que me había secuestrado para traerme allí, pero también el único, aparte de Charli, que hasta entonces me había tratado con algo de amabilidad— tenía su apellido grabado en los anales de Shadowblade Academy—. ¿Venn es alguien importante?

—Supongo. No conozco la historia de su familia, pero tampoco lo tratan como a una celebridad. No como a Sunny Conway, Genevieve o Finley Winston. Así que no sabría decirte.

Igual tengo que preguntárselo si vuelvo a encontrarme con él. No puedo olvidar por qué estoy aquí: para buscar pistas sobre mi hermana desaparecida. Cualquier información al respecto podría ayudarme. —¿Finley Winston? —pregunté. No había oído ese nombre.

Charli esbozó una leve sonrisa. —Es casi una leyenda por aquí. Está en un curso superior. Dicen que es la mejor alumna que ha tenido nunca la Academia. Mejor incluso que Ezekiel Caffrey.

Se me torció la boca en una sonrisa. —Se te nota un poquito que eres fan suya, Charli.

Se le encendieron las mejillas. —¡Solo la admiro!

Le di una palmadita en la espalda, todavía divertida. Se me daba bastante bien reconocer cuándo alguien estaba colado por otra persona, sobre todo si se le iluminaba la cara como un adorno de Navidad cada vez que pasaba vergüenza, como le ocurría a Charli. —Vale, cielo.

Refunfuñó algo para sí.

—Para empezar, ¿cómo sabes tanto sobre Shadowblade Academy, Char? Estás en primero, como yo. ¿Tienes familiares que hayan estudiado aquí?

Se le pasó la vergüenza. —Qué va. Es que hice los deberes.

Arqueé las cejas. —¿Cómo? Creía que aquí guardaban todos sus secretos bajo llave. ¿Me estás diciendo que basta con buscar en Google lo que quieras saber?

Charli soltó una risita. —No, boba. Seguí pistas y di la lata a la gente hasta que me contaron lo que quería saber. Me obsesioné con este sitio cuando estudiaba en Briarwitch Academy.

Interesante. Charli también es una detective aficionada, seguramente mejor que yo. Aunque no me la imagino «dando la lata» a nadie. Su forma de acosar a alguien debe de consistir en preguntarle si quiere comprar galletas de las Girl Scouts.

—¿Estudiaste en Briarwitch Academy? —No podía evitar sonsacarle información. Cada cosa que decía me suscitaba más preguntas. Era, con diferencia, la mejor fuente de información que había encontrado en la Academia.

Me sentía un poco culpable por interrogar a una chica tan buena, ya que tenía segundas intenciones. Por otro lado, me había prometido no involucrarla en las barbaridades que acabara descubriendo, si es que descubría algo.

—Sí, estudié allí —respondió, radiante.

—Joder. Qué suerte. —Aparté la mirada y me rasqué la barbilla. Ahora me tocaba a mí pasar vergüenza—. Yo soy un poco... nueva en todo esto. Perdona por hacer tantas preguntas. Ni siquiera sé qué significa «manipular las sombras».

—Para eso estamos en la escuela, boba.

Su sonrisa era contagiosa, y le devolví el gesto. Mientras hablábamos, habíamos llegado al dojo, donde los estudiantes entraban en fila por un acceso amplio y despejado.

La sonrisa se me borró de los labios al reconocer a más de uno de los que se dirigían al centro de entrenamiento: Venn, Dax, Genevieve...

—Mierda. Están aquí.

Charli se mordió el labio inferior con tanta fuerza que parecía que iba a sangrarle. —Ay, madre. Esto no pinta bien. ¡Se supone que esta clase es para los Fantasmas! ¿Qué hacen aquí los Fantasmas de cursos superiores?

Me armé de valor. Tenía que repetirme que no dejaría que las mezquindades de nadie me arruinaran el día. Por el bien de Charli, se lo recordé a ella también. Le acaricié el hombro huesudo y dije: —Levanta la cabeza, Char. Podemos con esto. Recuerda que no debemos dejar que nos coman la moral.

—Porque eso es lo que buscan los matones —terminó ella, asintiendo con aire decidido.

—Eso es, amiga mía. Hablas como una tía dura.

