La oscuridad llama (Shadowblade Academy 1) Capítulo 10 | Coralia #2
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Capítulo 10 | Coralia #2

—¿Iron Maiden? —preguntó, ladeando la cabeza. Estaba a punto de explicarle quién era aquel grupo de heavy metal cuando levantó la mano con el gesto de los cuernos y me dedicó una sonrisa traviesa—. ¡Claro que sí! ¡Larga vida al rock!

Su inocencia y su candidez eran contagiosas y entrañables. Me daban ganas de estrujar a aquella chica misteriosa. —¡Joder, sí! —respondí con una sonrisa más segura.

Charli empezó a recoger sus libros por segunda vez. Volví a ayudarla.

—Oye, ¿quieres que seamos mejores amigas? —preguntó.

Parpadeé.

Agitó la única mano que tenía libre mientras se apretaba los libros contra el cuerpo y agachó la cabeza. —Perdona, perdona, no quería decir mejores amigas, solo quería decir que...

—Me encantaría —solté.

Se quedó inmóvil, con la boca abierta, y alzó la vista. —¿De verdad?

—Pues claro que sí. Eres la persona más amable que he conocido aquí. Y con mucha diferencia.

—¡Genial!

Nos quedamos mirándonos. Cada pocos segundos, ella desviaba los ojos hacia el suelo y hacia Bruce.

Señalé sus libros con la barbilla y fruncí el ceño. —Supongo que me he perdido la sesión de orientación, ¿no?

Arrugó la cara. —¡Ay, ostras! ¡La sesión de orientación!

No, no, tranquila, llegas a tiempo. Es que a mí me gusta recoger los libros de texto pronto, antes de que se forme el mogollón.

Cosas de empollona. Iba a dejarlos en mi habitación —me he olvidado la mochila—, pero ahora ya no da tiempo. ¡Venga, vamos!

Dejó sus libros a la persona de recepción y salió disparada del vestíbulo.

Me apresuré a seguir a la vivaracha chica y, mientras abría la puerta, pregunté: —¿Adónde vamos, Charli?

—¡A Grimmer Hall! —exclamó con el entusiasmo de una niña pequeña.

Tuve que ir al trote detrás de ella para no perderla. —¡Vamos, Brucey! ¡Nos vamos a Grimmer Hall! ¡Sea lo que coño sea eso!

Mi estancia en Shadowblade Academy no había empezado con muy buen pie: me habían dado una paliza en un callejón, envenenado mientras dormía, secuestrado, encerrado en una celda, acosado con tentáculos de sombras e intimidado por una zorra que me tenía manía; y, por si fuera poco, un vampiro feroz me había mordido en el cuello.

Pero las cosas empezaban a mejorar. Mi perspectiva había cambiado con un simple encuentro. Sonreí mientras me adentraba en la luminosa mañana.

Había hecho a mi primera amiga.

LAS COSAS ADQUIRIERON UN TONO MUCHO MÁS SOLEMNE cuando llegamos a Grimmer Hall.

El enorme auditorio, si es que podía llamarse así, se parecía más a una catedral gótica que parecía sacada de un relato de Edgar Allan Poe.

A lo largo del frontón, esculturas de cuervos nos observaban desde lo alto con expresiones aterradoras.

Las agujas se retorcían hacia los cielos, y las vidrieras reflejaban la luz del sol.

Era una estructura extraña si se la comparaba con los edificios sencillos que la rodeaban; hacía que destacara como un grano en el culo.

El antiguo edificio de Grimmer Hall parecía llevar en pie siglos, igual que el castillo-cárcel medieval en el que yo había estado, mientras que el resto de Shadowblade Academy parecía haberse construido más recientemente a su alrededor.

—Cuenta la leyenda que un rey feérico Unseelie construyó este sitio eones atrás para encerrarse en soledad —susurró Charli por la comisura de la boca mientras nos acercábamos al edificio colosal—. No era muy de gente.

Estiré el cuello y me cubrí los ojos para abarcar la enormidad del salón.

—No me digas. Y los feéricos Unseelie... ellos son, ejem, los malos, ¿no? —Había oído hablar de ellos por Myria: el oscuro contraste de los feéricos Seelie en el mítico Reino Feérico. A los modernos de Nueva Orleans les daba fuerte por intentar revelar la Corte Unseelie.

—Ese es el consenso general. —La sonrisa de Charli se amplió sobre su rostro pecoso—. Para nosotras, esto es solo el auditorio. Aquí es donde se celebran las reuniones importantes, como la orientación.

Entoné un tarareo pensativo.

—Así que es el elemento religioso de Shadowblade Academy. Su monolito.

Charli se encogió de hombros.

—Supongo. Nunca lo había pensado así.

Mientras observaba a los estudiantes entrar en fila por las enormes puertas dobles abiertas, me pregunté si la Academia era más una secta que una escuela de estudios superiores.

No estaba muy segura de por qué se me ocurría eso, aparte de por la disposición con la que todo el mundo se implicaba en las normas y la política del centro.

Todavía no sabía qué significaba ni la mitad de la jerga que me habían soltado.

Entramos con una multitud, recibiendo empujones mientras atravesábamos aquel mar de cuerpos.

Bruce saltó a mi hombro para que no lo pisotearan.

