La oscuridad llama (Shadowblade Academy 1) Capítulo 9 | Coralia #3
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Capítulo 9 | Coralia #3

Los ojos ambarinos de Sunny refulgieron en rojo. Avanzó hacia el interior de la habitación. Su voz cambió: sonaba más grave y malévola. —No, Vivi. Yo me ocuparé de ella.

Solté una exclamación ahogada cuando salvó la distancia que nos separaba en dos pasos. Enseñó los dientes y los colmillos se le alargaron.

Jadeé y caí sentada en el borde de la cama. ¡Es un puto vampiro!

El tentáculo de sombra regresó, se enroscó alrededor de mis piernas y me obligó a tumbarme boca arriba. Me atrapó brazos y piernas, dejándome indefensa.

—¡N-no te acerques a mí! —grité. Las lágrimas amenazaban con desbordarse. Bruce bufó y lanzó zarpazos, pero Sunny no se amedrentó como Genevieve.

La chica observaba con los brazos extendidos, controlando la sombra, mientras Sunny se colocaba sobre mí.

Tenía el cuerpo demasiado cerca y su calor me llegaba en oleadas.

Me dedicó una sonrisa cruel y pareció perderse en una especie de arrebato.

No quedaba rastro de humanidad detrás de sus ojos rojos.

—¡Hazlo, cariño! —lo animó Genevieve con voz cargada de deseo.

Sentí que la erección de Sunny me rozaba la parte superior del muslo y gemí de miedo. Su olor a pino me inundó la nariz y me retorcí bajo él.

Aparte del bulto prominente entre sus piernas, todavía no me había tocado.

Se mantenía suspendido sobre mí, con la boca a escasos centímetros de la mía, y me observaba mientras me revolvía y forcejeaba por liberarme.

Saboreaba el miedo en mi cara, las lágrimas que asomaban en las comisuras de mis ojos. Inspiró y aspiró mi olor con un gemido.

Entonces bajó la cabeza y me clavó los dientes en el cuello.

Grité. —¡N-no!

Sentí la succión cuando sus colmillos se hundieron en mi piel pálida. Una sensación semejante a un remolino me arrancaba la energía y absorbía mi esencia. Un calor febril me inundó mientras Sunny tomaba lo que quería y se daba un festín con mi sangre, sin remordimiento ni motivo alguno.

Gemí e intenté resistirme, pero era inútil. Las sombras me mantenían inmovilizada. Las fuerzas me abandonaron deprisa y, sin embargo, también empecé a sentir otra cosa.

Costaba creerlo. Cuanto más se alimentaba de mí, más calor sentía y más me hormigueaba el cuerpo... Y aquel cosquilleo bajó hasta mi vientre y mi pelvis. Se me humedeció la entrepierna y apreté los muslos, intentando contener la excitación que crecía en mi interior.

Jadeé y parpadeé repetidas veces. Por encima del hombro de Sunny distinguía la figura borrosa de Genevieve, que lucía una sonrisa perversa.

Entonces Sunny se apartó y sus colmillos salieron de mi piel. Pasó la yema del pulgar por la pequeña herida y se puso en pie. Tenía las venas hinchadas. Sus músculos parecían, de algún modo, más grandes y marcados. —Ah, esto era lo que necesitaba —dijo, lamiéndose los labios teñidos de rojo.

Hasta verlo lamerse los labios me resultaba erótico. No me fiaba de mí misma para decir nada. Me sentía ultrajada, utilizada y... ¿Por qué me había gustado?

—Déjala en paz de momento —dijo Sunny. Hizo un gesto con la mano en mi dirección y se encaminó hacia la puerta.

Genevieve puso un mohín. —Jo, ¿por qué te quedas tú con toda la diversión?

La oscuridad empezó a cerrarse en los bordes de mi campo de visión. Me sentía débil después de que Sunny me hubiera drenado. Mi excitación se fue disipando poco a poco, pero no podía negar la humedad que notaba entre los muslos.

Me sentía asquerosa. Mi cuerpo me había traicionado.

—Porque soy el alfa, Vivi. Y porque lo digo yo. ¿Entendido? —La voz de Sunny era oscura y dominante.

Genevieve bajó la cabeza. —Sí, papi. Entendido. Perdona que haya puesto en duda...

—Buenas noches, Vivi.

Cuando Sunny estaba a medio salir, se detuvo. Se me encogió el corazón, temiendo que se dispusiera a volver por más o a hacer algo aún peor.

—En realidad, creo que te llevaré conmigo —dijo.

A Genevieve se le iluminó la cara. —¿De verdad? Vale, déjame coger mi...

—Ven aquí de una puta vez.

Los dos salieron juntos de la habitación y me dejaron allí sentada, sola, agotada y en estado de shock. —Puto cabrón. Tenía los labios entumecidos y la rabia me hervía justo bajo la superficie.

No permitiría que lo que Sunny me había hecho me definiera ni arruinara mi estancia en Shadowblade Academy. ¿Todos querían verme fracasar? Ya les enseñaría yo. La cagué al provocar a esos capullos. No puedo volver a hacerlo hasta que sepa defenderme.

En cierto modo, me sentía afortunada de que no hubiera sido peor.

Y por fin estaba sola. Sola para descansar.

Mientras empezaba a quedarme dormida, mi mente se desbocó.

No podía evitar preguntarme si Sunny se había llevado a Genevieve precisamente por eso: para dejarme descansar.

¿Quizá no confía en que ella me deje dormir en paz?

¿O quizá ni siquiera se da cuenta de que me ha ayudado sin querer?

Fuera como fuese, había eliminado la amenaza.

¿A quién quiero engañar? Me volví de lado y me acurruqué en posición fetal. Sunny Conway es tan peligroso como esa zorra insensible y salida.