Capítulo 10 | Coralia #3
—Somos la última línea de defensa contra los poderes oscuros, Fantasmas.
—Asintió para sí mismo, y por fin empezó a girar lentamente la cabeza de izquierda a derecha sobre aquel mar de estudiantes—.
Trabajamos en las sombras, y a menudo usamos poderes oscuros nosotros mismos.
A veces hay que luchar fuego con fuego, ya veis, para tener alguna posibilidad de mantener el equilibrio entre los nuestros.
El director inclinó la cabeza hacia delante, con los ojos clavados en los estudiantes de la primera fila, sin duda provocándoles escalofríos.
—Muchos nos ven como traidores entre los de nuestra propia especie. Si queremos mantener intacta esta tregua precaria entre humanos y sobrenaturales, tomamos el camino duro y necesario. No lo hacemos por medallas ni recompensas, sino por justicia y equilibrio. ¿Entendéis?
Tenía la garganta seca cuando respondí, mi voz una sola exclamación monótona entre los otros cientos de exclamaciones monótonas en la sala:
—Sí, director.
—Bien. Durante vuestra estancia en Shadowblade Academy, se os pedirá que hagáis cosas que no querréis hacer; cosas que tal vez vayan en contra de la fibra de vuestro carácter.
Se os llevará al límite en formas en que nunca os han llevado antes.
Pero la mayoría de vosotros pedisteis estar aquí, y solo aceptamos a los mejores entre los mejores.
Supongo que en eso formo parte de la silenciosa minoría, ¿eh?
—Deseabais estar aquí, por eso presentasteis la solicitud tras vuestros estudios de grado en Briarwitch, Banehearth u otras academias sobrenaturales.
No queríais convertiros en contables mágicos ni en directores generales forrados de pasta.
Fuisteis escogidos porque demostrasteis una chispa de algo distinto a la de vuestros parientes.
Algo... menos predecible y más maleable. Incluso retorcido .
Tras arrancar unos cuantos jadeos a los estudiantes con lo fuerte que había pronunciado «retorcido», hizo una pausa y descruzó las manos.
—Aprenderéis a pulir esa perversidad y convertirla en algo útil. Un arma para el bien común. Si no sois capaces de aprender a pulir ese fuego, se os detendrá, igual que a las mismas personas a las que nos entrenan para detener. Quizá a manos de vuestros compañeros. Quizá de vuestra mejor amiga.
Su discursito puso a todo el mundo en tensión.
Miradas recelosas se movieron de un lado a otro entre los cadetes a mi alrededor, como si se plantearan qué amigo sería el primero en apuñalarlos por la espalda.
Si no otra cosa, el director Alaric era un maestro en meterle el miedo en el cuerpo a la gente.
Y yo no era inmune: cuanto más explicaba el objetivo de la Academia y lo que haríamos, más ganas me daban de salir por patas.
Cada fibra de mi ser me decía que saliera de Shadowblade Academy mientras aún tuviera la oportunidad.
Pero no la tengo, ¿verdad? Ya lo han dejado claro: no puedo irme. Apreté la mandíbula y me obligué a recomponerme. No, he venido aquí por un motivo. Encontrar a Myria. Pienso hacerlo. No voy a dejar que este Gandalf de pacotilla me asuste hasta someterme. Haré las cosas a mi manera.
El director parecía estar terminando, y gracias a Dios por ello.
Todo su auditorio tenía un aspecto tenso de narices, hombros rígidos y la postura encaramada.
Solo Sunny, Dax, Venn, Genevieve y algunos otros que localicé parecían relajados y se lo tomaban todo con calma.
Claro que ellos ya han pasado por la orientación antes.
—Como sin duda podréis ver —dijo el director Alaric, retorciéndose las manos—, aquí la confianza es difícil de conseguir.
Hay que ganársela. Por eso debéis empezar vuestros estudios de forma egoísta.
Por vuestro propio interés. Aprenderéis a confiar en las acciones más que en las palabras o las intenciones.
Puede que estas cosas suenen como algo contrario a vuestra naturaleza, pero, al final, los mejores de vosotros os convertiréis en verdaderos shadowblades...
Tragué saliva cuando se fue apagando su voz. No sonrió a los estudiantes tras su solemne proclamación, ni ofreció consuelo alguno. Simplemente se deslizó por donde había venido, tras el telón, dejando a todo el mundo atónito.
No tenía claro si se suponía que debíamos aplaudir, silbar o abuchear. Nadie hizo nada durante un largo e interminable momento, hasta que Sunny y algunos de los alumnos de cursos superiores se levantaron y empezaron a dirigirse hacia los pasillos.
—Joder —le dije a Charli cuando nos pusimos en pie—. Ese hombre es intenso.
Ella asintió con fuerza.
—No sabía qué esperar, pero sé que no era esto .
—Ha presentado a los shadowblades como una especie de fuerza policial sobrenatural. ¿Es eso en lo que nos estamos entrenando, Charli? ¿En malditos polis? Porque no me gusta nada cómo suena.
—¿Y si nos dieran porras mágicas? —preguntó, arqueando las cejas arriba y abajo.
—Vale, eso sí que molaría bastante.
Llegamos al pasillo principal, nos mezclamos con la masa de estudiantes que salían y conseguimos abandonar Grimmer Hall sin llamar la atención de mis rivales.
—Todo irá bien, Coralia —dijo Charli cuando salimos al exterior. Su optimismo era tan seguro como siempre. Se sentía bien estar al sol, lejos de la oscuridad de aquel auditorio rancio. Notaba cómo ya se me levantaba el ánimo.
Con razón ese sitio se llama Grimmer Hall, tía. ¡Es jodidamente lúgubre!
—Tendremos que permanecer la una al lado de la otra —dijo, riéndose y chocando su hombro contra el mío.
Bruce siseó mientras se tambaleaba en su percha —mi hombro—, y yo me eché a reír.
—Me parece un plan perfecto, Charli.
Me cogió de la mano y empezó a tirar de mí en una dirección cualquiera.
—¡Ahora vamos! ¡Vamos a por tu plan de estudios, tus libros y a ver qué clases tenemos juntas!