Recibí más de un gesto de desprecio y alguna que otra mirada fulminante de parte de los estudiantes mientras pasábamos.

Me pregunté si era porque sabían que yo no encajaba, o porque Bruce iba sobre mi hombro.

¿Mi reputación me precede aquí? ¿Sunny y Genevieve ya han mancillado mi nombre entre el alumnado?

Charli me agarró de la mano y me arrastró por el reluciente pasillo. Juntas nos colamos por una puerta lateral y entramos al auditorio por un acceso desde un lado, alejado del pasillo principal.

—No te preocupes —susurró—, ya se irán ablandando contigo.

No estaba tan segura de eso, aunque agradecí su optimismo.

Le dediqué una sonrisa ladeada y alcé la vista hacia el techo alto del auditorio, donde se había pintado una escena majestuosa que podría haber sido arrancada directamente de la Capilla Sixtina.

Demonios alados y ángeles luchaban en una batalla sobre las nubes, y cada centímetro del techo estaba meticulosamente detallado.

La disposición de los asientos era en forma de graderío, como el Coliseo romano, con un escenario al fondo de la inmensa sala. Los estudiantes ocupaban sus asientos, buscaban a sus amigos y hablaban en susurros.

Charli y yo nos sentamos en los márgenes para no llamar la atención.

—Nos quedaremos en las sombras, por así decirlo —dijo Charli, guiñándome un ojo.

Mi mirada encontró a Sunny Conway a lo lejos, al otro lado de la sala, rodeado de admiradores.

Estaba en su salsa, gesticulando con las manos, con Genevieve Jade partiéndose de risa con todo lo que decía.

Dax y Venn estaban cerca, sin prestarle demasiada atención, con los ojos fijos en el escenario vacío.

No tardó en salir de detrás de un telón negro, que ocultaba a la vista la otra mitad del auditorio, una figura con túnica.

¿El hombre detrás de la cortina verde? , me pregunté. Todo el mundo enmudeció y se apresuró a sentarse. Incluso Sunny señaló el escenario con la barbilla y se dejó caer en su asiento, cortando de golpe el rollo con sus amigos.

El hombre con túnica llevaba la indumentaria de Shadowblade Academy, con el símbolo de la máscara y la daga grabado en su magnífica esclavina bordada.

Era delgado, con una larga barba blanca que le caía sobre el pecho.

Me recordó a un mago antiquísimo sacado de un libro de fantasía.

Encajaba a la perfección en el estereotipo, con la piel ajada y una expresión indiferente en el rostro.

Empezó sin preámbulos en cuanto llegó al centro del escenario.

Cruzó las manos y miró hacia el mar de rostros jóvenes.

Me pregunté si estaría recordando con nostalgia sus propios tiempos como estudiante de Shadowblade Academy, cuando era uno de esos rostros ávidos que alzaban la vista hacia su propio futuro.

—Soy el director Alaric Cane. Bienvenidos a Shadowblade Academy. —Tenía una voz tenue, como una brisa que soplara entre los sauces de un pantano. Era justo lo que yo esperaba de un mago anciano.

—La mayoría de vosotros sois Fantasmas, que es como llamamos a los cadetes, o estudiantes de primer año.

Los otros presentes simplemente deben de disfrutar escuchándome hablar.

—Varias miradas se dirigieron a caras como la de Sunny y la de Genevieve, y ambos soltaron risitas huecas.

A juzgar por la expresión de sus rostros, no les había hecho gracia que los señalara.

Buen punto, Al. Si no son de primer año, ¿qué demonios hacen siquiera aquí?

—Si estáis en esta sala, escuchándome soltar mi perorata, significa que habéis superado vuestra prueba de iniciación.

Enhorabuena. —Hubo unas cuantas exclamaciones y aplausos dispersos entre grupitos de alumnos, pero el director Cane los mandó callar con una mirada severa—.

Este primer semestre en Shadowblade Academy es vuestro año de Fantasma.

Si vuestros méritos demuestran que sois dignos, os convertiréis en Fantasmas.

Es nuestra pequeña forma de mantener un orden jerárquico.

Vuestros profesores os pondrán al día con otros términos que escucharéis por toda la Academia.

Yo estoy aquí para daros la bienvenida en un sentido más amplio.

Tragué saliva cuando hizo una pausa. Ha dicho «si» nuestros méritos demuestran que somos dignos, avanzaremos... pero ¿y si no se demuestra que lo somos? ¿Qué nos pasa entonces? Se ha dejado convenientemente esa parte.

—Los seres sobrenaturales son poderosos —dijo, bajando la voz—. A veces demasiado poderosos. Especialmente para nuestros aliados humanos...

La forma en que dudó antes de decir «aliados» me hizo estremecer. El director me daba repelús. Además, no se había movido ni un milímetro desde que empezara a hablar. No era de esos que paseaban de un lado a otro como yo.

—Ahí es donde entra en juego Shadowblade Academy. Formamos a la gente responsable de detener a los sobrenaturales díscolos y descontentos que desean usar sus habilidades para causar daño. Nuestra filosofía es la del equilibrio: nos aseguramos de que la balanza no se incline de forma desfavorable.

El director Cane tenía a todo el mundo hechizado. No tenía ni idea de cuántas veces habría repetido aquel discurso, pero a mí me hacía sentir nerviosa e iluminada a la vez.