CHARLI Y YO SEGUIMOS al grupo de chicas que se dirigía al vestuario. Era una instalación de última generación, con sauna, duchas y sillones de masaje: todas las comodidades que podía pedirle a un gimnasio.

Mientras entrábamos en aquella sala enorme, Charli me explicó que Intención Física era el nombre de la clase de combate cuerpo a cuerpo, porque la «intención» era causar daño físico.

Aquello me preocupó un poco. Yo era una chica activa, estaba más o menos en forma y nunca rehuía una pelea, pero ¿quién sabía qué artes marciales dominaban aquellos seres sobrenaturales?

La verdad era que no tenía ni idea de dónde me estaba metiendo. Intenté quitarme la preocupación de encima. Darle vueltas no iba a ayudarme. Lo único que podía hacer era no mostrar miedo. Supuse que el profesor —¿o entrenador?— no permitiría que nadie saliera demasiado herido.

Las jóvenes del vestuario empezaron a quitarse la ropa hasta quedarse en sujetador y bragas, sin que aquella semidesnudez las incomodara lo más mínimo. Era comprensible: la mayoría estaban increíblemente tonificadas y tenían unos cuerpos envidiables.

En comparación, yo tenía más curvas que casi todas, mientras que Charli era bastante más delgada y menuda. Formábamos una pareja de lo más dispar.

Algunas chicas charlaban mientras se ponían los trajes negros que les proporcionaba la Academia. Por suerte, Genevieve estaba al otro lado del vestuario, hablando con varias personas, así que no reparó en Charli ni en mí cuando entramos a toda prisa.

El traje negro que colgaba de la taquilla frente a mí era, en esencia, una prenda de una pieza ajustada al cuerpo, casi como un traje de neopreno. Al tacto parecía resistente, pero elástico, y, al darle la vuelta entre las manos, descubrí que tenía un extraño brillo centelleante.

—Estos trajes están reforzados con magia —me explicó Charli—. Tienen un encantamiento protector.

—Vaya. Tecnología punta.

—Sí, la Academia no escatima en gastos. Una de mis fuentes me dijo que fabricar uno de estos cuesta como cien mil pavos o alguna barbaridad por el estilo. Cada uno.

Parpadeé, con los ojos como platos. Madre de Dios. Me imaginé lo que podría hacer con cien mil pavos si lograba sacar uno de aquellos trajes a escondidas de la escuela. No tendría que trabajar en años.

—También estoy casi segura de que tienen un encantamiento que le da una descarga a quien intenta salir del dojo con uno puesto —advirtió Charli, como si me hubiera leído la mente—. Aunque igual no es más que una leyenda.

Me quité rápidamente la falda y la camisa y empecé a embutirme en el traje. No me daba vergüenza mi cuerpo, pero tampoco quería quedarme medio desnuda demasiado tiempo ni darle a nadie ocasión de...

—¡Espíritus del cielo! Chicas, mirad el pedazo de culo que tiene esta —se burló una voz conocida a mi espalda. Varias risitas crueles la acompañaron: sin duda eran sus amigas, divirtiéndose a mi costa. Si Chicas malas me había enseñado algo, era que toda abusona tenía su séquito.

Puse los ojos en blanco y me volví hacia la sonrisa altanera de Genevieve. Por supuesto, me había pillado justo cuando estaba subiéndoseme el traje por el trasero. No era culpa mía que todo el equipamiento de aquella maldita escuela pareciera diseñado para modelos de pasarela.

Y no pensaba dejar que aquella zorra me avergonzara por mi cuerpo.

—Lo dices como si fuera algo malo, Genevieve —repliqué—. ¿O es que te da envidia no tener un culazo que atraiga a todos los chicos?

Un tic en el labio superior me hizo ver que había dado en el blanco. Intentó disimularlo con un resoplido. —Zorra, ¿de qué tendría que tener envidia? ¿Has visto estas tetas?

Bueno, estaba en sujetador y sacando pecho de forma muy evidente, así que sí, podía decirse que las había visto bastante bien.

Me encogí de hombros con indiferencia, sin dejar que me afectara. —Pues creo que también te gano en eso.

Volvió a torcer el gesto, aunque enseguida recompuso la expresión antes de perder los estribos.