La oscuridad llama (Shadowblade Academy 1) Capítulo 8 | Sunny #2
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Capítulo 8 | Sunny #2

Coralia parecía sorprendida y vulnerable. Era una faceta suya que quería explorar. Mi cuerpo reaccionaba a cada movimiento suyo y no podía evitarlo. Supuse que aún tenía que trabajar en aquello de «responder en vez de reaccionar».

Entonces la sorpresa desapareció de su rostro de golpe. Las cejas bajaron, los labios se tensaron y las arrugas se alisaron. —Que te den —dijo—. Quiero irme de aquí.

Jace echó la cabeza hacia atrás. —Sabes que eso es imposible.

Con un suspiro de derrota, preguntó: —¿Al menos me daréis un sitio mejor donde dormir?

—Sí. Si vienes conmigo. —Echó a andar—. Como falta muy poco para que empiecen las clases, apenas quedan plazas, pero sé que hace poco quedó libre una habitación en la residencia femenina...

—Un momento —dijo Coralia, plantándose justo delante de mí. Apenas me llegaba al pecho, pero, como Dax, no mostraba el menor miedo. Ni después de todo lo que yo había dicho y de todo lo que ella había pasado.

Si fuera mejor persona, quizá hasta me impresionaría.

—Ahí dentro has mencionado a mi hermana, Sunny —empezó a decir entre dientes—. Así que sé que la conoces. Has hablado de ella como si fuera una tía dura, y estoy de acuerdo. Puede que yo no sea Myria, pero eso no te da derecho a faltarme al respeto y portarte como un cabrón. ¿Entendido?

Parpadeé. Una sonrisa se fue dibujando lentamente en mi rostro y me sentí como un lobo contemplando a una oveja.

Ella resopló, puso los ojos en blanco y pasó por mi lado dándome un empujón con el hombro.

Las palabras de Jace resonaron mientras ambos se alejaban por el pasillo. —¿Puedo preguntarte cómo has conseguido escapar tan rápido?

—Eh... ¿He atraído la sombra hacia mí y la llave ha venido con ella? —Lo dijo como una pregunta, no como una afirmación, sin la menor seguridad. Sabía que estaba mintiéndole a Jace en su cara, pero no podía demostrarlo. Todavía no podía demostrarlo, claro.

—Fascinante —dijo Jace, con la voz cada vez más lejana—. Manipulación de sombras y tejido a la vez. Son técnicas bastante avanzadas...

Observé a Coralia salir de la sala detrás de Jace, siguiendo con la mirada sus muslos bien torneados y su culo redondo.

Es una versión descarada de Myria... ¿pero grita, miente y ladra como un perro?

Me retracto. Sí que estoy impresionado.

ME DESPEDÍ DE Dax, ahora que nuestro turno de guardia había terminado. Nos separamos sin haber hecho las paces, lejos de la camaradería que solíamos tener. Siempre me frustraba acabar discutiendo con los otros Nudillos del Guante, pero Dax no parecía inmutarse jamás.

Para él, todo formaba parte del trabajo.

Yo me lo tomaba de forma más personal. No podía evitarlo: era mi naturaleza.

Lo último que quería era enemistarme con Dax Kilmeade. Jamás permitiría que eso sucediera. Ni tampoco con Venn, por mucho que discrepara de él. Eran mis hermanos. Habíamos pasado juntos por mil calamidades.

Esa era una de las razones por las que echaba tanto de menos a Myria. Tal vez Dax creyera que mi añoranza obedecía a otros motivos: que sentía algo romántico por la chica que formaba parte de nuestros Nudillos. Pero no era así en absoluto. Para mí, Myria era una hermana. Era una de los nuestros.

Y ahora había desaparecido.

En mi opinión, Dax y Venn no estaban lo bastante preocupados por su desaparición. ¿De verdad les daba igual que nuestra hermana ya no estuviera? Yo no podía aceptarlo.

Sabía algunas cosas, pero no las suficientes.

Aunque tuviera que ser el único que hiciera preguntas e intentara llegar al fondo del asunto, aunque aquello acabara costándome la vida...

, seguiría investigando. Porque era ferozmente leal a quienes quería, y quería a Myria tanto como a los demás Nudillos de nuestro grupo.

Éramos un equipo.

Mientras caminaba sin prisa por el frío aire nocturno a las puertas de Fort Nocturnus —el centro judicial y burocrático de Shadowblade Academy, que acababa de dejar atrás—, unos pasos llamaron mi atención.

Venn llegó trotando hasta mí. —He oído que ya ha escapado.

Gruñí. —¿Cómo te has enterado?

—Dax me lo ha contado de camino a la residencia. Pronto lo sabrá toda la Academia.

Me detuve y me volví hacia él, hundiendo las manos en los bolsillos de la chaqueta. —¿Crees que necesita tanta atención nada más llegar?

Venn se pasó una mano por el pelo plateado y corto. —¿A ti qué más te da? La odias.

Suspiré y negué con la cabeza. —Déjalo. —Por una vez, no me apetecía discutir. No me quedaban fuerzas.

Seguimos caminando juntos hacia la residencia. La Academia estaba tranquila, lo cual tenía gracia, porque era de noche cuando Shadowblade Academy solía cobrar vida.

Pronto, cuando empiecen las clases, esto estará lleno de actividad a estas horas.

—¿De qué quería hablar contigo el director Cane? —pregunté, intentando entablar una conversación sin importancia.

Venn se encogió de hombros. —De nada importante. Se habían equivocado con algunas de mis asignaturas. Quería asegurarse de que lo arreglaran.

Arqueé una ceja, pero mantuve la cabeza gacha para no delatar mis sospechas. —¿No se encarga de eso quien organiza los horarios?

—¡Eso mismo le he dicho yo! —Se echó a reír—. Raro, ¿eh?

—Sí —gruñí.

¿Ahora Venn también me miente? Joder.

Seguimos adelante, porque en realidad daba igual: tanto si Venn me mentía como si no sobre lo que había hecho con el director Cane, aquello era, con diferencia, lo menos importante de la noche. Y lo menos emocionante.

Mis pensamientos volvieron al vestíbulo del sótano: a cómo Coralia me había cantado las cuarenta y había salido de allí contoneándose como si fuera la dueña del lugar.

A cómo se le contraía el culo al caminar, marcándosele unos hoyuelos en las nalgas que podía distinguir incluso a través de la ropa.

Era el único que no estaba fascinado por las habilidades de Coralia Hargrave, pero ella me fascinaba por otros motivos.

La polla se me despertó y empezó a endurecerse contra el muslo.

Nos acercábamos a la residencia, pero desvié la mirada hacia la derecha, hacia el edificio de las chicas, un poco más allá.

Intenté cambiar mi forma de andar para disimular la erección y conseguir que bajara, pero fue inútil.

Después de un día tan frustrante, necesitaba desahogarme.

Y sabía exactamente a quién acudir.

—Nos vemos luego, Venn —dije.

Se dio cuenta de hacia dónde miraba y soltó una risita cuando empecé a desviarme. —Procura que no te salgan demasiados moratones, rayito de sol. La orientación es mañana.